Xavier Estrada Fernández (Lleida, 1976) ha sido árbitro de campo y árbitro de VAR. En su libro El partido que no ves abunda en cómo entrenar la mente para sobrevivir en la alta competición. Se muestra crítico con la Federación Española y el Comité Técnico de Árbitros.
Una expulsión famosa
“La expulsión de Cristiano la viví con estrés, tuve que desconectar el móvil”
¿Hubo alguna decisión que no tomó como árbitro por miedo?
Buena pregunta. Por miedo no, pero sí por no tener toda la información. Cuando tomas una decisión has de estar seguro. Si no, es mejor inhibirte. Sin embargo, sí es cierto que depende de qué decisiones tomes sabes que tendrán repercusión. Si se refiere a este miedo, entonces sí, evidentemente. Seré más claro: cuando subo a Primera y expulso a Cristiano Ronaldo (fue ante el Almería en el Bernabéu) me doy cuenta de que puedes tener miedo porque vi toda la repercusión y me di cuenta de que cuando volviera a arbitrar a ese jugador y a ese equipo tendría un foco sobre mí que no tendría con otros equipos y eso podría condicionar mi toma de decisiones. Cuando tomas una decisión contra este jugador o contra este equipo has de estar muy seguro.
¿Se arrepiente de haber expulsado a Cristiano?
No, qué va. Al revés, entonces no había VAR y le expulso por doble amarilla. De haber tenido toda la información no le habría sacado una segunda tarjeta, sino que lo habría expulsado directamente.
Los colegiados suelen ser el blanco fácil. ¿Cree que están suficientemente protegidos por su propio colectivo?
Ni el propio comité arbitral protege a los árbitros. A la Federación y al comité ya le está bien que todo el mundo culpabilice a los árbitros. Para cambiar esto habría que cambiar el sistema. El colectivo arbitral no puede depender de la Federación, sino de un agente externo que prestara un servicio de máxima calidad y que hubiera un seguimiento continuo y que estuvieran los mejores por méritos, no por favores a amigos o temas clientelares. El objetivo del comité es mantener su situación de poder y colocar a amigos suyos. Las instituciones tendrían que ser más democráticas.
¿Eso hace que los árbitros también tengan miedo de puertas adentro?
Hay un doble miedo, el tuyo que puedas tener dentro del terreno de juego y otro miedo que es el que te traslada esta jerarquía de la institución, este miedo de ‘ver, oír y callar’, de la amenaza. Son instituciones que se basan en la cultura del miedo, chapadas a la antigua, propias del franquismo, porque al final las federaciones provienen de esta época y no tienen nada de democracia ni de transparencia.
Usted buscó ayuda profesional en el coach Toni Martínez y a partir de ahí cursó estudios de psicología hasta sacarse la carrera. ¿Esa ayuda le hizo sentirse más libre a la hora de arbitrar?
La expulsión de Cristiano la viví de manera estresante, tuve que desconectar el móvil tres días porque la presión mediática y del propio comité era muy acusada y es cuando te das cuenta que necesitas herramientas. Es cuando contacté con Toni Martínez. Me hizo ver cosas que tenía delante de mí. Me gustó tanto el tema que terminé los estudios de Psicología.
Fue también árbitro de VAR, con el que se da una paradoja. Por un lado el colegiado tiene una red de seguridad pero si el jugador cree que se está equivocando incluso con el VAR es peor…
Se están dando situaciones que son muy difíciles de justificar. Llevamos siete u ocho temporadas con el VAR, que ha vivido distintas etapas. Costó que la gente entendiera su implementación. El colectivo arbitral lo vivió como una herramienta de control interior. El hecho de que un árbitro de VAR te corrigiera se veía como una amenaza. Además, tenías la instrucción desde arriba que si ibas a mirar la pantalla no podías llevar la contraria a lo que te dijeran desde el VAR porque interesaba vender el videoarbitraje. Después se pasó a una segunda etapa en la que hay un mejor entendimiento a nivel comunicativo entre el árbitro de campo y el de VAR. Lo que pasa es que con los años el árbitro de campo acaba perdiendo personalidad porque inconscientemente sabe que tiene otro sistema que está por encima, el VOR. Hay una tercera fase en la que además de perder personalidad se dan directrices que no las entiende nadie. El VAR nos tendría que dar seguridad y que estemos seguros de cuándo ha de intervenir y cuándo no, y no está pasando.
¿Se podría haber implementado mejor el VAR?
Visto en perspectiva, podríamos haber empezado con un VAR solo para jugadas objetivas: gol, no gol, y los fueras de juego. La sociedad hubiera pedido más al ver que funcionaba bien la herramienta y hubiéramos pasado ya a los penaltis y a las expulsiones. Como entró directamente con jugadas interpretativas pues el debate es más grande y más si no hay un criterio. Incluso se ha cambiado de criterio dentro de una temporada, depende de la presión que hubiera. A todo esto se le suma la falta de transparencia. Si queremos un fútbol justo necesitamos escuchar en directo la comunicación entre el árbitro de VAR y el árbitro de campo.
¿Si fuera el jefe de los árbitros o el presidente de la Federación habría sancionado al Real Madrid por los videos de su televisión?
Si tuviera un cargo de responsabilidad lo que haría es sentarme con todos los clubs y buscar de forma consensuada una resolución a la polémica. Si tú llegas a un compromiso evitas que haya clubs que utilicen sus canales para intentar presionar, aunque a un árbitro de Primera yo creo que le pueden condicionar más otras cosas que no unos vídeos.
¿Qué opinión le merece el caso Negreira?
Hay una sombra muy grande sobre el colectivo arbitral y la Federación. Que un vicepresidente de los árbitros recibiera ocho millones de un club no deja en buen lugar ni al vicepresidente, ni al colectivo ni a la manera de funcionar. Además, hace poco un exárbitro como Urizar Azpitarte dijo que cuando él pitaba le pagaban en acciones en otros clubs. ¿Y qué más falta por saber? Parece que no haya ningún tipo de interés en resolver este caso, sino en taparlo y en blanquearlo.
