
Comunicar con los delincuentes
Un vecino me cuenta que, hace unos días, unos ladrones entraron en su casa mientras dormía. Que, al día siguiente, fue a hacer la denuncia a los Mossos y, al salir de la comisaría, puso la radio y escuchó a un alto funcionario del Ayuntamiento de Barcelona celebrando que, en el 2025, los delitos asociados a la multirreincidencia habían bajado un 8,5%, los robos con fuerza un 19,8% y los hurtos un 7,6%. El relato del vecino rezuma más impotencia que rencor. Resignado y asustado, me dice que el descenso de la actividad delictiva y el triunfalismo de las autoridades no le consuela. Es más: ha contratado una alarma y la empresa que se la ha instalado –podrá conectarse a cualquier hora a través de una aplicación de móvil— le ha facilitado los códigos que utilizan los ladrones para “marcar” los pisos.
Al margen de la dimensión dramática de los robos, dice que le interesó mucho el repertorio de soluciones gráficas de este tipo de emoticonos delictivos. Me los enseña mientras tomamos un café, y cualquiera que lo viera podría malinterpretarlo y pensar que el robo le ha insuflado una renovada energía. La casuística acumula signos que informan a los ladrones de las posibilidades que ofrece el piso –la puerta, en este caso– transformado en diana del delito. Hay otros sistemas de marcación, como trozos de celo o imanes, pero al vecino le fascinan esos avisos gráficos, que le recuerdan el lenguaje encriptado de una civilización perdida. Ejemplos: un óvalo con una cruz significa que el inquilino está de vacaciones; un rectángulo horizontal con cuatro divisiones, cuidado con el perro; y otras señales indican preferencias para que los ladrones actúen por la noche, la mañana, en días laborables o festivos, o los meses de julio y agosto.
Después de que hayan entrado a robar en su casa, mi vecino está asustado y resignado
Nos despedimos en la puerta de la cafetería y entonces me doy cuenta que, pegado al escaparate del local (esquina Buenos Aires-Urgell), hay un aviso que dice: “Sr Ladrones –en negrita, como si el ladrón fuera un interlocutor unipersonal–. Es la segunda vez que entran a robar este año. NO DISPONEMOS DE DINERO EN EFECTIVO”. Es una respuesta alternativa a la marcación de los ladrones y una negación honesta a la complacencia del oficialismo municipal en relación a las actividades delictivas. En el mensaje de los propietarios, las mayúsculas intentan contener el furor de los delincuentes. El “es la segunda vez que entran a robar este año”, en cambio, intenta conmoverlos y hacerles desistir de sus malvadas intenciones. El mito sostiene que, en un frente de guerra, te puedes refugiar dentro del agujero provocado por la caída de una bomba porque, estadísticamente, las bombas nunca caen dos veces en el mismo sitio. Después, la realidad de la guerra ha demostrado que, como pasa con las cafeterías o los pisos, las estadísticas se equivocan y conviene encontrar otras formas –imaginativas, irónicas, melancólicas o desesperadas– para combatir la sensación de impotencia y de impunidad.