Las Claves
- El triunfo de Carlos Alcaraz en el Open de Australia cuestiona la admiración excesiva hacia Novak Djokovic y sus supuestas hazañas heroicas.
- Donald Trump utiliza el mundial de 2026 para promocionarse mientras ignora a México y Canadá en la organización del evento internacional.
- Europa plantea un posible boicot a la competición si Donald Trump utiliza el torneo para fines políticos y de expansión nacionalista.
- Existe temor por el acoso de agentes del ICE hacia extranjeros y deportistas de Haití durante su regreso al mundial.
De entre todas las alabanzas recibidas, indudablemente justificadas, lo más significativo del triunfo de Carlos Alcaraz en el Open de Australia es que, finalmente, ha llegado el momento de terminar con esa admiración excesiva que rodea a Novak Djokovic.
Un futbolista magnífico, sin duda alguna. Una marca sin parangón y totalmente incuestionable. ¿Es meritorio que con 38 años siga al pie del cañón?, pues perfecto (ya se dice que los 38 de ahora son los 28 de antaño). ¿El más grande de todos los tiempos? Existen ciertas dudas.
Las narraciones heroicas resultan agradables hasta que se vuelven tediosas. La proeza del competidor incansable podría explicarse asimismo por un sorteo con oponentes de escaso nivel y, para fomentar sospechas, el único contrincante serio, Lorenzo Musetti, quien dominaba claramente a Nole en la ronda de cuartos, termina, por azares de la suerte, lastimándose tras ganar los dos primeros parciales. Posteriormente apareció Jannik Sinner y se vio abrumado por el temor que impone la trayectoria del mito.
Ese idéntico sentimiento se percibe en Estados Unidos respecto a la Copa del Mundo de fútbol y el mandatario Donald Trump, aunque se trate de una disciplina que no agrada demasiado al movimiento MAGA, esa corriente donde América debe prevalecer, ya sea a nivel local o en Groenlandia. Este magno evento internacional es aprovechado por el dirigente global con el fin de promocionar su propia imagen.
“Lo que te digo tres veces es verdad”, redactó Lewis Carroll. Omitiendo que México y Canadá también integran la organización, naciones a las que menosprecia y advierte con agresiones bélicas, Trump insiste constantemente en que el mundial de 2026 constituirá el evento más grande del planeta. No obstante, diversas personas han celebrado estos últimos días la propuesta nacida en Alemania y Francia de realizar un boicot a la competición. EE.UU. Ya ejecutó una acción parecida durante los Juegos Olímpicos de Moscú 1980 debido a la incursión en Afganistán. Los ciudadanos europeos plantean dicha alternativa en caso de que Trump recorra Groenlandia portando el estandarte de las barras y las estrellas.
Existe asimismo un peligro distinto denominado agentes del ICE, quienes acosan a los extranjeros basándose en su tono de piel o su forma de expresarse en inglés. Resulta inevitable evocar a Haití, nación que ha logrado su clasificación nuevamente después de cincuenta años sin participar. Dentro de las memorias juveniles de esa Copa del Mundo de 1974, persiste el mito de que los futbolistas de Haití, al retornar a su tierra, fueron ejecutados por el despiadado mandatario Claude Duvalier, Baby Doc , junto a su escolta de sicarios, el Tonton Macoute. Es posible suponer que en la actualidad, proviniendo de uno de los sitios catalogados como “agujeros de mierda” según el vocabulario de Trump, los deportistas de la nación con menos recursos del planeta podrían ser víctimas fáciles para los efectivos del ICE.