Mourinho se camufla en

Real Madrid

La prensa dejó vacía su tribuna hasta el minuto 

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Jose Mourinho, en el entrenamiento previo en el Bernabéu, en su única imagen en su regreso a la que fue su casa durante tres temporadas 

Rodrigo Jimenez / EFE

A los 20 minutos de partido, mientras Real Madrid y Benfica ya empataban a un gol y el Santiago Bernabéu era consciente de que iba a ser un noche para rasgarse más vestiduras, los pupitres de la tribuna de prensa estaban completamente vacíos. Unos cuantos cronistas (y las radios y teles) permanecían inmóviles, dedos en el teclado y mirada en el verde, más propia la imagen de un partido de Liga sin alicientes.

El otro partido se jugaba en la zona de trabajo de la no octava planta, al cruzar la puerta de los sectores que dan acceso a lo pupitres de prensa. Allí, un grupo de 30 periodistas se hacían hueco y movían el teléfono por todos los ángulos posibles a la espera de que José Mourinho llegara al palco 6, un pequeño habitáculo que ya utilizó Hansi Flick en el último clásico.

El espacio estaba acondicionado para recibir a algún huésped. Había bocadillos, patatas, bebidas y otros snacks. Pero la espera resultó en vano. Reccionaba el Real Madrid en el campo y la tribuna empezó a recibir de nuevo la visita de la prensa. “Nada, no ha aparecido” relataba un compañero.

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Lo cierto es que Mourinho sí cogió el autocar del equipo desde el Hotel Intercontinental hasta el Bernabéu. Y llegó al estadio. La UEFA prohíbe al entrenador sancionado entrar en la zona de vestuarios, y el técnico tampoco acudió a su palco como estaba previsto, por lo que la teoría más sólida es que se quedó en el autocar viendo el partido en su iPad. Lo avanzó El Chiringuito y fue la teoría más verosímil. El Benfica no quiso dar pistas. “No ayudan, no sabemos nada sobre lo que hará”, comentaba un periodista portugués de A Bola en la previa.

La vuelta de Mourinho al Bernabéu fue un visto y no visto. El técnico solamente pisó el césped y se dejó ver en el entrenamiento previo. Ni dio la rueda de prensa, ni acudió al palco y no hizo más declaraciones desde el insulto de Prestianni a Vinícius y todo lo que generaron sus palabras metiéndose con la celebración del brasileño.

En la conferencia de prensa de Álvaro Arbeloa, después del encuentro, se le preguntó en dos ocasiones por si había saludado o hablado con Mourinho. El técnico reconoció que no lo vio y que le mandó recuerdos a través de sus ayudantes. Nadie pudo saber nada de él. El morbo en Madrid era tan elevado que incluso por momentos fue más importante que el propio partido. Mourinho se las sabe todas.

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