Hace dos años, la convertimos en una excusa de madera para vernos. Gracias a una carambola del destino, me ofrecieron una cabaña de madera en un lugar perdido en mitad del bosque en la Vall del Lord, entre Berga y Sant Llorenç de Moruny, y decidí alquilarla con Ernesto, un amigo de hace tanto tiempo que hace mucho que ya es hermano. La cabaña está al final de un camino de tierra roto, lleno de socavones, y cuando nieva no hay otra que dejar el coche arriba, donde termina el asfalto, y caminar un kilómetro entre los árboles para llegar a ella. Es una construcción básica y pequeña, con lo imprescindible, es decir, una estufa de leña, cocina y dos camas, y sin lo prescindible: no hay televisión, ni internet ni señal de teléfono. Se entiende, creo: un lugar remoto en mitad de la naturaleza y, claro, perfecto.
Ayer, nos reunimos en la cabaña unos cuantos amigos –con colchones al suelo siempre cabe uno más– y resultó que los más pequeños, Áxel y Aran, son futboleros irredentos, y tuvimos que echar de piernas para ver el partido contra el Villarreal. Como en lo alto de una colina cercana sí hay señal de teléfono, subimos la cuesta recogiendo piñas para el fuego y nos sentamos sobre la hierba y bajo un árbol a ver la victoria del Barça en mi móvil.
Hasta Aran se rindió a sus pies: “Ya no se lo cree tanto ni se porta tan mal”
Nada más empezar el encuentro con el Villarreal, Aran, que juega de portero en el prebenjamín del Thau, se deshizo en elogios hacia Joan Garcia, su jugador favorito a medias con Raphinha, y Áxel, de cinco años, sacó pecho en cuanto el de Rocafonda empezó a brillar. “Yo tengo la camiseta de Lamine Yamal”, repitió mil veces, orgulloso. A Aran, explicó antes del pitido inicial, no le gustaba tanto Lamine porque a veces se lo creía un poco y se portaba mal.
Al cabo de un rato, Áxel y su amigo se aburrieron de ver jugar a otros y se pusieron ellos a imitar a sus ídolos. Los dos chutaron piñas al cielo sin parar mientras los mayores seguíamos rodeando al móvil, atentos al virtuosismo del 10 del Barça y comentando si al chaval se le está poniendo cara de querer ganar ya la Champions e incluso de remontada imposible en la Copa contra el Atlético.
Si Lewandowski se afina y Raphinha vuelve a ser superlativo en los partidos grandes –soñamos ayer en voz alta–; si no fallamos atrás y ahora que tenemos portero…
Todos los imposibles del Barça caben en un “y si” que termina en Lamine Yamal. El extremo del Barça gritó ayer que quiere esta Liga e invitó a los culés a soñar en remontadas locas y en volver pronto a lo alto de Europa. Queda un mundo, mil ajustes defensivos y hará falta suerte, aunque con Pedri todo parece más cerca también.
Ayer, con el tercero de Lamine, hasta Aran se rindió a sus pies. Ya es su otro jugador favorito. “Es que –dijo– ya no se lo cree tanto ni se porta tan mal”.