El titular de esta crónica bien pudo ser “noche de brujas en el Metropolitano”, si no lo media una parada de aquellas que te dejan con los ojos como platos de Jan Oblak al filo del descanso y el colmillo del vikingo de moda, Sorloth, quien ya acumula 13 goles tras los dos conseguidos esta tarde primaveral. Al filo de ese cambio de palabras transitó un equipo de Simeone gris y mustio en una primera mitad de aquellas que sirven para cuestionar el cholismo. El Atlético ni iba ni venía, mientras el Brujas, que tiene las ideas claras y jugadores desequilibrantes, lo arrastraba a las cuerdas. Tanto, que a los ocho minutos Hancko sacó con la cabeza un remate que iba para adentro.
La grada del Metropolitano entró en ese runrún de las tardes agrias. Recibió antes al equipo con un mensaje algo marchito (“una lucha sin cuartel”), pero a este Atlético también le valen las viejas tradiciones. Es la energía, como dice Simeone. Y así llegó el 1-0. Un pase largo y al espacio de Oblak lo cazó Sorloth, que le ganó con el cuerpo a su marca -como un pivote de balonmano- y lanzó con la izquierda. Mignolet, blando, puso de su parte. Dos pases, tres toques, 90 metros y el Atlético se ponía por delante. Era el minuto 23.
El gol no cambió al Atlético, mal ubicado. Y lo vio Ivan Leko, que le pedía a sus hombres más presión. Esos acercamientos dieron sus frutos. Un córner peinado en el primer palo lo remachó Ordóñez a la red. El ecuatoriano, muestra de la gran dirección deportiva del club belga (se adelantaron a Villarreal y Newcastle para ficharle), estuvo más activo que Cardoso, desconectado. En esos diez minutos siguientes, el Brujas lo tuvo en la mano. Carlos Forbs pareció el mejor Vinícius y retrató a Ruggieri en más de una ocasión. Y Vetlesen ya estaba con los puños levantados cuando Oblak sacó una mano milagrosa para poner en pie un Metropolitano dormido y temeroso. Con el descanso se apaciguaron las aguas.
A los dos minutos, Cardoso enganchó un balón suelto en la frontal y superó a Mignolet. El mejor Atleti, que en la primera mitad había tirado menos, sacado menos córners y promediado menos goles esperados que el Brujas, duró diez minutos. De nuevo la balanza cayó del lado belga hasta que el vikingo volvió a escena.
Forbs siguió percutiendo por la derecha, pero en esta ocasión el Atlético, que sacó del campo a Julián Álvarez y dio entrada a Griezmann, también a Lookman, estuvo más concentrado, agresivo y compacto. Y ese tridente que formaron con Sorloth resolvió el partido en un contraataque de manual. El noruego habilitó al nigeriano y el movimiento del francés fue la llave que abrió la puerta. Arrastró a los defensores, le devolvió la pared y dejó solo al vikingo, que no perdonó. Ahora mismo es un gato en celo, como demostró con el 4-1, un remate al segundo palo. Todo lo que toca lo mete dentro.
Las brujas habían huido del Metropolitano después de volar sobre la noche que se iba cerrando. Y la grada volvió a cantar tranquila, como en las grandes noches de Champions. Liverpool o Londres (Tottenham), próximo destino. Con brujas o sin ellas.

