El morbo salta al 'palquito' con Mourinho y Prestianni

Real Madrid - Benfica

El Real Madrid, con la duda de Mbappé, recibe al Benfica en los dieciseisavos de final de la Champions en un ambiente cargado por el caso de racismo

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Jose Mourinho, sobre el césped del Santiago Bernabéu en la tarde del martes 

OSCAR DEL POZO / AFP

A las 13.20 de ayer, el Paseo de La Habana de Madrid, desde donde se ve uno de los frontales del Santiago Bernabéu, era una balsa de aceite derretida por un sol impropio de febrero. Las colegialas caminaban con su uniforme, el tráfico era escaso y reinaba la paz. Hoy, a cualquier hora, la tensión se cortará con un cúter, porque este Real Madrid-Benfica se ha convertido, por lo que ha rodeado a Gianluca Prestianni, en el partido más volcánico de la actual Champions. La vuelta de Mourinho al Bernabéu ha acabado siendo las patatas fritas del plato principal.

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Con Rui Costa de presidente, Simão de director técnico y Mourinho en el banquillo, queda claro que a este Benfica le va la marcha. Y los órdagos. Como el de incorporar a Prestianni a la expedición aun sabiendo que está sancionado por la UEFA (de forma provisional) y que es casi imposible –como reconoció el propio club lisboeta– que reciba una amnistía. Fue el foco ayer, será el conflicto hoy.

Recibido al grito de “racista” por los aficionados del Real Madrid, acaparó toda la atención en el entrenamiento en el Bernabéu. Rui Costa dijo que lo están “crucificando” y su compañero Dodi Lukébakio deslizó que quizás lo que dice Vinícius es “falso” y que el Real Madrid quiere “aprovecharse”. Al otro lado de La Castellana, se ve diferente. Arbeloa pide que es un gran momento para dejarse de eslóganes y actuar contra el racismo: “Tienen la oportunidad de dar un golpe”.

En lo deportivo, el Real Madrid pierde a un Dean Huijsen que sigue con su habitual vía crucis después de compartir una publicación racista en sus redes contra China (pidió perdón junto al club) y es baja de última hora por molestias. Se unen a Rodrygo y Bellingham, con esa banda derecha “coja” que detecta Arbeloa. El Real Madrid defiende un 0-1. Aunque las fuerzas estuvieron igualadas en la ida, se espera que el Bernabéu y su experiencia marquen la diferencia.

El desafío del Benfica ha convertido el ambiente en un todo o nada. Quizás en esta ocasión Mourinho, que guarda silencio desde la noche de autos, ha optado por otra estrategia alejada de la sala de prensa. El partido se ha convertido en un torbellino de emociones en el que él mismo está en la diana, como disparó Thibaut Courtois: “Es decepcionante utilizar la celebración de Vinícius para justificar el racismo”. El meta belga se une a los críticos con la rueda de prensa del portugués tras el insulto a Vinícius considerada un “grave error”.

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Sancionado –fue expulsado en la ida–, quizás Mourinho repita una de sus anécdotas más divertidas. Después de ser expulsado en la eliminatoria de la Champions ante el Barcelona cuando entrenaba al Chelsea en 2005, el técnico decidió estar presente en el vestuario de una forma peligrosa. “Llevé todo el día en el estadio, en el vestuario, sin que me vieran. El utillero me metió luego en el cesto de la ropa sucia. Pero en el de metal duro. Entro ahí con el cesto entreabierto para respirar. Pero cuando Stewart sacaba la caja del estadio, los oficiales de la UEFA me buscaban desesperadamente, y él la cerró. No podía respirar. Cuando volvió a abrir la caja, me moría. ¡En serio! ¡Tenía claustrofobia! ¡Lo juro!”, dijo años después en Bein Sports.

El Madrid se sabe los trucos. No habrá cubo de la ropa sucia, sino un palquito en el que lo verá todo. Quizás, junto a Prestianni. El morbo se traslada allí con la duda de Mbappé en el campo por molestias en una rodilla.

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