Ferran Martínez, exjugador de baloncesto y empresario: “Soy un privilegiado porque he vivido dos vidas, la primera fue una burbuja, y la segunda es la real”
Entrevista
El exjugador del Barça, la Penya y Panathinaikos, olímpico con la selección española, repasa su carrera deportiva y cuenta cómo la curiosidad por la tecnología transformó su vida tras el baloncesto

Ferran Martínez, exjugador de baloncesto, empresario y director de relaciones institucionales de Reental
Ferran Martínez
Exjugador de baloncesto y empresario
Durante años, Ferran Martínez fue uno de los pívots más reconocidos del baloncesto europeo. Llegó al primer equipo del Barça con solo 16 años y vivió una carrera que lo llevó por clubes como el propio Barça, el Joventut de Badalona y el Panathinaikos, además de una década con la selección española, con la que fue olímpico. Pero más allá de los títulos y del reconocimiento, siempre tuvo claro que la vida del deportista de élite es una “burbuja”, una primera vida llena de focos que finaliza de golpe a los 35 años. La segunda, la “vida real”, comenzó para él impulsada por una curiosidad que arrastraba desde niño: la tecnología, la programación y el deseo permanente de aprender. Esa inquietud lo llevó a reinventarse como empresario, inversor, formador y divulgador, construyendo un ecosistema de proyectos que hoy se alimentan entre sí y que lo mantienen conectado al futuro tanto como al deporte que jamás ha abandonado.
Ferran, tu trayectoria es muy singular: deportista de élite, emprendedor, inversor y también ejecutivo en Reental, una empresa de tokenización inmobiliaria. ¿Cómo se conectan todas esas etapas?
Aunque puedan parecer mundos distintos, para mí están profundamente conectados. El baloncesto me enseñó disciplina, orientación a resultados en equipos obligados a ganar todas las competiciones, visión a largo plazo, gestión de la presión y trabajo en equipo. En la empresa y en la inversión sucede algo muy parecido: hay que tomar decisiones con información incompleta, asumir riesgos calculados y mantener el foco incluso cuando el entorno es complejo. En Reental aplicamos exactamente esa mentalidad competitiva, pero puesta al servicio de la innovación y de la creación de valor sostenible.
Cuando te presentas en conferencias o actos, sueles decir que has tenido dos vidas.
Los deportistas de élite hemos tenido la suerte de vivir dos vidas, somos unos privilegiados. La primera es la de jugador profesional, que en mi caso empezó muy pronto: fiché de niño por el Barça, firmé a los doce años y con 16 ya estaba en el primer equipo compitiendo al máximo nivel. Luego vinieron el Joventut, el Panathinaikos y diez años con la selección española, con Juegos Olímpicos incluidos. Esa vida es muy bonita porque tienes reconocimiento, ganas dinero, compites por títulos y vives en una especie de burbuja. Pero un día se acaba. Yo me retiré con 35 años y, de repente, esa primera vida se cierra de golpe. Ahí empieza la segunda, la vida real, en la que tienes que reinventarte, tomar decisiones y construir un futuro.
¿Eras consciente de que esa primera vida tenía fecha de caducidad?
Fui muy consciente desde joven de que la carrera deportiva tenía un final. Yo siempre he sido muy curioso con la tecnología. De adolescente, cuando en España apareció el Sinclair Spectrum, me compré uno y empecé a programar. Aquello me abrió un mundo: no solo jugaba, sino que utilizaba el ordenador para hacer mis propios programas y diseñar lo que llamo mi autoplan financiero. Como no existían hojas de cálculo, me monté mis propias herramientas para calcular cuánto ganaba, cuánto gastaba, en qué invertía y cómo podía planificar mi futuro económico.

Mientras mis compañeros viajaban con la Game Boy; yo iba con uno de los primeros portátiles que salieron que pesaba unos tres kilos”
¿Eras el único en el vestuario con esa inquietud?
