Los prolegómenos hacían preveer una situación movida en el Bernabéu. Haber perdido la final de la Supercopa, la destitución de Xabi Alonso y el ridículo debut de Arbeloa en Albacete habían sacudido los cimientos del madridismo. Por primera vez se empezaba a cuestionar en los foros blancos la figura del poderoso Florentino Pérez. Incluso en la noche del viernes aparecieron pintadas, algunas de ellas muy ofensivas, contra la gestión de presidente madridista. El nuevo técnico apelaba al espíritu de Juanito para demandar el apoyo de la afición pero el autobús del equipo era recibido con tímidos pitos en las inmediaciones de Concha Espina un par de horas antes del encuentro ante el Levante.
“Florentino, dimisión”, se escuchó en el Bernabéu a los cinco minutos
Pitos en el Bernabéu
Esos silbidos se reprodujeron también cuando saltó a calentar en primera instancia Thibaut Courtois, a pesar de es uno de los futbolistas cuyo rendimiento deportivo no se discute. El sonido de viento se reprodujo con más decibelios cuando aparecieron sus compañeros, aún con las gradas con aproximadamente un 15% de ocupación, y cuando se retiraron tras el calentamiento. Aunque la primera gran silbatina se produjo con el anuncio de la alineación del Real Madrid por megafonía. El más abroncado con diferencia fue Vinícius seguido por Bellingham, Valverde, Huijsen, Camavinga y Mastantuono mientras Mbappé era de los que se salvaba de la quema y Gonzalo era el más ovacionado. En una de las esquinas del estadio, que no estaba lleno, antiguos miembros de ultrasur mostraban una pancarta contra Florentino, que también se llevó su ración de pitos en especial cuando la megafonía fue rebajada. Incluso se dejaron ver bastantes pañuelos de protesta cuando ambos equipos saltaron al terreno de juego. En la época de Florentino pocas veces se había visto un ambiente de uñas así antes de un encuentro. Ni siquiera se libró Arbeloa cuando su imagen salió en el videomarcador. La tormenta siguió arreciando sobre los oídos del presidente blanco. “Florentino, dimisión”, gritó un sector del Bernabéu en el minuto 5.
Cuando saltaron los equipos la bronca fue monumental, con presencia de pañuelos, circunstancia que se reprodujo al descanso
Siempre hay que tener en cuenta que el pelaje del público en los grandes estadios ha mutado en la última década, con la presencia numerosa de turismo internacional, aficionados que van a vivir una experiencia especial y que, de entrada, no se ponen de uñas. También cabe reseñar que la grada de animación, esa que aparece en pantalla en uno de los fondos, todos uniformados de blanco nuclear, está absolutamente controlada por Florentino que, cuando otea problemas, se abraza a un volumen máximo de la megafonía. Ni siquiera eso consiguió ocultar los pitos y la pañolada notoria.
Con el balón ya en juego Vinícius y Bellingham también escuchaban las iras del Bernabéu en formato monumental. Un enfado que todavía subió de temperatura cuando el colegiado decretó el final del primer tiempo. En ese momento los pañuelos afloraron en una mayor cantidad mientras seguía la bronca y los futbolistas blancos no sabían dónde mirar. Después, con los goles la tormenta en la grada se disipó pero el mensaje había sido rotundo.
