La primera parte del Barça tuvo un déficit evidente: la falta de profundidad. De los 381 pases blaugrana solo siete fueron en el último tercio de campo. Y eso respondió a dos motivos. El primero, la falta de atracciones . A los centrocampistas les faltó acumular pases en las mismas zonas o activar conducciones para dirigir al oponente a zonas concretas. Y la segunda y más importante fue que, ya fuera por cansancio o por una lectura no adecuada, a los tres delanteros y a Olmo les faltó romper al espacio con movimientos de ruptura. Con la entrada de Raphinha y Fermín, se solucionó. En el 0-1 hay un desmarque de ruptura de Fermín entre lateral y central.
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