Ciento seis días no son nada. Poco más de tres meses. Casi un suspiro. Pero eso es exactamente lo que resta para que la selección de la República Islámica de Irán debute en el Mundial de fútbol. Tiene cita contra Nueva Zelanda en el moderno SoFi Stadium de Los Ángeles el próximo 16 de junio. Que acuda o no ya es otra cosa. El ataque bélico sufrido por su país lo ha dejado en el aire. Como tantas otras cosas en el mundo del deporte.
“Está claro que después del ataque no podemos mirar al Mundial con ilusión, pero son los dirigentes los que deben tomar una decisión”, aseguraba este lunes Mehdi Taj, presidente de la federación iraní y vicepresidente de la Confederación Asiática, dejando en el aire la participación de su país en la gran cita futbolística del próximo verano. “No sabemos exactamente qué va a pasar y, si la situación continúa, también pondrá en peligro la participación de nuestro equipo nacional en el Mundial”, alimentaba Ali Gholampur, embajador de Irán en Kenia.
Ya arrancó la temporada de F1
Casualmente, este mismo lunes la selección femenina iraní debutaba en la Copa Asiática. Las jugadoras formaron en el Cbus Super Stadium de Gold Coast (Australia) durante los acordes del himno y luego caían 3-0 ante Corea del Sur. Su seleccionadora, Marziyeh Jafari, guardaba silencio y evitaba pronunciarse sobre el conflicto bélico de su país. “No deberíamos hablar de estos temas en este momento, hemos llegado aquí para jugar este torneo y es algo muy importante para las mujeres”, se limitaba a explicar.
Si la situación se extiende en el tiempo, Irán no será la única que podría tomar una decisión drástica de cara al Mundial, otras clasificadas como Arabia Saudí, Qatar, Jordania o Egipto, con fronteras cerca del conflicto, podrían verse en situaciones similares. Cabe destacar que el reglamento de la FIFA permite sustituir a las federaciones que causen baja, aunque queda a discreción de Infantino y compañía.
Más a corto plazo, sigue sin haber decisión definitiva sobre si la Finalissima se acabará disputando o no. Cada día que pasa parece más complejo que se juegue en Lusail (Qatar) como estaba previsto, pero la Conmebol sigue sin abrir la boca. Mientras, la UEFA se limitó a emitir un comunicado vacuo, en el que aseguraba estar “evaluando cuidadosamente” los acontecimientos. España y Argentina siguen esperando, pero Luis de la Fuente aportaba ayer en RNE una posible solución: “Mientras no se pueda jugar en Qatar la solución pasa por buscar otra sede”.
Aún más cerca en el calendario está el estreno del Mundial de Fórmula 1, cuyo primer Gran Premio de la temporada debe disputarse este domingo en Albert Park, Australia. Con el espacio aéreo de Oriente Medio cerrado, convertido desde hace años en el principal hub mundial para cruzar el mundo en avión, las dudas sobre su afectación en el Gran Circo no han tardado en aflorar. “No cabe duda de que todo lo que ha sucedido este fin de semana ha trastocado los planes de viaje de los equipos y de la propia Fórmula 1, pero somos expertos en trasladar a personas por todo el globo y se han reprogramado los vuelos de todo el mundo para que lleguen en los plazos previstos, no habrán impacto en la carrera”, aseveró con confianza Travis Auld, director general del GP de Australia. Cabe resaltar que en el próximo mes se deberían disputar los Grandes Premios de Bahrein (12/IV) y Arabia Saudí (19/IV). Dada su cercanía al conflicto, nadie se atreve a asegurar a día de hoy que no tengan que suspenderse.
En el mundo del baloncesto, la Euroliga anunciaba la suspensión del Maccabi-Hapoel Tel Aviv y del Partizan-Dubai, que debían jugarse esta semana, dada la situación y la imposibilidad de viajar. De hecho, hay siete empleados de la propia Euroliga bloqueados en Abu Dabi junto a los equipos que participaban en el torneo junior Adidas NextGen, entre ellos el Valencia y el Real Madrid, que llevan cuatro días en el hotel esperando una alternativa para poder regresar a España.

