La gente ya no quiere solo un cambio de look en la peluquería, ahora busca sentirse cuidada: “Sin continuidad se pierde el valor del servicio”
Peluquería & Belleza
Sara Rabaneda ha construido un proyecto basado en la especialización, el cuidado del cabello y la divulgación a través de nuevos formatos

El salón de Sara Rabaneda está concebido como un espacio de atención personalizada, donde cada servicio se adapta al cabello y a la persona
El olor a productos, el sonido de las tijeras y el ir y venir de clientes han acompañado a Sara Rabaneda desde que era una niña. Su abuelo fue barbero y su familia ha estado ligada a la peluquería durante generaciones, incluso en momentos difíciles como la Guerra Civil, cuando el negocio familiar logró sobrevivir y mantenerse abierto. “Yo he estado en una peluquería desde chiquitita, jugando entre peines y sillones. Es algo que he visto toda la vida”, recuerda.
Durante la adolescencia, sin embargo, intentó tomar distancia de ese camino. No por falta de interés, sino por una necesidad de no empezar a trabajar demasiado pronto. Fue su abuelo quien terminó empujándola a formarse y a sacarse el título profesional. A partir de ahí, el recorrido ya no se detuvo. Tras pasar por distintos salones y acumular múltiples experiencias, Sara Rabaneda empezó a detectar que su inquietud iba más allá de la técnica. “No era solo el trabajo de cara al público, sino cómo se gestionaban los equipos, cómo se trataba a las personas y cómo se vivía el día a día dentro del salón”, explica.

Con el tiempo, su proyecto fue encontrando su espacio en el mercado. En su caso, el color —especialmente los rubios— y el cuidado de la salud capilar. “Puedes ser peluquero, pero no tienes que hacerlo todo. Igual que un restaurante no tiene una carta con comida asiática e italiana a la vez, yo prefiero centrarme en lo mío y hacerlo bien”, defiende.
Ese enfoque se materializa en Dear Hair, el salón desde el que Sara Rabaneda desarrolla su proyecto en la calle Martín de los Heros, 75, en la zona de Moncloa-Argüelles, en Madrid.
Ese enfoque también define el tipo de clientela. Mujeres de distintas edades, muchas de ellas jóvenes, con melenas largas y trabajos técnicos exigentes. El color es un proceso químico que requiere tiempo, precisión y una atención constante al estado del cabello. “Son tratamientos agresivos en el sentido técnico. Por eso hay que trabajarlos con mucha paciencia y delicadeza, cuidando bien la fibra”, señala.
En esa apuesta por la especialización y la calidad, Sara Rabaneda trabaja en su salón con marcas premium como Arkhé, una firma reconocida por su enfoque tecnológico en cosmética capilar. Una elección alineada con su manera de entender el servicio, basada en la atención personalizada, el asesoramiento técnico y la adaptación de cada color y cada técnica a las características de cada cliente.
Cuando alguien pasa por un momento complicado va a la peluquería para cortar, soltar y empezar de nuevo
Más allá del resultado visual, la peluquería se convierte muchas veces en un espacio emocional. Cambios vitales, rupturas, momentos de desgaste personal... “La parte emocional siempre está presente en el momento de cambiarse el look”, comenta, para añadir que para ella el cabello tiene una carga simbólica clara. “El pelo almacena recuerdos. Cuando alguien pasa por un momento complicado, muchas veces lo primero que hace es ir a la peluquería para cortar, soltar y empezar de nuevo”.
Esa dimensión emocional forma parte del trabajo diario y explica por qué muchas decisiones capilares no responden solo a una moda o a una tendencia, sino a procesos personales profundos.

La irrupción de las redes sociales ha cambiado la relación entre profesionales y clientes. Por un lado, han ayudado a visibilizar el trabajo técnico y a generar más conciencia sobre lo que implica un buen servicio. Por otro, han multiplicado la desinformación. “Hay más conciencia, sí, pero también mucha mala información. Cada cabello es un ADN distinto y lo que le vale a una persona no le vale a otra”, advierte.
La comparación constante con referentes digitales y soluciones aparentemente universales obliga a los profesionales a ejercer también una labor pedagógica, explicando límites, procesos y tiempos.
Esa necesidad de educar y acompañar llevó a Sara Rabaneda a ampliar su proyecto más allá del salón. Hace cinco años lanzó una línea de vitaminas capilares en formato gominola, pensadas para cuidar el cabello desde dentro. Una alternativa a los productos cosméticos tradicionales, enfocada en el crecimiento y la salud futura del pelo. “Lo que ya está crecido, está hecho. A mí me interesaba cuidar lo que viene después”, explica.
Además de reforzar el crecimiento del cabello, estas vitaminas propias también contribuyen al cuidado de la piel y las uñas, completando un enfoque integral del bienestar capilar.
El siguiente paso llegó el pasado verano con Por los pelos, un podcast divulgativo en el que aborda el cabello desde distintas perspectivas y junto a otros profesionales especializados. Un formato poco habitual en el sector, con el que Sara Rabaneda ha sido de las primeras profesionales en apostar por este formato como espacio específico para hablar de cabello y peluquería desde dentro. Extensiones, pelo rizado, cabello afro o incluso la energía que se transmite en el trato directo con el cliente. “Quiero dar visibilidad al peluquero, que se entienda que detrás de un peine hay formación, experiencia y mucha especialización”, señala.

El gran reto: crear y sostener equipo
En los últimos años, el equipo se ha convertido en uno de los grandes retos de su trayectoria. La dificultad para consolidar personas, la rotación constante y la falta de continuidad afectan tanto al negocio como a la experiencia del cliente. “Antes la gente buscaba estabilidad. Ahora quieren aprender rápido e irse. Se llevan trucos, pero no experiencia”, lamenta.
De cara a este año, su principal objetivo es consolidar el salón como un proyecto que no dependa de una sola persona. Crear un equipo estable, formado y alineado con una misma filosofía de cuidado real del cabello, donde cada profesional tenga su espacio y pueda crecer también en valor y visibilidad dentro del sector. Una mirada que se extiende más allá del día a día del salón y que encuentra en Por los pelos una herramienta para dar voz y reconocimiento al oficio del estilista y del peluquero.
Lecciones de Vanguardia
“Si alguien quiere emprender, le diría que se lo piense muy bien. Emprender es una montaña rusa y, sin paciencia y amor por lo que haces, es muy difícil sostener el proyecto”.
