Mientras Jannik Sinner sufría de lo lindo en su partido de tercera ronda del Open de Australia frente a Eliot Spizzirri con el termómetro intentando arañar los 40 grados, a los pies de los Dolomitas, en su San Candido natal, la temperatura rondaba los cuatro grados bajo cero. Criado en el frío, no lleva demasiado bien el calor el transalpino. “Debo mejorar jugando en estas condiciones”, admitía luego, tras doblegar al de Connecticut en un partido durísimo de casi cuatro horas (3h45m). Ahora, en octavos de final, le espera su compatriota Luciano Darderi (22), con el que nunca se ha medido en partido de ATP.
Sabe bien de lo que habla Sinner, campeón en Melbourne los dos últimos años, que el pasado mes de octubre tuvo que retirarse ante Griekspoor en la segunda ronda del Masters 1000 de Shanghai, cuando estaba en plena pugna con Carlos Alcaraz por acabar el año como número uno, al sufrir fuertes calambres debido al calor y la humedad reinantes en la ingente ciudad china. De hecho, Sinner se ha pasado temporadas en Dubai entrenando para intentar acostumbrarse al calor pero no acaba de conseguirlo.
Djokovic tumbó a Van de Zandschulp en tres sets y sumó su victoria 400 en partidos del Grand Slam
La situación vivida en Shanghai tuvo muchas similitudes con la que atravesó en Melbourne Park ante Spizzirri, y que solventó con su magnífico tenis, por supuesto, pero también sabiendo jugar sus cartas a la perfección para lograr que cerraran el techo del Rod Laver Arena a tiempo.
El calor extremo y la humedad que azotó a la jornada del sábado en la cita australiana obligó a la organización a aplicar el Protocolo de Calor Extremo, lo que provocó varias suspensiones de partidos en las pistas exteriores, que no tienen posibilidad de ser cerradas, y el retraso en las pistas principales hasta poner en marcha el techo retráctil.
En el caso del partido entre Sinner y Spizzirri, uno de los afectados por un parón que también incidió en el duelo entre Musetti y Machac, la decisión llegó en el mejor momento para el italiano. Tras perder el primer set, había logrado igualar el marcador adjudicándose el segundo, pero en el tercero empezó a sufrir fuertes calambres y Spizzirri iba por delante. Tanto él como su equipo eran conscientes de que la aplicación del Protocolo iba a ser cosa de minutos así que decidieron jugar sus cartas lo mejor posible. Retrasando lo máximo cada punto, hasta el límite del reglamento, y solicitando al árbitro un parón. Un momento crítico del partido para él, que bendijo como agua de mayo la decisión de la organización.
El anuncio hecho por el árbitro provocó una sonrisa en el rostro de Spizzirri, de 24 años, que estaba rozando la proeza en su primera participación en Melbourne. “Sonreí porque el momento en que aplicaron la norma fue curioso, un tanto gracioso. Con 2-1 nos avisaron de que se había llegado al top (nivel 5), que al acabar el cuarto juego se cerraría el techo. Sí, fue una coincidencia curiosa, pero son las reglas y hay que aceptarlas”, lamentó con cierta ironía. “Tuve suerte con la regla del calor. Sufría calambres en las piernas, luego en los brazos... Por todo el cuerpo. Poco a poco iban remitiendo, pero me ayudó mucho parar y que cerraran el techo”, admitía luego Sinner.
“El parón fue un tanto curioso”, se quejó su rival, que iba 3-1 arriba en el tercer set cuando se cerró el techo
Un paso por vestuarios, la mano mágica de los fisios y el regreso a una pista ya cerrada acabó por propulsarle sobre un Spizzirri al que la situación le acabó superando, cediendo el tercer y cuarto set ante un rival que ya cazaba las líneas desde todos los lados.
En otro partido destacado de la jornada, Novak Djokovic dio cuenta de Van de Zandschulp (3-6, 4-6, 6-7) y sumó su victoria 400 en Grand Slam, más que nadie en la historia. De ellas, 102 llegaron en Australia.
