Historias de éxito

Proximidad, comunidad y diseño: el coworking de Barcelona que impulsa proyectos y talento desde el Eixample

Loft 153

Loft 153 es un ecosistema que integra coworking, eventos y formación en tres espacios conectados

Loft 153, un espacio pensado para convivir, trabajar y hacer pausas dentro de un mismo lugar

Loft 153, un espacio pensado para convivir, trabajar y hacer pausas dentro de un mismo lugar

Cuando Martina Muises habla de Loft 153 suele decir que el proyecto es “hijo de la pandemia”. La frase resume bien una historia que empezó muchos años antes, entre Barcelona y Buenos Aires. Española de nacimiento, vivió casi una década en Argentina y, al regresar, descubrió un concepto que empezaba a despegar: el coworking. Le atrajo desde el primer momento. Quería trabajar desde dentro para entender el modelo, ver cómo funcionaba una comunidad y aprender qué hacía especial a esos espacios que combinaban trabajo, vínculos y creatividad. Lo consiguió: entró en un coworking y pasó casi cinco años allí, hasta convertirse en space manager y mano derecha del fundador.

Aquella etapa fue su verdadera escuela. “En ese coworking aprendí lo que me gustaba y lo que no del modelo”, recuerda Martina Muises, que en la actualidad es la cofundadora de Loft 153. Esa mezcla de aprendizaje práctico, contacto diario con perfiles muy distintos y la intuición de que podía hacer las cosas a su manera es lo que la empujó a dar el siguiente paso. En plena pandemia, mientras el sector se preguntaba si la oficina compartida tenía futuro, ella decidió abrir su propio espacio.

Acceso al espacio de coworking, integrado en el tejido urbano y concebido como lugar de trabajo y encuentro
Acceso al espacio de coworking, integrado en el tejido urbano y concebido como lugar de trabajo y encuentro

Loft 153 levantó la persiana el 2 de noviembre de 2020, todavía con la sombra de un posible segundo confinamiento. “El lunes que abríamos no sabíamos si iba a haber otro cierre. Fueron meses lentos, la gente quería salir de casa, pero también tenía mucho respeto a compartir espacio”, concreta Martina. Aun así, poco a poco empezó a formarse una primera comunidad de personas que necesitaban romper con el teletrabajo en solitario. Ese primer grupo, paciente y prudente, fue la semilla de todo lo que vendría después.

Con el tiempo, el proyecto fue creciendo de forma tan orgánica como meditada. Al principio, Loft 153 nació con “corazón de coworking”, pero a medida que los usuarios pedían nuevas cosas —más capacidad, formatos de evento, actividades— el equipo fue dando respuesta. “Siempre decimos que hemos crecido de una manera muy orgánica porque ha sido a demanda. Donde veíamos que repetíamos demasiado el ‘no’, buscábamos alternativas”, describe. Así llegaron las peticiones para eventos más grandes y con grupos mayores que el primer local no podía acoger. La solución fue dar el salto a un segundo espacio y, más tarde, a un tercero.

Al estar a pie de calle llamamos mucho la atención. Los locales son bonitos, agradables, y eso marca la diferencia frente a una oficina convencional

En la actualidad, Loft 153 cuenta con tres ubicaciones en la misma manzana del Eixample, cerca de la intersección entre Consell de Cent y Viladomat. No es solo una casualidad inmobiliaria, sino que refuerza la idea de ecosistema. Un local está dedicado a coworking y oficinas; otro combina coworking con salas para talleres y actividades y el tercero se centra en eventos. “Me gusta explicarlo como si fuera un hotel: tienes una recepción donde se concentra todo, pero luego están los apartamentos, las habitaciones y las suites repartidas en la misma zona”, apunta Muises.

Más allá del reparto funcional, hay dos rasgos que se repiten en los tres espacios: están a pie de calle y el diseño está cuidado hasta el último detalle. Eso convierte cada local en un escaparate. “Al estar a pie de calle llamamos mucho la atención. Los locales son bonitos, agradables, y eso marca la diferencia frente a una oficina convencional”, señala la cofundadora. De hecho, uno de los principales canales de captación son las personas que pasan por delante y entran a preguntar. El otro gran canal es Google Maps, lo que confirma que la mayoría de usuarios buscan alternativas cerca de casa.

Espacio de coworking de Loft 153, con una propuesta que prioriza la comodidad y la experiencia del usuario
Espacio de coworking de Loft 153, con una propuesta que prioriza la comodidad y la experiencia del usuario

La pandemia redibujó el coworking: del nómada digital al vecino que busca proximidad

La pandemia no solo impulsó el nacimiento de Loft 153, también cambió el perfil del usuario de coworking. “Antes estaba muy vinculado al freelance y al nómada digital. Con la pandemia, esos perfiles se replegaron en casa y apareció un nuevo usuario: gente a la que mandaron a trabajar desde casa, con hijos, pareja o simplemente con ganas de separar espacios”, define Martina. Ese nuevo usuario ya no elige por sector profesional, sino por proximidad.

Por eso, el hilo conductor de la comunidad de Loft 153 es el barrio. Hay padres que trabajan media jornada para dedicar las tardes a sus hijos, expats que invierten en vida social, profesionales jóvenes y seniors, empleados en remoto a los que su empresa paga el puesto y autónomos de todo tipo. “La frase que más se repite es: ‘quiero salir de casa, estoy cansada/o de trabajar solo/a’”, resume. Ese deseo de mezclar rutina productiva y contacto humano es el terreno donde mejor se mueve el proyecto.

Área de descanso del coworking, diseñada para ofrecer comodidad en momentos de pausa
Área de descanso del coworking, diseñada para ofrecer comodidad en momentos de pausa

Con el tiempo, el coworking se ha quedado corto como etiqueta. Hoy Martina prefiere definir Loft 153 como un ecosistema que integra coworking, espacio de eventos y un club de emprendedores. Esta última es una de las piezas clave: quienes se apuntan no pagan solo por una mesa, sino por un programa de formaciones y workshops semanales. “El miembro del club es emprendedor. Viene a trabajar su proyecto y lo hace acompañado”, argumenta.

Esa filosofía ha permitido que la membresía trascienda la ciudad. Aunque la base está en Barcelona, ya hay miembros que viven en Valencia o Andorra y participan sobre todo en las formaciones online. El objetivo es que la propuesta del club no dependa exclusivamente de estar físicamente en el Eixample, sino de sentirse parte de una comunidad que empuja los proyectos hacia delante.

En paralelo, la vertical de eventos ha crecido con fuerza. Con el tercer local han pasado de encuentros de 30 o 40 personas a eventos de 80 asistentes, con barra propia, catering y un equipo de producción reforzado. Loft 153 también ha dado un paso más con su participación en ferias como Bizbarcelona, donde llevaron a once proyectos del club para presentarlos junto a la marca.

De cara a los próximos años, la prioridad es consolidar lo construido. “Venimos de abrir el tercer local hace muy poco; 2026 será un año de asentar bien esta estructura y encontrar el funcionamiento real de las tres verticales”, relata la cofundadora. Al mismo tiempo, tiene la mirada puesta en Andorra, un ecosistema emprendedor que le despierta curiosidad: su idea es empezar a tender puentes en eventos, pero sin perder de vista que la base operativa seguirá en Barcelona.

Lecciones de Vanguardia

Martina Muises, fundadora de Loft 153

“Siempre trabajar con mucha humildad es lo que garantiza seguir aprendiendo y sorprendiéndote en el camino. Emprender no es un proceso académico, sino más bien un sentimiento, una emoción, algo que nace con propósito y da igual el nombre del proyecto que haya atrás”.

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