Muchos compañeros iban con la Game Boy en los viajes con el equipo. Yo, en cambio, me compré uno de los primeros portátiles, que pesaban unos tres kilos. Lo llevaba en una bolsa enorme y en los aviones o en los hoteles me ponía a programar, a crear mis propias hojas de cálculo, mis bases de datos y mis modelos de control financiero. Teníamos asesores, representantes, abogados, pero yo quería entenderlo todo, decidir con criterio y no delegarlo ciegamente en nadie.
¿Cómo encajaba esa inquietud con tu etapa de formación académica?
En casa siempre me insistieron en que tenía que estudiar y aprobar. No era un empollón, pero sí era muy consciente de que el baloncesto y los estudios tenían que ir juntos. Cuando estaba en el Barça, fui al CESC en Barcelona, donde coincidí con otros deportistas del club, como Tito Vilanova, que fue compañero mío de clase, y otros jugadores de baloncesto y de fútbol. Por las mañanas teníamos clase, luego por la tarde iba a la residencia Blume de deportistas donde comía y descansaba antes de ir a los entrenamientos del Barça. Vivía en Santa Coloma y me levantaba a las seis de la mañana para enlazar metros y autobuses. No era fácil, porque cuando tenías un viaje a Tel Aviv o a Moscú faltabas al colegio, pero eso me enseñó a organizarme, a ser disciplinado y a aprovechar cada minuto.

El deporte es una escuela brutal de valores. Aprendes a conocerte, a identificar tus puntos fuertes y tus debilidades”
¿Cuál dirías que es la lección más valiosa que te ha dejado el deporte?
El deporte, especialmente el de élite, es una escuela brutal de valores. Aprendes a conocerte, a identificar tus puntos fuertes y tus debilidades. El optimismo es fundamental: a lo largo de una temporada tienes lesiones, derrotas, finales perdidas, pero también remontas, ganas títulos y te levantas una y otra vez. También desarrollas una capacidad enorme de adaptación, tanto a entrenadores muy distintos como a contextos de presión máxima. Y luego está el compromiso con el equipo y el famoso “entrenamiento invisible”: esas pequeñas rutinas que nadie ve, pero que marcan la diferencia. Yo, por ejemplo, hacía cada día ejercicios específicos para fortalecer los dedos y mejorar el tacto de tiro. Pequeñas cosas repetidas de forma constante generan grandes cambios. Esa filosofía la aplico hoy a las inversiones, a la gestión de empresas y a la formación: cada día puedes hacer algo, aunque sea pequeño, que mejore tu proyecto.
¿Cómo se produce el salto de jugador profesional a empresario?
Todo fue una evolución lógica de lo que había ido haciendo como jugador. Durante mi carrera, a nivel financiero siempre me planteaba lo mismo: si tú, por ejemplo, ganas 10 y con 3 puedes vivir, los otros 7 los tienes que ahorrar e invertir. Empecé con inversión inmobiliaria y, cuando aparecía una buena oferta, vendía aunque me dijeran que “el ladrillo nunca baja”. Luego llegó la famosa burbuja tecnológica del 99 al 2002 y ahí tuve alguna inversión bancaria que me fue mal. Eso me preocupó tanto que, en vez de limitarme a hacer caso al banco, me puse a estudiar análisis financiero y renta variable en serio durante dos años para poder negociar, entender y recuperar lo perdido. Lo conseguí y esa experiencia llamó la atención de UBS, un banco suizo que me fichó para crear un departamento de Sports & Entertainment. Ellos me dijeron: “Lo que has hecho contigo mismo, queremos que lo hagas con otros deportistas y artistas”. Es gente que gana mucho dinero en periodos muy cortos.

Disfruto especialmente de imaginar cómo será el futuro y tratar de anticiparme”
Hoy estás implicado en múltiples proyectos tecnológicos y de inversión. ¿Qué es lo que más disfrutas de esta etapa como empresario y emprendedor?
