Aquí sí que es oro todo lo que reluce
Narrativa
La acción de un grupo radical y la repercusión de un artículo viral abren una novela que disecciona con ingenio el mundo actual político, financiero y periodístico

La británica Natasha Brown, autora de ‘Los universalistas’, su segunda novela

Hay una mujer que parece estar formulándose las preguntas más pertinentes sobre raza, clase, privilegios, patriarcado, economía, trabajo, medios de comunicación y paro ya porque la lista es larga, y luego encontrando la manera de que estos temas circulen con agudeza, ingenio, humor y capacidad de síntesis por novelas donde personajes muy bien perfilados representan el turbulento estado actual de las cosas. Su nombre es Natasha Brown (Londres, 1990), estudió Matemáticas y trabajó diez años en el sector financiero (lo que marca el lugar desde el que escribe, informado y crítico, al tiempo que seguramente contribuye a su gran sentido de la estructura), y tras indagar en la herida colonial en el seno de la sociedad británica en Reunión/Reunió, firma una segunda novela que amplía sus horizontes analíticos sin renunciar a la síntesis, confirmando lo acertado de su inclusión en 2023 en la lista de los Mejores Novelistas Jóvenes Británicos de la revista Granta.
La piedra en el estanque del libro es la agresión al líder de un grupo de activistas antisistema, llamado Los universalistas , y que ha ocupado la granja de un millonario agente de bolsa, con un lingote de oro que es seguidamente robado por el mismo perpetrador. A partir de aquí, ondas concéntricas que, poco más de 170 páginas después, acabarán con la consagración pública del sujeto más peligroso y tangencial de todo el asunto (spoiler: no es el delincuente). Natasha Brown utiliza diferentes voces y formatos para cada uno de los bloques en que se divide la novela. Esta se abre con la reproducción de un artículo en profundidad sobre el caso, No es oro todo lo que reluce (felizmente polisémico, también desde una óptica materialista, pues aprendemos que un lingote de oro dista de tener el valor que despertaba la codicia de Tío Gilito), publicado por la revista Alazon en junio de 2021 y que se vuelve viral. Su extensión y calidad restan credibilidad a su presunta capacidad para incendiar las redes, pero, en tiempos de clickbait y tarifas míseras a los colaboradores, es una bonita licencia que señala una vía posible para aquel periodismo digital que quiera ser riguroso y seductor (diagnóstico: cierta provocación y desenfado han llegado para quedarse).
⁄ Natasha Brown parece formularse las preguntas más pertinentes sobre raza, clase, privilegios, patriarcado y medios
Brown despliega a continuación las repercusiones del artículo en los implicados. Hannah, la firmante, organiza una cena para unos amigos que la habían arrinconado al dejar el periodismo y perder estatus, lo que nos situará en la intrahistoria de cómo se cocinó la pieza y radiografiará problemas como la precarización, el acceso a la vivienda, la crisis de la prensa y las turbulencias provocadas por las amistades sostenidas invisiblemente por criterios económicos. Luego será el turno de Richard, el agente de bolsa víctima del robo del lingote, cuyo retrato como tipo centrado en su propio beneficio (o encarnación del capitalismo liberal) y su desatención sistemática de su familia e hija (infidelidad y huida del hogar en plena pandemia, incluidas) comportaron su caída en desgracia. Los dos últimos apartados están dedicados a Miriam Lenny Leonard, columnista conservadora con quien Richard tuvo una aventura y punto cero de la novela, pues fue ella quien le convenció para que permitiera que su hijo, Jake (el futuro agresor y ladrón del lingote), residiera en la granja un tiempo. Azote de la cultura woke y enemiga del menor trato de favor a las minorías, Lenny es un monstruo populista de gran carisma y capacidad de atracción mediática, que Brown perfila con primor al revelar todas las contradicciones en su discurso, más toda una panoplia de gestos estudiados, que permiten seducir a las masas. Además, cualquiera familiarizado con el mundillo literario sin duda reirá con las miserias ventiladas en una reunión con su editor y con la descripción inmisericorde de las dinámicas perversas que asoman en los encuentros con escritores en un festival.
Sólida y reluciente como un lingote, Los universalistas convierte en oro todo lo que toca.
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Natasha Brown. Los universalistas. Traducción de Laura Salas. Anagrama. 176 páginas. 19,90 euros