Hay personas que creen con firmeza que, en la vida, todo pasa por algún motivo. Y que, más tarde o más temprano, este motivo acaba siendo revelado, dando sentido a aquello que pasó. Otros, en cambio, defienden que la vida básicamente se modela a base de decisiones, mayores o más pequeñas, y que son estas decisiones las que acaban trazando un camino que da, o no, un sentido a todo.
No sé en cuál de estos dos grupos se ubicarían dos futbolistas que el miércoles coincidieron en Yida. Cada uno vivió una noche muy diferente precisamente como consecuencia de una decisión que tomaron ahora hace medio año.
La imagen de Nico Williams el miércoles en el banquillo es el retrato de su decisión
Nico Williams, el 10 del Athletic Club, vio la semifinal de la Supercopa contra el Barça desde el banquillo. “Alguna pequeña molestia”, según Valverde, lo echó del once titular y ya no jugó ni un minuto. Vio la goleada a su equipo desde fuera, sin poder hacer nada, sin tener ninguna incidencia en el partido. El 10 del Barça, que también empezó en el banquillo pero que acabó jugando en la segunda parte, su gran amigo Lamine Yamal, fue su gran valedor en verano, cuando la idea alocada que los dos pudieran jugar en el mismo equipo tomó una sorprendente pátina de realidad. Un giro de guion tan inesperado como el desenlace del mismo. Nico Williams, finalmente, decide quedarse en el Athletic Club y firmar una larga renovación hasta el 2035. Una decisión valiente, sin duda, y que, como todas las grandes decisiones, no debió ser fácil de tomar. Entonces le reportó una inyección inmediata de amor incondicional de su afición y un sutil halo de algo parecido a la soberbia por haber conseguido hacer bailar un club como el Barça al son que él tocaba. Pero todo aquello se ha ido desvaneciendo y la imagen de Nico Williams el miércoles en el banquillo del King Abdullah es el retrato de aquella decisión.
Tampoco fue fácil para Joan Garcia decidir, también el verano pasado, que dejaba el Espanyol para fichar por el Barça. Una decisión compleja y con consecuencias complicadas de gestionar, como el reto profesional y emocional de volver a Cornellà-El Prat. Mañana hará una semana de este retorno del portero blaugrana en el lugar que un día fue casa y ahora es terreno hostil como pocos. Pero la decisión de Joan Garcia le ha permitido vivir noches como la del derbi, con victoria y actuación estratosférica, o la del miércoles en Yida, con una exhibición colectiva y la clasificación para la primera final del curso. El domingo tendrá la ocasión de ayudar al equipo en la lucha por sumar el primer título de la campaña. Una experiencia de máximo nivel para añadir al palmarés de un portero que hace dos años jugaba en Segunda. Es complejo afirmar con rotundidad cuál fue una buena decisión y cuál no. Quizá se trata de ir coleccionando momentos que han llegado a raíz de aquella decisión y el collage hablará por sí mismo.