Disfruto especialmente de imaginar cómo será el futuro y tratar de anticiparme. Cuando era joven, ya hacía cosas muy disruptivas para la época: compré uno de los primeros IBM XT, probaba sintetizadores de voz, hacía videoconferencias rudimentarias cuando aquí casi nadie sabía lo que era eso y programé mi primera web en los años noventa. Más tarde descubrí el blockchain, que al principio generaba mucha desconfianza, y entendí su potencial más allá del Bitcoin, en ámbitos como la tokenización y la inversión inmobiliaria. También me interesé muy pronto por la computación cuántica y he tenido la suerte de trabajar con físicos teóricos de primer nivel para crear proyectos de consultoría en tecnologías cuánticas. Y llevo años invirtiendo en inteligencia artificial. Hago conferencias e imparto formación, y también escribo libros. Y a todo esto, el deporte nunca lo dejo.
¿Cuándo descubres el potencial del blockchain y, en concreto, de la tokenización inmobiliaria?
Hace casi una década empecé a estudiar el impacto del blockchain y entendí que su alcance iba mucho más allá del Bitcoin. Del mismo modo que internet transformó la información, el blockchain está transformando la confianza. La tokenización inmobiliaria lo permite, ya que incide directamente uno de los grandes problemas históricos del sector: la falta de liquidez y el acceso restringido solo a grandes patrimonios. Reental es un claro ejemplo de cómo esta tecnología se puede llevar al mundo real con rigor y transparencia. La compañía ha demostrado una enorme capacidad de crecimiento y generación de confianza, con decenas de miles de usuarios de más de 100 países, y más de 100 proyectos tokenizados en España, Estados Unidos, Emiratos Árabes Unidos, Republica Dominicana, México o Argentina. Y con una rentabilidad media atractiva para el inversor. En Reental, vi un modelo empresarial sólido, donde se democratiza el acceso a la inversión inmobiliaria, se reduce la intermediación y se aumenta la transparencia del sistema. Todo a través de una plataforma digital muy fácil de utilizar.
Mirando al futuro, ¿qué impacto crees que tendrá la tokenización en la economía global?
Estamos ante una transformación estructural. La tokenización no solo cambia cómo invertimos, cambia cómo entendemos la propiedad, el acceso al capital y la eficiencia de los mercados. Igual que internet democratizó la información, el blockchain y la tokenización están democratizando la inversión. Y esto no ha hecho más que empezar.
Hablas mucho de anticipar tendencias. ¿Cuál dirías que es el gran reto que viene ahora?
Uno de los mayores retos es dotar a la inteligencia artificial de una capa sólida de ética y de humanidad. La velocidad a la que está evolucionando es enorme: en dos años ha avanzado lo que internet en treinta. Eso genera oportunidades espectaculares, pero también riesgos que hay que gestionar bien. Además, toda esta revolución exige cantidades de energía y capacidad de cómputo enormes, donde la computación cuántica jugará un papel fundamental. También me hace mucha ilusión el proyecto de una liga mundial de inteligencia artificial conjuntamente con Neqia, en Tenerife, y la Harbour Space Institute of Technology, que tiene un campus en Barcelona, además de Estados Unidos y Bangkok. Y como no, el proyecto de tokenización inmobiliaria en Reental, con los que estoy involucrado.
Uno de los mayores retos es dotar a la inteligencia artificial de una capa sólida de ética y de humanidad”
Con todo lo que has hecho, ¿qué te queda por hacer en los próximos años?
Por encima de cualquier proyecto, para mí lo más importante ahora mismo es compatibilizar todo este mundo profesional con la familia: con mi mujer, mis hijos y mis nietos. Soy abuelo y eso te coloca las prioridades en su sitio. Me siento un privilegiado.
Lecciones de Vanguardia
Ferran Martínez, exjugador de baloncesto y empresario
“Que no se rindan y que no dejen nunca de formarse y aprender. Que no pierden la curiosidad para mejorar. He vivido situaciones límites en el deporte profesional y en el mundo empresarial y la constante siempre ha sido la misma: disciplina, adaptabilidad y visión a largo plazo. Que no se obsesionen en crecer rápido, sino crecer de manera sólida. La lección más importante que he aprendido es que el éxito viene de ser constante y de rodearte de los mejores talentos posibles”.
