Las canciones de cuna arrullaban a los niños para que los muy diabólicos se durmiesen y dejasen de dar la lata. Una clásica y algo terrorífica decía: “Duérmete niño, duérmete ya, que viene el coco y te llevará”. Y quién dice el coco, dice hoy Antonio Rüdiger, un zaguero del Real Madrid entre cuyos méritos figura repartir y salir de rositas en los tiempos del VAR.
“Antonio Rüdiger casi aparta a su compañero para reventarme la cara, si me pilla mal...No sé para que está el VAR”, ha denunciado Diego Rico, jugador del Getafe, que una vez tendido sobre el césped puso la cara para impactar en la rodilla del defensa alemán. Vistas así las cosas, se entiende que Rüdiger no fuese amonestado el lunes o que los comentaristas de DAZN restasen importancia al rodillazo y vinieran a decir que acabábamos de presenciar un lance del juego o de la inercia de los cuerpos en movimiento.
El VAR ignora a Rüdiger tras
(Nota: los exfutbolistas que comentan los partidos tienden siempre –hasta insultar a la inteligencia del espectador– a restar intención a las agresiones, olvidando que se deben a la audiencia y no al gremio).
Cuando un futbolista cumple 33 años, cosa que Rüdiger hizo precisamente el lunes, los aficionados tienen una idea aproximada de sus virtudes y defectos. Con el tiempo, éstos se agudizan y en el caso que nos ocupa empiezan a superar los de otro defensa “contundente”, el portugués Pepe, pionero blanco en esto de zurrar al getafense caído (Casquero en su día). La diferencia es que a Pepe le cayeron diez partidos y sin VAR, ese fenómeno tecnológico que tan pronto repara las injusticias como las agrava, caso de la agresión alevosa del lunes.
Después del portero, el puesto que más ha evolucionado es el del central. Ya no despeja, tiene que sacar el balón jugado y, cámaras obligan, tampoco puede valerse de aquellas patadas y codazos que dieron fama a los Arcas, Gallego, Torres, De Felipe, Fernández, Benito o Goikoetxea, grandes futbolistas y mejores personas pero lo que era en el terreno de juego...
Los defensas han dejado de repartir por imperativo legal gracias al chivatazo de las cámaras. Y con el VAR las penalizan, salvo si se llama Rüdiger y no es de Ronda sino del mismo Berlín. Cosas de las canciones de cuna, Rüdiger me trajo el recuerdo de un defensa periquito de los años 60 llamado Mingorance, fichado del Córdoba y al que el periodista Ricardo Pastor, el inolvidable Pitoniso Pito, dedicó la siguiente cuarteta en una crónica en el diario deportivo Dicen... : “ Córdoba con su mezquita/tierra de embrujo y romance/donde suenan las guitarras/y reparte Mingorance”.