Vecinos del Bernabéu, cierren puertas y ventanas

La crisis del Real Madrid

Si al fútbol se le considera el mejor entretenimiento del mundo es en gran parte por su incomparable imprevisibilidad. Nadie auguró la derrota del Real Madrid en Albacete en el estreno de Álvaro Arbeloa. Yo mismo, que llevo años (quizás demasiados) escribiendo sobre este deporte, anticipé que el equipo blanco reaccionaría en los tres primeros partidos fruto de la mezcla de un calendario extremadamente favorable (Albacete, Levante, Mónaco) con la clásica energía que acompaña a la designación de nuevo entrenador, y que la auténtica medida de las cosas llegaría después. Pero ni siquiera eso sucedió. La crisis del Real Madrid, que no ganó nada la temporada pasada, es por lo visto de las que hacen época.

En su primera rueda de prensa como entrenador del Madrid, Arbeloa, que como defensa dejó poca cosa más allá de su característico juego subterráneo y algún que otro buen marcaje, centró su mensaje de bienvenida en el retorno de las señas de identidad que, a su juicio, hicieron grande al club de su vida, citando al completo todo el repertorio: grandeza, orgullo, escudo, camiseta, palmarés y “ganar, ganar y ganar”… Se le olvidó hablar de la pelota, quizás porque nunca la consideró indispensable, cuando es el objeto central.

Horizontal

Vinícius, que jugó todo el partido, y Arbeloa, vivieron una derrota humillante en Albacete 

Jose Breton / Ap-LaPresse

Ese significativo olvido es en realidad el drama del madridismo más primitivo, que tan bien representa Arbeloa y al que este quiso emocionar, agarrado a unos tópicos ante los que el presente y el futuro ya no se suelen conmover. Lo que le falta al equipo blanco no es apelar a Juanito y a la caducada furia, sino el pie de Modric y el de Kross. Para jugar bien al fútbol hay que querer la pelota. Arbeloa, al que Iniesta, Xavi y compañía hicieron campeón del mundo en el 2010 disputando él apenas 17 minutos, vivió la película dentro pero nunca fue capaz de somatizarla.

Fue entre jocoso y revelador saltar de la radio a la tele nocturnas filomadridistas ayer para admirar los malabarismos que se pueden hacer para no pronunciar el nombre de Florentino Pérez, presidente intocable y director deportivo en la sombra que no divisó el cráter que la marcha de Kross y Modric, magníficos centrocampistas, acarrearía. En su lugar el apellido más nombrado en los platós fue el de Pintus, preparador físico mitificado y refichado para recuperar el vigor de la plantilla, como si por ahí pasara el diagnóstico y la solución. Pintus por aquí, Pintus por allá. Parecía una broma. Y era una consigna.

El Albacete, equipo más goleado de la Segunda División, alineó un equipo de suplentes y eliminó al Madrid. Nada tiene que ver eso con el músculo y la resistencia y sí con saber qué hacer con la pelota cuando la tienes en tu poder. El Madrid, con algo de fortuna, pudo empatarle al Barça en el último minuto de la final de la Supercopa y eso no se logra sin piernas. El problema no es de fuelle si no de disponer de una idea básica de juego que nadie ve. Sólo por recordarlo: Pintus también fue el preparador físico de la temporada pasada, que acabó en blanco nuclear.

Significativo

En su primera rueda de prensa, a Arbeloa se le olvidó hablar de la pelota, quizás porque nunca la consideró indispensable

Fichó el Madrid a Mbappé y vibró como nunca el Bernabéu. Un año y medio después no hay nada nuevo en la vitrina de trofeos y el equipo del que se fue el francés, el PSG, lo ganó todo por primera vez. Patrón de juego definido y un claro concepto de la colectividad son esenciales para avanzar en el fútbol moderno. El Barça de Flick está en el carril adecuado mientras el Madrid se empeña en desandar lo andado con tenacidad regresiva.

Fichó el Madrid a Mbappé (insistimos) y el sábado hay partido en el Bernabéu. Ojo con los problemas de acústica del estadio. La pitada puede ser, en consonancia con la dimensión de la crisis, de las que no se olvidan. Vecinos, cierren puertas y ventanas.

Mostrar comentarios
Cargando siguiente contenido...