La Recopa de 1976, el orgullo de una ciudad

Balonmano

El BM Granollers celebra los 50 años del primer título continental que ganaba un club español y en su primera final

foto NACHO VERA GALBARRO (04/03/2026) 50 anys de la primera Recopa d'Europa d'handbol, guanyada pel BM Granollers, amb jugadors de 1976, fotografiados en Granollers.

Josep Masip, Paco Baños (abajo), Miquel Prat, José Mari Gómez y Ferran Raga, con la Recopa de 1976 en la plaza de La Porxada de Granollers 

Nacho Vera

Los pantaloncitos cortos ceñidos, las muñequeras, las patillas pobladas, los mostachos, las greñas en la cara, y en la grada, pantalones de campana, camisas de pico y los tricornios de la autoridad entre el público delatan el paso del tiempo. Abril de 1976. Medio siglo de aquellas imágenes en blanco y negro, entre ellas, la del capitán Miquel Prat levantando un trofeo dorado. Era la Recopa de Europa de 1976, el primer título continental que ganaba un club español. Fue el BM Granollers, que ayer abría los actos de conmemoración de la efeméride, orgullo de la ciudad vallesana, cuna del balonmano en España.

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Paco Baños, Josep Masip, Miquel Prat, José Mari Gómez y Ferran Raga con el trofeo de la Recopa de 1976 

Nacho Vera / Propias

“Nos ha hecho mucha ilusión que quisieran celebrarlo. Me gustaría que el 18 de abril, en el acto institucional, vinieran todos los jugadores que estuvieron en 1976. Y el público que se lo pasó tan bien, que me levantó a hombros pesando 100 kilos. Pensaba allí arriba, levantando la copa: ‘Me pegaré una hostia...’ Pero estaba tan contento y la gente estaba tan entusiasmada... El público invadió la pista, el presidente Ventura se ponía nervioso, y yo le decía: “Déjalos que vengan y que disfruten”, recuerda Miquel Prat (79), el capitán, lateral de aquel equipo histórico que ha vuelto a reunirse –los cinco componentes de la imagen en La Porxada– para la inauguración de la exposición fotográfica inaugurada ayer en el Ayuntamiento de Granollers.

Y para rememorar aquel 10 de abril de 1976, el día que el Granollers derrotó en la final de la primera Recopa al Grün Weiss Dankersen, actual Minden de la Bundesliga. Venció por 26-24 en el histórico pabellón El Parquet, con su forma de medio tubo que multiplicaba el ruido, sus vallas metálicas que ensordecían y sus gradas minúsculas a dos palmos de la línea lateral de la pista. Una ratonera de la que el rival rara vez salía indemne. El Dankersen lo sufrió en sus carnes.

La Recopa del 76 erigió al BMG, pero no tuvo continuidad en éxitos deportivos; el equipo se deshizo y tardó 19 años en volver a reinar en Europa

“En El Parquet cabían poco más de 1.000 espectadores. Aquel día estaba a rebosar. Empezaban a picar en las vallas y los rivales si no los tenían bien puestos acababan fuera. El público nos llevaba en volandas. Para la ciudad de Granollers significó mucho aquella final”, explica Ferran Raga (74), segundo entrenador y preparador físico del equipo que entrenaba Joaquín Quini Crespo, y que era uno de los tres gallitos del balonmano español. 

“En la Liga teníamos uno o dos rivales, el Atlético de Madrid y el Calpisa de Alicante, pero en realidad nosotros marcábamos la diferencia”, señala Josep Masip (84), extremo de aquel equipo, padre de los también jugadores Josep Maria y Enric Masip.

“Gracias a aquella Recopa hicimos que el balonmano subiese a un nivel diferente, que nos mirasen los alemanes, suecos, noruegos a los ojos”, comenta Masip, que se retiró después de la final, con 34 años, junto a Prat. “Fue la retirada perfecta, ganando una copa de Europa”.

Aquel Granollers de mediados de los setenta era un equipo rocoso, durísimo, sin extranjeros, mezcla del talento de la fructífera cantera vallesana -como el citado Prat, Quico Pons, Francisco Baños, Jaume Bahí- y de elementos excelentes como el potente lateral José Luis Sagarribay –el mejor de la final, con 9 goles–, el portero Patxi Pagoaga, los extremos Vicente Calabuig y Joaquín Borrego, el lateral Eugenio Castellví, los pivotes José Mari Gómez y José María Vera, o el lateral Miguel Ángel Aperador, un poderoso lanzador, José Antonio Sagarzazu o el portero Antonio Fraile.

“Aquella Recopa hizo que los alemanes, suecos y noruegos nos mirasen a los ojos”, recuerda Josep Masip

“Físicamente no he tenido nunca un equipo tan bien preparado como aquel. Había una ilusión, unas ganas y una fuerza… Era un equipo muy bien compensado”, rememora Raga. Sin embargo, aquella Recopa no tuvo continuidad en títulos. El Granollers, que había ganado 10 Ligas y tres Copas entre 1958 y 1974, se estancó. Tardó 18 años en volver a levantar un trofeo, la Copa Asobal de 1994, y 19 el siguiente título continental, la EHF de 1995. “Más que el pistoletazo de salida fue el de llegada”, ironiza Raga. “Después de la Recopa, el equipo despuntó, el balonmano se empezó a profesionalizar mucho y muchos jugadores empezaron a irse al Calpisa, al Barça, al Atlético… y el Granollers se quedaba huérfano, solo con los jugadores de casa. A nivel nacional era posible rehacerse, el Granollers siempre daba la cara, pero luchar por ganar en Europa es otra historia”. Lo mismo que 50 años después.

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