Como Vinícius Júnior hace dos semanas en Lisboa en el encuentro Benfica-Real Madrid de Champions, Omar El Hilali sufrió, según su versión, un insulto racista este sábado en el Estadio Martínez Valero de Elche. El reloj se acercaba al minuto 80 cuando Rafa Mir, que está pendiente de un juicio por agresión sexual, se enzarzó con el canterano del Espanyol. Ambos se taparon la boca, pero rápidamente El Hilali denunció al colegiado del encuentro, Iosu Galech Azpeitia, un insulto racista. Según el acta, este fue “viniste en patera”.
Omar El Hilali no llegó en patera a España. Él nació en 2001 en el barrio de Santa Eulàlia de L'Hospitalet, y su vida forma parte del manual con el que se explican la de miles de familias de origen marroquí que se asentaron en Cataluña en busca de un futuro mejor. Así lo pensó su padre en los años 90 cuando, tras obtener el visado, viajó a Barcelona a trabajar hasta que reuniera el dinero suficiente para que la familia pudiera unirse.
El hermano mayor de la familia tiene 13 años más que Omar y el pequeño ocho menos. “Mis tres hermanos mayores tuvieron que trabajar porque mi padre no podía sacar a seis niños adelante sin ayuda. Estaban estudiando y con 16 años lo dejaron para trabajar. Los sueldos no eran muy altos. Mi padre dio mucho para mantenernos. Estoy orgulloso de mí y quiero seguir sintiendo ese cariño por parte de mi padre. En los momentos difíciles está conmigo siempre”, explicó a Relevo en una entrevista hace dos temporadas.
En ese contexto, la infancia de Omar la pasó jugando en los parques del barrio, donde no recuerdo racismo porque había mucha inmigración. Jugó en el Hospitalet Atlètic y el Santa Eulàlia hasta que lo captó el Espanyol. Fue ascendiendo y Vicente Moreno, cuando Omar apenas tenía 16 años, le dio la alternativa en una pretemporada.
”Tuve una infancia dura. Mis hermanos se tenían que buscar la vida con cosas en la calle. Era joven y tenía en la mente que mis hermanos o yo teníamos que hacer algo para que mis padres vivieran bien. Les estoy dando lo que se merecen. Y esto es poco, se merecen el mundo entero”, zanjó el jugador, asentado en Primera y en el Espanyol, con el que acumula ya 112 encuentros oficiales y las ha visto de todos los colores.
Sobre el racismo, el jugador, que vivió un episodio similar aunque de un aficionado en Cartagena en Segunda hace dos campañas, tiene una opinión particular, al menos en aquel momento: “Lo mejor es no contestar, seguir a lo tuyo. Si la gente ve que te afecta lo seguirá haciendo porque verá que rindes menos y que son capaces de sacarte del partido. Hay que pararlo, no hay que dejarlo, pero con un toque de atención es suficiente”.

