Quizá sea una casualidad. Quizá no. A medida que nos hacemos mayores, y más burros, algunos empezamos a poner en duda la dosis de “casual” que hay en las casualidades. El caso es que, en estas semanas tan dulces para el Barça, y de mal trago para el Real Madrid, mi hijo pequeño me preguntó por mi padre. No se han conocido. Su abuelo murió ocho años antes de que él naciera. Por suerte, dejó escritas unas memorias muy entretenidas, y a menudo clarividentes, para entender algunas de las complejidades del país donde vivimos. Y cuando le quería leer un fragmento, para que pudiera ver las cosas que decía sobre su paso por el Barça, al principio de la década de los años setenta, solo de abrirlas, un poco como san Agustín, choqué con un pasaje revelador. “La mayoría de los periodistas deportivos de aquel tiempo eran de un españolismo rabioso. Si ganaba el Barça, lo hacía generalmente sin convencer , pero cuando perdía, reclamaban responsabilidades y caiga quien caiga . El Madrid, en cambio, pasara lo que pasara, aparecía siempre como una balsa de aceite; como una organización modélica, inatacable. José María García lo sabe mejor que nadie desde que lo sacaron de TVE por haber osado criticar al todopoderoso Antonio Calderón, gerente del Real Madrid”.
Es innegable que las cosas, en poco más de cincuenta años, han cambiado. Pero también que no han cambiado tanto como sería de esperar. De la misma manera que el caos de Rodalies, una de las muchas chispas del proceso, por ejemplo, después de las manifestaciones masivas, los encarcelamientos, los exilios y las intervenciones de la Generalitat, sigue chisporroteando, a la espera de la próxima llamarada, la balsa de aceite, la organización modélica y el silencio, salvando honrosas excepciones, cuando se habla de la casa blanca, contrastan con la permanente exigencia de responsabilidades y el caiga quien caiga que aplicamos aquí cuando hablamos del Barça.
Las cosas, en poco más de 50 años, han cambiado. Pero no han cambiado tanto como sería de esperar
Hay dos semanas de los últimos años, la última de mayo del 2024, la primera del 2025, que, si repasamos las hemerotecas para ver lo que se decía y se escribía sobre el Barça, sobre su gestión y su futuro inmediato, deportivo, económico y social, harían caer de culo a quien las leyera o escuchara, para entender dónde estamos ahora, y quizá tendrían que hacer morir de vergüenza a quien las compuso. También tendríamos que entender que, más allá del noble propósito del periodismo, que es la búsqueda de la verdad, hay uno más urgente, para las empresas que ponen los medios, que es la búsqueda de lectores. Y aunque nos pese, se obtienen muchos más cuando se confirman, justifican y exageran estados de ánimo, tanto da si de rabia, de euforia o desencanto, que no cuando los templamos o los contradecimos, porque sabemos que la verdad se encuentra en algún otro lado.