Sorloth presume del secreto de Noruega donde los niños no compiten y practican dos deportes

Atlético - Brujas

El delantero de moda del Atlético de Madrid, que suma diez goles, es otro de los ejemplos del prolífico deporte en un país con menos población que Barcelona pero con numerosos éxitos deportivos

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Sorloth, celebrando uno de los goles que el Atlético de Madrid le metió al Espanyol el sábado 

PIERRE-PHILIPPE MARCOU / AFP

Diego Simeone, tras ganar 4-2 al Espanyol, confesó un secreto. “Cogí a Sorloth después del Brujas y le dije, en 20 minutos has tenido tres ocasiones. Y hoy (por el sábado) metió dos y pudo hacer el tercero”, dijo. Detrás de Sorloth, como de Haaland, del campeón de ajedrez Magnus Carslen, de los atletas Jakob Ingebrigtsen (aunque lo entrenase su padre) y Karsten Warholm, del tenista Casper Ruud o de la futbolista del Barça Caroline Graham Hansen, se esconde el método noruego, ahora en boga en el deporte mundial por ganar, otra vez, el medallero en los Juegos Olímpicos de Invierno. Su población es de 5,6 millones de habitantes, menos que la provincia de Barcelona.

Hay que viajar a Lillestrom, a las afueras de Oslo, donde atienda la llama Gerard Gomis, entrenador de balonmano del Romerike Ravens. Lleva cuatro años y dispara con clarividencia. “El deporte es religión. Los niños van andando, en bicicleta o esquiando al colegio y el deporte forma parte de sus vidas. Un fin de semana perfecto es ir a hacer deporte a sus segundas residencias. Hay una cultura muy arraigada”, introduce. Lo corrobora Toni Ordinas, ex director de la Lillestrøm Football Academy, ahora al mando de un equipo femenino. “Lo que destaco primero es que aquí funciona por necesidad el multideporte. No hay especialización temprana, los niños practican varios deportes, como fútbol y balonmano. Eso les da una base completa”.

A eso se le añade la cultura formativa. En Noruega la competición se elimina hasta los 13 años. “Hasta los 15 no hay ligas estatales”, dice Gomis. “El lema es fútbol para todos. Hasta los 13 años se evitan las clasificaciones y la competitividad. La federación interviene y marca la metodología, no como en España que cada club hace lo que quiere. Hay respeto. Aquí no se concibe que un niño cambie cinco veces de club. Confían en el mismo”, añade Ordinas. “Un dato curioso, en balonmano, Noruega está fuera del top 10 en categorías inferiores en Europa; pero en absoluto, el femenino es el mejor y el masculino siempre está entre los siete u ocho mejores”.

La financiación se destina de forma igualitaria a la base (el 60% de los juegos de azar), pero es a partir de esos 14 o 15 años cuando los talentos dan un salto. “Hay centros de alto rendimiento repartidos por el país que ayudan a compaginar escuela y deporte”, explican ambos. “Un futbolista, quizás, hasta los 13 años ha jugado por diversión. Haaland lo hacía con tres chicas en el equipo. Pero luego, a diferencia de España, es fácil que los mejores aceleren. La atención es individualizada”, explica Ordinas.

“Hay menos despidos de entrenadores, la sociedad confía en los técnicos”, subraya Gomis.

En ese sistema empezó Sorloth, que dio sus primeros pasos en el Rosenborg Ballklub hasta que se convirtió en el nueve de moda de un Atlético que hoy recibe al Brujas en la Champions en busca de los octavos (3-3.

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