Ni el brillo dorado ni el glamour de Hollywood fueron suficientes este jueves para proteger a Los Angeles Lakers de unos arrolladores Houston Rockets, que tiñeron de rojo la Navidad en el Crypto.com Arena y esfumaron de un plumazo la magia de estas fiestas con un contundente 96-119.
La dolorosa distancia que terminó por sentenciar un choque cuyo resultado se palpó desde el arranque inusual que tuvieron los angelinos, especialmente para quienes acudieron esperando la exhibición de Luka Doncic. Aunque terminó anotando 25 puntos (9 de 17 en tiros) y 5 rebotes, fue incapaz de contagiar su ritmo, que llegó tarde, a un equipo que se vio superado por la energía visitante.
Definitivamente algo tiene que cambiar, se ve terrible. No deberíamos jugar así, tenemos que ser mejores”
“Definitivamente algo tiene que cambiar, se ve terrible. Tenemos que darnos cuenta de que eso es lo que tenemos. No deberíamos jugar así, tenemos que ser mejores. La cancha necesita estar bien controlada. Se necesitan los cinco jugadores para ser excelentes”, dijo tras la derrota un cabizbajo Doncic, con pocas ganas de hablar de lo sucedido.
El esloveno, que suele convertir los primeros minutos en su propio escenario personal, se vio atrapado en una dinámica estéril: su agresividad no encontró el premio de la red, cerrando un tramo gris con apenas 4 puntos que palidecieron ante sus 4 pérdidas de balón.
Esa falla en el ritmo de anotaciones la trató de compensar Austin Reaves, (12 puntos, 5 de 8 en tiro) al son de un LeBron James (18 puntos, 7 de 13 en tiros) que dirigió la batuta del equipo angelino durante el primer cuarto, aunque concluyó con un 25-37 en favor de los Rockets.
“Las dos palabras clave del día fueron esfuerzo y ejecución. Cuando hemos logrado ambas cosas a un alto nivel, hemos sido un buen equipo de baloncesto. Cuando no, somos un equipo pésimo, y esta noche lo fuimos”, criticó también a sus jugadores el entrenador J.J. Redick sobre unos Lakers que marchan cuartos en la conferencia Oeste.
El sistema defensivo de los de J.J. Redick careció de la solidez estructural con la que acostumbran a impresionar, y es que los Lakers se mostraron descompasados, incapaces de cerrar líneas ante unos Rockets hambrientos que ganaban carrera en cada transición.
A pesar del despertar del astro esloveno, que permitió estrechar el cerco sobre los Rockets, los Lakers no pudieron neutralizar del todo la renta rival, retirándose a vestuarios con una brecha de 10 puntos.
Lebron James, ante los Rockets.
Y es que los de Houston sacaron la artillería pesada por Navidad, con un Kevin Durant que se mostró impecable aportando 25 puntos (8 de 14 en tiros y tiros y 8 asistencias) y Amen Thompson, máximo anotador del encuentro con 26 puntos (12 de 19 en tiros y 7 rebotes), y que se convirtió en el motor para desarticular cualquier intento de reacción angelina.
El tercer cuarto resultó el detonante de una derrota que se venía gestando desde el asalto inicial. Reaves se retiró a vestuarios para no regresar tras unas molestias que volvieron a encender las alarmas sobre el jugador estadounidense, que ya arrastraba una lesión previa.
Un barco que hacía aguas comenzó a irse a pique. El problema de los Lakers no radicó tanto en el ataque sino en una defensa poco efectiva para frenar a Durant. El periodo terminó con una diferencia de 18 puntos, una brecha insalvable y que presagiaba una pesadilla para los angelinos que se arrastró hasta el último cuarto.
