El cuidado de colonias felinas no es solo alimentar: así funcionan y se gestionan

Gatos

El trabajo invisible de las gestoras de colonias felinas está entre la nutrición, el seguimiento, la mediación, la atención urgente y el alma

El dolor de soltar, el apego emocional y por qué las colonias felinas no pueden depender de una sola persona.

El dolor de soltar, el apego emocional y por qué las colonias felinas no pueden depender de una sola persona

Getty Images/iStockphoto

“¿Pero tú qué haces exactamente? Si los gatos se buscan la vida…”. La pregunta parece inocente. Pero para quien gestiona una colonia felina suena a minimización. A desconocimiento profundo. A invisibilización.

Gestionar una colonia felina es cuidar. Alimentar es apenas el primer gesto de una cadena compleja de responsabilidades que sostiene vidas, salud, convivencia y dignidad. El cuidado en una colonia no es un acto puntual. Es un sistema, casi siempre en femenino… como el gremio de enfermería. Y debería ser en plural, con red.

A través de WhatsApp

Reuniones de seguimiento

Nos sucedió no hace mucho, en uno de los municipios donde Mishilovers (espacio dedicado a la gestión ética de colonias felinas) colabora, algo que lo ilustra con una fuerza difícil de ignorar. 

La asociación local había cerrado por jubilación de su presidenta, aunque ella y otras socias seguían alimentando y cuidando colonias. Nuevas personas pensaban crear una entidad, pero no terminaban de decidirse. Y entonces llegó la noticia: una mujer del municipio, desconocida para la mayoría del entorno felino organizado, había fallecido dejando en herencia miles de euros destinados a la asociación local de gatos.

Colonias felinas

Varios gatos forman una colonia felina

Unplash

La asociación ya no existía. La noticia circuló gracias a un grupo de WhatsApp que siempre creamos administrado por personal de Mishilovers, donde se agrupa a todas las gestoras del municipio. Se proponen reuniones de seguimiento y ayudamos a que las personas que gestionan colonias tengan un punto en común de comunicación y se puedan conocer en persona (muchas veces nos encontramos con personas que desconocen que sus vecinas alimentan) para compartir avances, información y pasos que deberían darse en materia felina. 

Esa red permitió que el abogado encargado de la herencia encontrara a las personas adecuadas. Que el deseo de aquella mujer no se perdiera en la burocracia. Que el dinero llegara a los gatos. Sin red, probablemente ese legado habría tomado otro rumbo.

Y aquí aparece la pregunta incómoda: ¿por qué esa mujer no tenía red? ¿Cuánta soledad hay detrás de quienes cuidan en silencio?

La ciencia lo confirma

Cuidar requiere múltiples competencias

Un estudio de la Universidad de Guelph (Canadá) publicado en Anthrozoös (2022) señala que las personas cuidadoras de animales comunitarios experimentan niveles de estrés similares al personal sanitario. Sin embargo, el reconocimiento social es mínimo, especialmente cuando se trata de gatos.

La psicóloga Vicki Hutton, en su investigación sobre el trauma secundario en protectoras, destaca que “el cuidado animal sin apoyo ni formación puede derivar en fatiga por compasión, ansiedad y aislamiento crónico”.

El dolor de soltar, el apego emocional y por qué las colonias felinas no pueden depender de una sola persona

Una mujer atendiendo a una colonia felina

LORI ZELWARD

Por eso, entender el cuidado en plural es clave: no puedes hacerlo sola, no debes hacerlo todo. La literatura científica sobre protección animal y profesiones relacionadas con el trabajo con animales, ha documentado ampliamente el fenómeno de la fatiga por compasión, un síndrome asociado a la exposición continuada al sufrimiento de otros seres vivos. 

Sobretodo en el ámbito de enfermería o el veterinario. Aunque no olvidemos que la misma presión sufren las personas que realizan este “trabajo” no remunerado y altamente demandante a nivel emocional también.

El psicólogo Charles Figley definió la fatiga por compasión como “el coste emocional del cuidado” (Figley, 2002), y desde entonces múltiples investigaciones han confirmado su impacto en profesionales del ámbito animal.

Un estudio publicado en Journal of Applied Social Psychology (Baran et al., 2009) analizó trabajadores de refugios y encontró niveles elevados de estrés emocional, agotamiento y síntomas compatibles con burnout. Los autores subrayan que el contacto repetido con situaciones de sufrimiento animal, unido a recursos limitados y bajo reconocimiento social, incrementa el desgaste psicológico.

En el ámbito veterinario, un estudio del Journal of the American Veterinary Medical Association (Nett et al., 2015) detectó mayor prevalencia de ideación suicida y síntomas depresivos en comparación con la población general, vinculándolo al estrés profesional crónico y a la exposición constante a decisiones difíciles relacionadas con la vida y la muerte de animales.

Aunque las gestoras de colonias no forman parte del sistema sanitario formal, comparten muchas de estas características: contacto directo con enfermedad, muerte, conflicto social y responsabilidad sin apoyo estructural.

Sostener la comunidad

El cuidado debe ser circular

La mujer que dejó miles de euros para los gatos era invisible en el ecosistema organizado aunque seguramente su labor era enorme. ¿Cuántas veces habrá llorado sin relevo? ¿Cuántas veces habrá pensado quién seguirá cuando ella no esté? Y las muchas veces que habrá sentido que se tenía que esconder, que ojalá pudiera compartir con otras como ella… que su lucha y su amor por otros seres sensibles y sintientes, queda deslegitimado por la ignorancia de la humanidad.

La realidad es que las gestoras sostienen sistemas de bienestar animal con recursos mínimos, en su tiempo libre, enfrentando incomprensión, conflictos y desgaste emocional. 

La ayuda y el compartir no es una moda: es una necesidad estructural. Cuando el cuidado depende de una sola persona, todo es frágil. Cuando esa persona enferma, envejece o muere, la colonia sufre y muchas veces colapsa. Por eso crear red no es un capricho. Es una infraestructura invisible que sostiene la continuidad.

En el municipio donde ocurrió esta historia, la red permitió que la información fluyera. Esa es una de las funciones principales de Mishilovers: unir donde no hay unión. Conectar a quienes no se conocen. Abrir canales de comunicación donde antes sólo había esfuerzos aislados.

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Estas semanas hemos visto cómo una herencia encontró destino gracias a la red. Pero también hemos visto cuánta fragilidad hay cuando esa red no existe.

  • Crear red es revolucionario porque rompe la soledad.
  • Crear red es estratégico porque protege el futuro.
  • Crear red es ético porque dignifica el cuidado.
El dolor de soltar, el apego emocional y por qué las colonias felinas no pueden depender de una sola persona.

Mujer compartiendo su tiempo en cuidar a una colonia felina junto a su mascota

Getty Images

El cuidado no es sólo alimentar. Es observar. Es mediar. Es documentar. Es llorar. Es sostener. Es coordinar. Es formar. Es acompañar.

Y siempre, siempre, es en plural. Porque cuando el cuidado se comparte, se salva más que una colonia. Se salva la continuidad de la vida en libertad. Cuidar no es sencillo. Pero cuidar en soledad es devastador.

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