Nickel pone fin a la espiral de la exclusión financiera.
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La división de BNP Paribas aplica un modelo de cercanía y cuentas bancarias de gestión sencilla.

La empresa centra su crecimientoen acuerdos con comercios

“Alguien tiene que romper el círculo”, explica la consejera delegada de Nickel en España, Nerea Toña, al explicar en qué consiste el negocio. “Si no tienes un trabajo, no tienes una cuenta bancaria y, si no tienes una cuenta bancaria, no tienes un trabajo”, indica para ilustrar las dificultades de los inmigrantes para integrarse en la sociedad.
Esta organización nació en Francia en el 2014 con el objetivo de solucionar puntualmente este conflicto. La propuesta consistió en facilitar cuentas corrientes sencillas para solventar los pagos diarios habituales. En el 2017, Nickel pasó a manos del gran grupo francés BNP Paribas, el cual ha implementado este esquema en distintos territorios. Su actividad comenzó en España hace cinco años.
Toña señala que la meta es llegar este año a 2.750 puntos Nickel, en comparación con los 2.500 al cierre de 2025. Estos puntos suelen ubicarse en tiendas, quioscos o establecimientos de lotería, donde los usuarios pueden abrir una cuenta, depositar fondos o retirarlos.
La compañía proyecta lograr esta cantidad para el 2026, después de incrementarla en 250 puntos.
Los acuerdos con la Federación Nacional de Puntos de Venta Mixtos de Loterías y Apuestas (Fenamix) facilitan la distribución. “El objetivo es estar en establecimientos de barrio, cerca de los vecinos, en negocios a pie de calle que sean muy accesibles y que tengan un horario amplio”.
“Abrimos cuentas con 195 pasaportes”, explica Toña, antes de puntualizar que la propuesta trasciende a los emigrados. Igualmente se destina a ciudadanos que no dispongan de “servicios esenciales”, cuestión que repercute en la “exclusión territorial”. Sirve como alternativa para las localidades que se están quedando sin oficinas bancarias.
Por ciento es la expansión que la firma ha logrado en España durante los dos periodos recientes; aterrizó en la nación hace cinco años.
El producto de Nickel es una cuenta corriente básica con IBAN español, sin requisitos, gestionada online y acompañada de una tarjeta Mastercard débito. Con estos elementos ya se pueden realizar transferencias o compras por internet. No hay obligaciones, vinculaciones ni trámites, pero tampoco se puede contratar un depósito ni un préstamo. Cuesta 25 euros al año.
“Somos una fintech con un modelo híbrido”, indica Toña. “También atendemos por teléfono y nos marcamos como premisa ofrecer soluciones fáciles y humanas”. La mitad de los clientes, asegura, llegan por prescripción de otros usuarios.
En solo dos años, la compañía ha registrado un crecimiento del 40% y planea continuar ampliando su negocio. Nickel ha celebrado un convenio con Ria Money Transfer para enviar remesas y está desarrollando el lanzamiento de nuevos productos, como una cuenta joven para personas entre 12 y 18 años, un seguro y alguna modalidad para otorgar préstamos pequeños. “Solo vamos a lanzar cosas que sean sencillas”, indica la consejera delegada.
Mientras las entidades bancarias de siempre se orientan cada vez más hacia los usuarios de rentas elevadas y los bancos digitales pretenden imitar los modelos clásicos, Nickel se especializa en los sectores más desprotegidos. Una de las restricciones de la compañía es la imposibilidad de brindar Bizum. Toña espera que esta alternativa se incorpore próximamente. Hay bancos digitales como Revolut o N26 que ya integran esta modalidad de abono. En Francia la infraestructura de Nickel ha llegado ya a los 8.000 establecimientos.