Historias de éxito

Cecilia Volpe, odontóloga especializada en estética dental: “Las redes inspiran, pero el resultado real exige personalización”

Odontología

El Instituto Volpe desarrolla un tratamiento de carillas ultrafinas diseñado para conservar el esmalte y la naturalidad

Cecilia Volpe, fundadora y directora del Instituto Volpe

Cecilia Volpe, fundadora y directora del Instituto Volpe

Hay pacientes que llegan con fotos en el móvil y una frase en los labios: “quiero esto”. Otros lo hacen después de años evitando sonreír, convencidos de que la solución implica sacrificar parte de sus dientes. En ambos casos, el encuentro con la doctora Cecilia Volpe, fundadora del Instituto Volpe, cambia por completo su percepción. La especialista en estética dental no promete milagros, sino que ofrece un método preciso, conservador y completamente digital.

En el Instituto Volpe, la estética dental parte siempre de una misma idea: conservar, no quitar. Su nueva línea de trabajo —un método de carillas ultrafinas Skin Finea®— nace para responder a una demanda cada vez más clara: sonrisas naturales, funcionales y seguras sin sacrificar tejido dentario. “Nuestro enfoque es siempre conservador”, explica Cecilia Volpe, fundadora y directora del centro, que agrega que “diseñamos diente por diente para respetar la forma original del paciente. Buscamos corregir color, pequeñas desviaciones o desgastes, pero sin tallar el esmalte”.

Tratamiento de carillas diseñado de forma personalizada para cada persona
Tratamiento de carillas diseñado de forma personalizada para cada persona

Más que “vender un producto”, en el Instituto Volpe insisten en hablar de tratamiento y de método. La novedad está en la combinación de materiales de última generación y un flujo completamente digital que ordena cada paso. “No nos gusta hablar de carillas como producto, sino de un tratamiento estético guiado por protocolo”, subraya Cecilia Volpe.

El proceso se articula en cuatro fases: estudio, visualización, diseño y creación

El proceso se articula en cuatro citas. La primera fase, en 2D, comienza con un estudio fotográfico y un escaneado digital de la boca para analizar la forma de los dientes, la sonrisa y su relación con el rostro del paciente.

Esa primera fase lleva a la segunda, en este caso en 3D: el equipo visualiza de manera digital la apertura, cierre y oclusión, y el sistema marca en milímetros qué añadir y dónde. El verbo es deliberado: añadir, no reducir.

La tercera fase es la más emocional: el diseño se imprime y se prueba en boca, sin tocar el diente y sin anestesia. Es un momento decisivo porque permite comprobar tres cosas: fonación (hablar con naturalidad), función (masticar sin interferencias) y estética (verse y sentirse uno mismo). “Esa prueba da una seguridad del 100%”, resume Cecilia Volpe, porque asegura que “el paciente puede sonreír, hablar y masticar con su diseño y validar que mantiene su naturalidad”.

La última fase trae la prueba en cerámica: el laboratorio —un referente nacional en estética dental, completamente digitalizado— materializa las carillas ultrafinas para un último chequeo antes de la colocación definitiva. Y el cierre del tratamiento incluye una férula de protección nocturna, también diseñada de forma digital, para preservar el resultado a largo plazo.

La clínica combina innovación tecnológica y trato humano
La clínica combina innovación tecnológica y trato humano

La base técnica del método descansa en láminas de porcelana de mínimo espesor que, en lugar de cementarse “encima”, se integran mediante adhesión molecular al esmalte. Ese enlace refuerza la estructura, reduce sensibilidades y protege frente al desgaste, especialmente en pacientes bruxistas —que es el hábito involuntario de apretar o rechinar las estructuras dentales sin propósitos funcionales—. “Cuando unes la cerámica ultrafina al esmalte se comporta como una sola pieza. El diente queda protegido y la sensación del paciente es de diente propio, no de algo añadido”, indica Cecilia Volpe.

La clínica acompaña el procedimiento con una garantía de 15 años, condicionada a revisiones y mantenimiento periódicos. No hay promesas “para toda la vida”; hay prevención, control y responsabilidad compartida. “Como con cualquier diente: si no se cuida, se estropea. Lo importante es el seguimiento”, recuerda la especialista.

Contamos con un paciente de 95 años al que dos carillas le cambiaron la manera de mirarse al espejo

Cecilia Volpe, fundadora y directora del Instituto Volpe

Aunque la estética dental se ha asociado durante años a la ortodoncia y la juventud, el perfil del Instituto Volpe es amplio: desde jóvenes que no se identifican con el color de su dentadura hasta personas de 50 o 70 años que buscan recuperar función y detener el desgaste acumulado. La doctora explica que incluso cuentan con un paciente de 95 años al que dos carillas le cambiaron la manera de mirarse al espejo. Las historias coinciden en un punto: quieren verse representados en su sonrisa cotidiana.

“Nuestro trabajo es devolverle seguridad porque hablamos de tratamiento, de salud y de identidad. En redes sociales se ven milagros que no existen. Aquí todo se verifica en boca, con el paciente participando paso a paso”.

El resultado refleja el equilibrio entre salud, estética y naturalidad
El resultado refleja el equilibrio entre salud, estética y naturalidad

El futuro de la clínica pasa por profundizar en la personalización del diseño digital y en la educación del paciente: higiene específica de carillas, férula, revisiones y fotografías de control para medir cambios en el tiempo. En lo humano, mantener la empatía como elemento diferencial. “En estética todo es muy humano”, recuerda Cecilia Volpe, que agrega que detrás de un color o de una fractura hay una historia, complejos y expectativas. “Nuestro deber es que el paciente se reconozca al final del proceso y que pueda hablar, comer y sonreír con tranquilidad”, acaba la doctora.

Lecciones de Vanguardia

“El paciente más dudoso y con más inseguridad es el que ha pasado por un tratamiento invasivo. Ese paciente viene triste, tiene miedo y tiene un trauma ​y ahí es donde tienes que demostrar que en estética también hay humanidad”.

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