La tecnología cuántica es, desde hace décadas, la gran promesa de la comunidad científica. Aunque todavía no ha llegado al alcance de las masas, en Barcelona ha germinado una iniciativa que empieza a dar sus frutos.
En una zona bastante remota del distrito 22@, la empresa Qilimanjaro ha fabricado cuatro ordenadores cuánticos que funcionan los 365 días del año. Están encerrados en la planta baja y, sobradamente, miden más de dos metros. Quizás lo más curioso de todo es que contienen una especie de neveras que bajan la temperatura del ordenador a menos de 200 grados porque sus microchips necesitan el frío para procesar toda la información.
Las máquinas hacen un ruido bastante molesto aunque este no impide llevar a cabo una conversación: “¿Cuál es el uso empresarial de la cuántica hoy en día? Las grandes empresas acuden a nosotros para probar los ordenadores y comprender los beneficios que pueden obtener”, comenta Marta P. Estarellas, consejera delegada de la compañía fundada por cuatro físicos –Pol Forn, Víctor Canivell, Artur García y José Ignacio Latorre– y el abogado Jordi Blasco.
En la última ronda ha levantado 10,25 millones de euros en la financiación de capital riesgo
Qilimanjaro fabrica el hardware y también desarrolla el software que hace funcionar el ordenador y las aplicaciones que permiten su uso a nivel práctico. De momento, la startup ha detectado varias oportunidades de negocio: simulación química para crear nuevos materiales o fármacos, optimización de rutas para el sector logístico y aéreo, precisión de cálculos financieros y reducción del impacto ambiental de la IA gracias a un procesamiento de los datos distinto y más eficiente.
Qilimanjaro nació en el 2019 y asegura haber ingresado dinero desde el primer día. “El año pasado facturamos 5 millones de euros. Trabajamos para firmas del sector energético, financiero, logístico y sociosanitario. Pagan por conectarse a nuestros ordenadores. Además, también colaboramos con administraciones públicas, centros de investigación y gobiernos que nos piden actualizar sus ordenadores cuánticos”, comenta Estarellas, química, informática y doctora en Física y Filosofía.
La compañía mantiene una estrecha colaboración con el sector público. La cuántica es, desde luego, una tecnología crítica, y tanto la Generalitat como el Gobierno central y la Comisión Europea miran de cerca los avances de esta compañía. “Una de las mayores preocupaciones es el uso de tecnología local, y nosotros somos capaces de garantizarlo. Toda nuestra infraestructura es producida dentro de la empresa o adquirida a proveedores europeos”, asegura.
La compañía ha solicitado cuatro patentes ante distintos organismos internacionales y va camino de solicitar más
La existencia del negocio no se entendería sin el apoyo inicial del sector público. La startup nació como una spin-off del Barcelona Supercomptuing Center (BSC), la Universitat de Barcelona y el Institut de Física d’Altes Energies (IFAE). Sin embargo, no hubo transferencia tecnológica, ya que todas las patentes –cuatro solicitudes– son propiedad de la empresa.
Además, el sector público ha dado un fuerte impulso a la compañía mediante el desembolso de financiación. Del total de 10,25 millones levantados, 1 millón de euros ha sido aportado por la Sociedad Española para la Transformación Tecnológica (SETT), mientras que Avançsa (Generalitat) ha aportado un crédito de 1,5 millones de euros y el Consejo Europeo de Innovación (EIC) ha otorgado un crédito valorado en 2,5 millones de euros. Entre los inversores privados destacan Repsol y el fondo Axion Partners.
Con este planteamiento, la compañía aspira a dar un salto de escala. Actualmente, está trabajando en el cierre de una ronda de inversión en la que prevé levantar 40 millones de euros. “Necesitamos crecer: pasar de cuatro a diez ordenadores cuánticos, aumentar las ventas en Estados Unidos y Asia e incrementar el tamaño de nuestro equipo”. Actualmente, alrededor de 75 profesionales trabajan en la sede de Qilimanjaro. La mayoría son jóvenes ingenieros y físicos recién salidos de la universidad. “Cuesta encontrar talento sénior en un sector tan innovador como este y, por eso, queremos reclutar a estudiantes”, reconoce. La startup quiere ponérselo fácil. En las oficinas no faltan los ordenadores cuánticos, pero tampoco un billar, un futbolín y varios juegos de ajedrez.
