El fútbol español mantiene sus vínculos con el teatro y otras artes escénicas. Se suponía que el VAR cortaría estos lazos dado que a nadie, ni siquiera los delanteros modernos, le gusta hacer el ridículo dentro del campo. Todos anticipábamos, ingenuamente, el fin de los piscinazos y de ciertas simulaciones recibidas por el público vintage con un “tiene más cuento que Calleja” (no el pundonoroso Isacio, lateral colchonero, sino el editor avispado).
Cerramos el domingo con un Athletic-Real Sociedad. Empate a un gol. No fue ajeno al desenlace la expulsión por tarjeta roja directa del donostiarra Brais Méndez en el minuto 83 con 0-1 en el marcador. ¿El delito? Tras recibir un recado del defensa Paredes, Méndez extiende su brazo de forma mecánica y le devuelve la caricia, unos centímetros más arriba. Nada que ver con el puñetazo de Villar a Cruyff en San Mamés (no se si el más icónico o histórico del fútbol español). El árbitro expulsó a Méndez –al que la han caído dos partidos–, el Athletic empató cinco minutos después –golazo de Ruiz de Galarreta– y nadie del mismo público que abucheó sistemáticamente a Andrés Iniesta por dolerse más de la cuenta expresó desaprobación alguna con el lamentable teatro de Paredes, al que un ligero manotazo pareció llevar al umbral del dolor extremo.
La expulsión de Brais Méndez en San Mames premia el engaño de moda y desacredita el VAR
El VAR se desentendió de su razón de ser – impartir justicia– y premió una escena teatral que va a más: exagerar cualquier golpe, manotazo o rozadura en el rostro, a sabiendas que una imagen congelada o ralentizada agravará el lance en caso de revisión.
Mientras los piscinazos han ido a la baja –salvo el domingo en el Santiago Bernabéu–, las simulaciones de agresión proliferan y permiten, en el peor de los casos, perder tiempo si así conviene a los intereses de la víctima , que se retuerce, hace la croqueta y agita las piernas convulsamente –este gesto añade dramatismo–.
Televisivamente, el espectáculo es penoso y ya que el fútbol gira hoy alrededor de los derechos televisivos y los patrocinios, cuesta entender lo sucedido en San Mamés y aún más que le hayan caído dos partidos a Méndez y ninguna sanción a Paredes, gesto que además desmerece la tradición antiteatral de los futbolistas vascos...
El árbitro Guillermo Cuadra saca la roja a Brais Mendez
Mañana será el Camp Nou y al otro Riazor porque el teatro popular es cosa de todos. Quien aspira a expulsar a un rival haciendo cuento –intención muy comprensible, por otra parte– debería afrontar los riegos del que apuesta a todo o nada. Algo que corte este festival teatrero en el que los contactos en la cabeza reportan ganancias muy sustanciales. Para eso ya tenemos los mercados...
