La revuelta del campo dispara contra Mercosur

En portada: la crisis del sector primario

El acuerdo de libre comercio ha hecho de catalizador de agravios acumulados por los agricultores, pero el pacto ofrece también oportunidades

PONTÓS (GIRONA), 11/01/2026.- Corte de la AP-7 a la altura de Pontós, Girona por parte de agricultores y ganaderos en contra del acuerdo entre la UE y Mercosur. Agricultores y ganaderos catalanes convocados por el colectivo Revolta Pagesa mantienen esta mañana los cortes de tráfico en la AP-7 y la N-II, ambas en la provincia de Girona, en la C-16, a la altura de Berga (Barcelona), y también siguen bloqueando el acceso al Puerto de Tarragona. EFE/ David Borrat

Agricultores catalanes cortan la AP-7 para protestar

David Borrat / EFE

En un momento dominado por la vuelta al proteccionismo de Estados Unidos, el acuerdo con Mercosur parece un alegato a favor del multilateralismo. Pero si la liberalización comercial de Europa con Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay diluye la guerra arancelaria de Trump, ha encendido otra batalla dentro de las fronteras del continente.

Los agricultores han vuelto a cortar carreteras y bloquear mercancías estos días en España, con especial contundencia en Catalunya, para protestar contra el pacto y preparan nuevas movilizaciones a partir de la semana que viene. La revuelta se extiende por prácticamente todo el bloque comunitario, con Francia como avanzadilla de un movimiento que incluso le ha valido al Gobierno de Sébastien Lecornu dos mociones de censura, superadas, pese a que Francia votó en contra del pacto.

El sector primario quiere garantías de que se igualen las normas de producción y ambientales

Y es que el campo se siente el eslabón débil de un acuerdo comercial con el que la Comisión Europea espera aumentar un 40% las exportaciones, obtener recursos a buen precio y frenar la creciente influencia de China en América Latina.

“Puede que la industria y otros sectores salgan beneficiados, pero en la agricultura llevamos tiempo sufriendo dumping de países extracomunitarios y el Mercosur nos puede hacer más daño. ¿Cómo van a controlar que se cumplan las salvaguardias? ¿Cómo vamos a competir con productores que utilizan pesticidas más baratos prohibidos en la UE? ¿O que han deforestado para instalar sus parcelas? Intentaremos que el Parlamento Europeo tumbe el acuerdo”, afirma Carles Vicente, responsable de cadena alimentaria y miembro de la comisión permanente de Unió de Pagesos. Las principales organizaciones agrarias en España –Asaja, COAG, UPA y Unión de Uniones– se han manifestado de igual manera y, como sus homólogos europeos, tratan de quemar los últimos cartuchos para forzar un cambio de guion en el Europarlamento que tumbe la liberalización comercial, por muy improbable que sea conseguirlo. Temen que los países del Mercosur, con una normativa menos restrictiva para el sector primario y salarios bajos, inunden Europa con alimentos más baratos que se lleven por delante su actividad.

Como todo nuevo marco que cambia las reglas del juego, el Mercosur puede generar ganadores y perdedores, y una vez entre en vigor llegará otra fase decisiva en la que se tendrán que desarrollar decenas de normativas que acabarán decantando la balanza. “Globalmente es un acuerdo que puede favorecer y que ofrece oportunidades comerciales también al campo; no tiene por qué ser negativo, pero se tendrá que hacer un esfuerzo por aprovecharlo”, considera Francesc Reguant, presidente de la comisión de economía agroalimentaria del Col·legi d’Economistes de Catalunya.

Entre las posibles ventajas, Reguant cita el abaratamiento de los costes de producción. Las importaciones agroalimentarias de España desde Mercosur superan de mucho las exportaciones, con un saldo comercial negativo que en el 2024 alcanzó los 3.655 millones de euros –ver gráfico–. En el top ten de productos más importados se encuentran la soja o el maíz con el que se alimentan gran parte de los animales de las granjas, entre otros usos. Si se reducen o eliminan los aranceles, comprar estas materias primas saldrá a mejor precio.

Este ejemplo que pone el economista explica parte de la contestación del campo francés. El país galo es un gran productor de cereal y a partir de ahora tendrá la competencia de las despensas brasileñas y argentinas.

