“Que me entierren con la picha por fuera para que se la coma un ratón”. Se escucha Extremoduro a tope en los exteriores de Vallecas, en la calle Payaso Fofó, y el reguero de hinchas desfila con un cartel en la mano: “SOS”. Tres letras que condensan una historia de dejadez, injusticia y quejío, pero también de orgullo, el de un club de barrio que juega en Europa, centenario y visceral aunque solo el equipo y su gente desprendan vitalidad. El resto es hastío, ruinas, como las del estadio de Vallecas.
Esta pequeña revuelta nació seis días antes del partido de ayer ante el Athletic en el parque Juan José García Espartero (fundador del mítico Hebe de Vallecas, local de rock). Una treintena de aficionados de toda la vida y otros jóvenes, que conocen las interioridades del club y se han sentado (cuando los recibía) con su presidente, Martín Presa, se reúnen para compartir ideas y trazar caminos. “Presa nunca se va a ir, no venderá. Ya le han ofrecido 150 millones, y nada. Él no tiene problemas de dinero, él quiere este cargo para darse notoriedad, promocionarse, ir a los palcos, viajar...”, lanzan primero para resituar al personaje.
El padre de Presa falleció durante la pandemia del coronavirus. Fue al artífice de Margi, una empresa de artes gráficas exitosa que llegó a tener más de mil empleados. Su hijo la heredó, y desde entonces se han acumulado los problemas: impagos, pérdida del negocio... Antes de eso, llegó al Rayo Vallecano, en el 2011 (lo compró por 900 euros a la familia Ruiz Mateos). Desde entonces, 11 años en Primera y cuatro en Segunda. El modelo deportivo –reflejado en técnicos como Paco Jémez, Andoni Iraola o ahora Íñigo Pérez– contrasta con la dejadez, los impagos y la animadversión al propio seguidor del Rayo.
Asamblea de Socios del Rayo Vallecano en pleno parque
“Nos hizo todo el lío con el centenario (2024). Nos reunió para que le ayudáramos con las ideas. Y luego, cuando le dimos todo, nos apartó. Nos utilizó. La afición quería un concierto de Ska-P, y lo anuló. Parece que nos quiera llevar la contraria”, añade otro de los presentes. Hay seguidores que lo han denunciado. Otros que no pueden sentarse con él ya porque ahora tiene un abogado que es su interlocutor. Mientras tanto, se acumulan los problemas.
El más palmario es el estadio de Vallecas. Se cae a trozos. “Solo lo limpian dos personas y vienen el día después de partido y el día antes. Te vas un sábado y dejas la bolsa de pipas en el asiento y, 15 días después, te la encuentras”, relata uno de los hinchas. “Los lavabos no se pueden utilizar. No van las luces desde hace seis partidos”, lamenta. En la zona de prensa hay excrementos de paloma que ya forman parte de la mesa como si fuera un estucado. “Hablas con personas que lo han tratado y te dicen que no está bien emocionalmente”, relatan. “El club ya ha tenido avisos de la Comunidad de Madrid o del Ayuntamiento. No se pagan las tasas de basuras. ¿Qué van a hacer? ¿Cerrar el campo?”, discuten.
El exterior del estadio del Rayo Vallecano
La gota que colmó el vaso sucedió hace dos semanas. El Rayo Vallecano decidió cambiar el césped a finales de enero, pero no llegó a tiempo. LaLiga tuvo que suspender el partido ante el Real Oviedo. Se jugó en Butarque finalmente. Royal Verd se encargó de que ayer ante el Athletic Club estuviera a punto. No solo las lluvias fueron el problema. Para tratar el césped era necesario utilizar plafones de luces y ventiladores. El Metropolitano, que también cambió el césped a final de año, utilizó hasta 12 ventiladores, que trabajaron a destajo para el secado. El generador de Vallecas solo permite dos. “Si no se debe ni pagar la luz”, especulan los hinchas y los portavoces de las peñas. Uno de ellos, Diego, explica su sentir: “Ya no se puede tratar con él, solo en la junta de accionistas. Con cualquier persona con la que hables te dice que es imposible que salga algo serio de ahí, que se contradice, como pasó con el nuevo estadio aprobado por el arquitecto en la misma ubicación. Dijo que sí y luego que no”.
Un ejemplo se vivió en el 2022, cuando Presa y los representantes de Raúl de Tomás se liaron a puñetazos en las negociaciones.
“Es normal que el Rayo cuadre las cuentas, porque no gasta nada, solo en la plantilla”, añaden. Este curso, ha fichado por 7,1 millones. Casi no hay empleados.
Foto histórica junto al estadio de Vallecas
Otro de los sinsentidos es la cantera y la ciudad deportiva. “Cuando llegó Presa, el Rayo peleaba ligas con Madrid y Atlético. Ahora, nada. Luego, hay una Fundación Rayo Vallecano con unos 1.300 niños que pagan 600 o 700 euros. Y las condiciones son insalubres”, se quejan. “Ahora, el filial, femenino y juvenil juegan en frente, en el campo de otro club que se llama Vallecas. Nos dice esa directiva que desde noviembre el Rayo no paga el alquiler. Ya han enviado varios burofaxes. Como veis, este es su modus operandi”, apostilla. “El club está secuestrado”, añaden. “Como un año descendamos...”, advierte uno de ellos, que encuentra una réplica valiente: “Mejor, así nos refundamos. Le ha pasado a muchos”.
Marxismo. Eterno Willy (Wilfred). Palestina resiste. Nos roban la vivienda. Resistencia antifascista (fotografía de Donald Trump). Y “Presa inhabilitación”. Las paredes de Vallecas lucen sus mensajes, mientras el equipo de Íñigo Pérez vive ajeno a todo. Su fútbol es un diamante.
El 1-1 ante el Athletic, única tregua en la revuelta de Vallecas.

