¿Qué me interesa más, la jubilación parcial, la completa o la anticipada?: “Esperar a la edad ordinaria resulta a veces más ventajoso”
Jubilaciones
Claves para decidir entre retirarse del trabajo, reducir jornada o adelantar la pensión según años cotizados, ingresos y expectativas personales

Imagen de recurso de una persona contando billetes.
La decisión sobre cómo y cuándo dejar la vida laboral no es única. Existen fórmulas distintas que responden a necesidades diferentes. La jubilación completa supone el cese total de la actividad y el acceso a la pensión ordinaria cuando se alcanza la edad legal. La anticipada permite retirarse antes, aunque con penalizaciones que reducen de forma definitiva la cuantía. Y la parcial ofrece la posibilidad de seguir trabajando a jornada reducida mientras se percibe una parte de la pensión.
Miguel Arenas Gómez, abogado laboralista y profesor de Derecho del Trabajo y Seguridad Social en los Estudis de Dret i Ciència Política de la UOC, recuerda que la elección depende de cada trayectoria profesional. “No hace falta plantearlo como una decisión universal”, señala. “La evaluación debe partir de la carrera de cotización y de las expectativas económicas de cada persona”.
Jubilación completa o ordinaria
La jubilación ordinaria es la modalidad estándar. Se accede cuando se cumple la edad fijada por la normativa, que varía en función del tiempo cotizado. En 2026 la edad general se sitúa en torno a los 66 años y 10 meses para quienes no alcanzan un largo periodo de cotización. Quienes acreditan carreras más extensas pueden jubilarse a los 65.
El requisito mínimo para obtener la pensión es haber cotizado 15 años, con al menos dos dentro de los últimos quince. Esta modalidad implica el cese total del trabajo y el cobro de una pensión vitalicia calculada según las bases de cotización acumuladas durante la vida laboral.
Jubilación anticipada
La anticipada permite retirarse antes de la edad ordinaria, aunque con efectos sobre la pensión. Según Arenas Gómez, “la jubilación anticipada conlleva coeficientes reductores que disminuyen la cuantía de la pensión de manera permanente”. Estas penalizaciones dependen del número de años adelantados y de la carrera de cotización.
Puede solicitarse de forma voluntaria hasta dos años antes de la edad legal, o por causas no imputables al trabajador, como un despido o cierre empresarial. En estos casos se exige estar inscrito como demandante de empleo durante un periodo mínimo. El sistema busca proteger a quienes se quedan sin trabajo en edades próximas al retiro.

La anticipación resulta más atractiva para perfiles con pensiones elevadas y largos periodos de cotización, ya que la reducción puede ser menos significativa en términos absolutos. Sin embargo, no siempre es recomendable. Como apunta el especialista, “hay situaciones en las que esperar a la edad ordinaria resulta económicamente más ventajoso”.
Jubilación parcial
La jubilación parcial ofrece una vía intermedia. Permite reducir la jornada laboral entre un 25% y un 75% y compatibilizar el salario con el cobro proporcional de la pensión. El trabajador no se desvincula de la empresa, sino que ajusta su contrato a tiempo parcial.
“Es una opción que facilita la transición”, explica Arenas Gómez. “El empleado mantiene actividad y ingresos, mientras empieza a percibir parte de la pensión”. En muchos casos se exige que la empresa contrate a un relevista que cubra la jornada no realizada, lo que también favorece la incorporación de nuevos trabajadores.
Esta modalidad puede ser útil para quienes desean continuar vinculados al mercado laboral sin las exigencias de la jornada completa. También sirve para quienes buscan prolongar la carrera de cotización y mejorar la pensión futura, ya que se siguen generando derechos.
Qué factores deben valorarse
La decisión entre jubilación parcial, completa o anticipada depende de varios elementos. Los años cotizados son determinantes para acceder a cada modalidad y para calcular la cuantía final de la pensión. Cuanto mayor es la carrera de cotización, menores son los coeficientes reductores en caso de jubilación anticipada.
También influye la situación económica personal. Quienes disponen de ahorros o ingresos complementarios pueden plantearse la anticipada con mayor flexibilidad. En cambio, si la pensión será la principal fuente de ingresos, conviene estudiar con detalle el impacto de las penalizaciones.
Arenas Gómez subraya la importancia de la planificación. “La jubilación no debería decidirse de un día para otro”, afirma. “Es necesario analizar la vida laboral y proyectar las necesidades futuras”.
Una decisión individual
No existe una fórmula única. La jubilación completa resulta adecuada para quienes desean dejar de trabajar y cuentan con la edad y cotización necesarias. La anticipada puede ser conveniente si se busca retirarse antes, aceptando una pensión menor. Y la parcial se plantea como alternativa para quienes prefieren reducir actividad sin desvincularse por completo.

