Escrituras y lecturas en libertad: de Goytisolo a Rosalía
⁄Especial 1975-2025 ⁄ 50 años de cambio cultural
Cincuenta años de escuela, universidad, bibliotecas y museos, han creado autorías y lecturas creativas

Juan Goytisolo

“Verdugo y a la vez creador involuntario de la España moderna”, así definió Juan Goytisolo a Francisco Franco en el artículo que publicó tan sólo cinco días después de su muerte y que tituló In Memoriam F.B.B. (1892-1975) . En efecto, después de cancelar el proyecto republicano a sangre y fuego y de aislar el país, en los años sesenta y setenta el turismo del resto del mundo a nuestras costas y los viajes a París y a Nueva York de los creadores españoles, el diálogo con el exilio y el empuje de las nuevas generaciones, entre otros factores, provocaron el inicio de la modernización cultural, que ya estaba por tanto en marcha cuando falleció el dictador con impunidad y alevosía.
El mismo año de su desaparición, Goytisolo publicó Juan sin tierra , una de sus obras más radicales (“no basta con echar por la borda rostro, nombre, familia, costumbres, tierra: la ascesis debe continuar: cada palabra de su idioma te tiende igualmente una trampa: en adelante aprenderás a pensar contra tu propia lengua”). El año antes había llegado a las librerías Mirall trencat , de Mercè Rodoreda, otro clásico que también cuestiona la capacidad del realismo decimonónico para representar el mundo. Las obras de los autores consagrados convivían con los inicios de la nueva generación.
En 1975, veinte años antes que Pulp fiction, de Quentin Tarantino, Eduardo Mendoza firmó su propio collage de géneros pulp, pero en clave de novela histórica: La verdad sobre el caso Savolta ; mientras que Bernardo Atxaga se disponía a publicar también su primera novela y en Galicia se gestaba el grupo poético Rompente, que con sus poemas y manifiestos irrumpió tanto en fiestas populares como en protestas políticas.
⁄ Las obras de los autores consagrados convivían con los inicios de la nueva generación
La transición cultural, cuyo caldo de cultivo hay que rastrearlo tanto en los catálogos de Seix Barral o Anagrama como en los festivales de cómic underground que hipervinculaban el inconformismo creativo de las diversas ciudades españolas, se configuraba en cuatro lenguas, en términos plurinacionales, después de cuatro décadas de monocultivo lingüístico e ideológico. Lo hacía en todos los lenguajes artísticos y, esquizofrénicamente, al mismo tiempo con despedidas y bienvenidas, duelos y celebraciones, simultáneas.
En 1975 se disolvió el Grup de Treball, que durante los tres años anteriores había llevado a cabo en Catalunya proyectos conceptuales de gran nivel; al año siguiente, uno de sus miembros más importantes, Francesc Abad, firmó en solitario Homenaje al hombre de la calle , una instalación que incluía imágenes de prensa que documentaban la represión policial y varios atentados fascistas contemporáneos.

En paralelo, la pintora Soledad Sevilla, que se había formado en el Centro de Cálculo de Madrid, participaba en Los Ángeles en la exposición colectiva Computers and People. El mismo año en que se estrenaba Pascual Duarte, de Ricardo Franco, Pedro Almodóvar experimentaba en formatos como el cortometraje o la fotonovela porno.
¿Qué es la libertad creativa? ¿Cómo se aprende, se asume, se ejerce? ¿Quiénes tienen derecho a ella? Durante la dictadura, en América Latina, Ramón Gómez de la Serna, Maruja Mallo, Pere Calders o Max Aub siguieron jugando plásticamente con los límites de la imaginación mientras en la península primaba la urgencia política sobre la heterodoxia. La censura tardó más de diez años en desaparecer oficialmente, desde la nueva Ley de Prensa de 1966 hasta el Real Decreto del 1 de abril de 1977.
Para algunos fue una cárcel de la que nunca se liberaron, porque el mercado también censura y porque no hay peor censor que uno mismo; para otros, en cambio, fue un estímulo; pero no hay que olvidar que es sólo una de las formas de limitar la expresión y la visibilidad en el arte. Escrituras en libertad se llamó la exposición que organizó el Instituto Cervantes en el 2009 sobre las prácticas literarias y artísticas experimentales en las lenguas ibéricas que recorren el siglo XX, con ejemplos de excelencia en ambas orillas del Atlántico. Su catálogo es excepcional, pero en una nómina de más de 25 autores no hay ninguna creadora.
⁄ La transición cultural se configuraba en cuatro lenguas, tras décadas de monocultivo, y en todos los lenguajes artísticos
Por eso no es de extrañar que en los últimos años el museo Reina Sofía de Madrid haya dedicado retrospectivas a maestras de la talla de Marisa González ( Un modo de hacer generativo ), Concha Jerez ( Que nos roban la memoria ) o Dora García ( Segunda vez ). La recuperación y la reivindicación de genealogías y trayectorias eclipsadas por el patriarcado sistémico han permitido también potenciar los espacios de las nuevas generaciones, tanto de las creadoras nacidas en España como de las que han escogido vivir aquí.

En cuatro de sus últimas ocho ediciones el Premio Nacional de Cómic ha reconocido a autoras que se caracterizan por la búsqueda muy personal: Ana Penyas, Cristina Durán, Bea Lema y Candela Sierra. En literatura, la consolidación de escritoras con tanto prestigio como la madrileña Berta García Faet o la catalana Irene Solà ha coincidido con la de Mónica Ojeda, ecuatoriana, o Gabriela Wiener, peruana. Si los circuitos de legitimación siguen siendo nacionales o plurinacionales, el mercado es transnacional y la lectura, por suerte, aspira a la abolición de todas las fronteras.
Por eso la libertad creativa debe observarse en ambos polos. Cincuenta años de escuela, universidad, bibliotecas y museos públicos, atravesados por las nuevas formas de recepción y producción digitales, han creado tanto autorías como lecturas creativas. El legendario disco La leyenda del tiempo , de Camarón de la Isla, que revolucionó la escena musical de finales de la década de los setenta, e inspiró la excelente docuficción del mismo nombre de Isaki Lacuesta quince años después, late en el espíritu de hoy gracias, sobre todo, a El mal querer , de Rosalía, publicado en 2018, y sus radiaciones. El músico andaluz escribió en su rumba La primavera : “ Yo vengo de honda’ raíce’, de raíce’ milenaria’ / Que se pierden en el tiempo, pero no en la nostalgia.”. Y la música catalana, en Con Altura , canta: “Llevo a Camarón en la guantera / Lo hago para mi gente y lo hago a mi manera”. Una manera que se ha convertido en la nuestra.
Jorge Carrión es crítico cultural y escritor. Su último título publicado es Buenos Aires. Libro de mito s (Tintablanca)