Las Claves
- Novak Djokovic busca su vigésimo quinto título de Grand Slam en la final del Open de Australia frente a Carlos Alcaraz.
- El tenista serbio Novak Djokovic super
En el momento en que Novak Djokovic (38) conseguía el primero de sus diez trofeos en el Open de Australia (2008), los expertos nos avisaban del colapso económico y financiero que estaba por llegar (Lehman Brothers todavía no se había hundido), la opción de una pandemia era una quimera o tal vez un libreto de cine, Estados Unidos proyectaba sus ilusiones en el mandato de Barack Obama y Carlos Alcaraz apenas comenzaba a empuñar su primera raqueta. Tenía cuatro años y medio.
Djokovic era por aquel entonces un jugador emergente, el nuevo integrante en la gala de dos protagonistas. El universo del tenis se fragmentaba entre federianos y nadalianos, todo esto con ligeras diferencias: en el Reino Unido, ansiaban las victorias de Andy Murray; en Latinoamérica, preferían a Juan Martín Del Potro.
Djokovic destaca su predominio en los Grand Sl.
Durante el viernes, cuando Novak Djokovic se impuso ante el magnífico Jannik Sinner (el italiano es catorce años menor; posee la mitad de la edad del serbio), Del Potro (37) telefoneaba a Djokovic y las cámaras de la ESPN, en directo, registraron el suceso. Capturaron al serbio mientras, en español, le contestaba al argentino:
–Te quiero mucho, amigo.
Y todos aquellos que presenciamos el episodio interpretamos su valor simbólico, su importancia. Hace tiempo que hemos dado por acabada aquella fabulosa generación, la de Federer, Nadal, Murray, Del Potro... Incluso Stan Wawrinka, Stan the man, se marcha ya, ya ha anunciado que lo hará al cierre de este 2026.
No obstante, Djokovic, el oponente de Carlos Alcaraz en la final del Open de Australia (este domingo desde las 9.30h), es diferente.
Djokovic posee tanto talento como obstinación y lo vemos aquí, tras el paso de tanto tiempo, decidido a alcanzar una meta que nadie ha logrado previamente y que tal vez nadie consiga jamás: obtener los 25 trofeos del Grand Slam, logro que le permitiría superar a Margaret Court (quienes actualmente empatan con 24) y lo posicionaría, de manera incuestionable, como el tenista más destacado de la historia, una consideración que, no obstante, sigue generando diversos debates.
(Durante estos días, Toni Nadal se vio envuelto en una polémica: “Alcaraz tiene unos rivales de menor nivel, y no lo digo porque yo sea tío de Rafael. Mi sobrino salía a jugar con Del Potro que, si tenía un gran día, te podía ganar. Antes salían a jugar Rafael o Federer con Wawrinka, con Murray, y sabían que iban a sufrir y que el partido iba a ser complicado”, manifestó).
¿Qué época es mejor?
¿Qué época fue más dura?
¿Cómo se interpreta ese dato?
Resulta innegable, pese a que el tío Toni reitere que, actualmente, el único capaz de desafiar a Alcaraz y Sinner sería Zverev, “siempre y cuando lograse sacudirse el miedo escénico” en las citas de mayor relevancia.
Resulta ilógico realizar cotejos entre distintas épocas, no obstante, por precaución, allí permanecía Djokovic, imperecedero cual el dinosaurio de Augusto Monterroso, con el fin de refutar a los vaticinadores y manifestar públicamente que todavía no se ha marchado.
Y como muestra, este diálogo:
–Al comienzo de tu trayectoria –le señalaba un periodista hace unas jornadas en Melbourne– ibas tras los trofeos de Roger y Rafa, y actualmente, en tu etapa de cierre, te encuentras tras los pasos de Jannik y de Carlos...
–Considero algo desconsiderado ignorar lo ocurrido desde la época en que comencé a seguir a Roger y Rafa hasta la actualidad, este momento, en el que se dice que voy tras otros tenistas. Existió una etapa de cerca de quince años donde tuve el control de los Grand Slams. Pienso que resulta fundamental situar aquello en su justo contexto –le cortó el serbio, con tanta cortesía como firmeza, decidido como se encuentra a romper igualmente la conversación que, desde hace un par de ejercicios, mantienen Alcaraz y Sinner.
(Ambos se han repartido la totalidad de los Grand Slams de 2024 y 2025; en conjunto, Alcaraz alcanza seis grandes y Sinner, cuatro).
Resulta llamativo, aunque este representa el enigmático destino de Djokovic, un perpetuo tercer integrante en la disputa que nunca se rinde. Jamás deseó ocupar el tercer puesto en la rivalidad entre Federer y Nadal: Djokovic resultó ser el individuo que arribó con retraso al festejo pero terminó seleccionando las canciones, tomando el micro, repartiendo los tragos, consumiéndolos, cerrando el local al marcharse y trasladando la diversión a otra parte, y constituye el mismo sujeto que hoy, cuando sus luces se atenúan, vuelve a las tablas para reclamar otra ovación, al tiempo que les comenta a sus oponentes de hoy, a Sinner y a Alcaraz:
–Ahí te lo dejo. Mejora esto.