Francia acumula un largo historial de protestas del campo y en la retina de muchos aún perdurará el derribo de camiones cargados de fruta procedentes de España de hace unas décadas. O, más recientemente, la polémica por la supuesta “competencia desleal” del tomate español, que incluso provocó un choque diplomático entre París y Madrid. Sea como sea, la oposición de los agricultores franceses al Mercosur ha tenido un efecto arrastre por todo el continente.

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Agricultores protagonistas de la protesta española  

CESAR MANSO / AFP

Tomás García Azcárate, economista especializado en mercados agroalimentarios y PAC, señala que el Mercosur ha servido como catalizador de los agravios y problemas acumulados por la agricultura en la última década. No es el principal desafío del sector ni el más acuciante, pero ha hecho estallar la olla a presión.

El acuerdo con el Mercosur suprime las tarifas al 91% de las exportaciones europeas, entre las que destacan el aceite de oliva y el vino

El malestar agrario se disparó a raíz del Pacto Verde Europeo, con estrictos requisitos medioambientales que en el caso del sector primario han supuesto un encarecimiento de los costes productivos. A ello se suma la reforma de la PAC, también ligada a una mayor exigencia ecológica para las explotaciones, un aumento excepcional de la carga burocrática, los estragos del cambio climático –sequía u olas de calor que destruyen las cosechas– y la inestabilidad de la guerra de Ucrania.

Rematan la lista las enfermedades animales que han aparecido el último año y unas dosis de rédito político por parte de partidos extremistas. Todo ello teniendo en cuenta que la mayoría de empresas agroalimentarias son pymes. Solo faltaba el Mercosur para hacer explotar de nuevo el descontento.

García Azcárate defiende aun así que el acuerdo será beneficioso de forma general. Abre oportunidades para el sector del aceite de oliva, el vino y el cava, determinados tipo de fruta o el potente sector del cerdo, entre otros productos. Ahora bien, destaca que sí existen desventajas competitivas en producción para los agricultores europeos. El bienestar animal o la obligación de usar técnicas de cultivo menos contaminantes son algunas de ellas. En este caso, el sector del bovino estaría entre los más perjudicados. “Existen tensiones reales, pero hay que abordarlas y gestionarlas”, añade. Si se pone en valor –continúa– los métodos de producción europeos, con normas sanitarias más exigentes, pueden suponer un punto a favor ante los consumidores latinoamericanos.

El acuerdo incluye una serie de salvaguardias, como la protección de los productos europeos sensibles contra cualquier aumento perjudicial de las importaciones procedentes del Mercosur, una apuesta por la armonización de normas fitosanitarias o la adaptación de las reglas de producción para que los alimentos locales sigan siendo competitivos. Pero el sector primario europeo lo considera insuficiente e impreciso.

Los países del bloque Mercosur suponen un mercado de 750 millones de consumidores, el 10% de la población mundial

“Para una parte del campo, Mercosur es una incertidumbre más” y no una ventaja clara, destaca Pablo Resco, analista agroalimentario de Cajamar. Se produce, además, en un contexto de encarecimiento de los alimentos. “Con acuerdos como este los gobiernos intentan contener los picos inflacionarios”, prosigue.

En el otro lado del Atlántico el balance del acuerdo es optimista. Javier Milei, uno de los mayores admiradores de Donald Trump en Latinoamérica, ha acabado abrazando el acuerdo pese a haberse burlado de él tiempo antes. Un anarcoliberal no podría negarse a un acuerdo de libre comercio. Los exportadores argentinos, de hecho, esperan un aumento exponencial de sus ventas gracias a la eliminación inmediata del arancel del 20% para la carne procedente del país.

Asimismo, la agencia de inversión del Gobierno brasileño Apex calcula que las exportaciones agroalimentarias con destino a la UE, como el café, las aves de corral o el zumo de naranja, recaudarán 7.000 millones de dólares extra en los próximos años. El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, ha calificado el pacto como una inusual “victoria para el diálogo, la negociación y la apuesta por la cooperación”.

Un bello y pacífico mensaje que contrasta con la furia de los agricultores en España y el resto del continente. El campo no da el acuerdo por cerrado.

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