Así es “la casita del terror” de Julio Iglesias, un refugio exclusivo en Punta Cana entre bungalows de lujo y acceso bajo autorización expresa
Lugar de los hechos
Relatos de presuntas agresiones sexuales en las propiedades caribeñas del artista más vendido de todos los tiempos sitúan el foco en su hermético estilo de vida

Julio Iglesias en 2011, en una imagen de archivo.

El mito empañado. Desde que elDiario.es diera voz a una investigación conjunta con Univisión Noticias, el nombre de Julio Iglesias ha quedado vinculado a testimonios de extrema gravedad. El artista latino más exitoso de la historia, con más de 300 millones de copias vendidas y una fortuna estimada en 630 millones de euros, enfrenta ahora el relato de una quincena de empleados. Las acusaciones principales provienen de dos mujeres, una empleada doméstica y una fisioterapeuta, que trabajaron en régimen interno para el intérprete de La vida sigue igual. Ambas describen un escenario de abusos que rompe la imagen de galán internacional que el madrileño ha cultivado durante décadas en sus retiros dorados de ultramar.
La investigación, publicada el 13 de enero de 2026, detalla que los hechos se habrían producido en 2021, cuando el cantante tenía 77 años. La empleada de servicio, que entonces contaba con 22 años, define su estancia en las mansiones de República Dominicana y Bahamas como un “ambiente de control, acoso y terror”. En sus declaraciones, asegura haber sido forzada a mantener encuentros sexuales con el empresario, describiendo “penetraciones, bofetadas y vejaciones físicas y verbales”. El testimonio es crudo: “Me usaba casi todas las noches [...] Me sentía como un objeto, como una esclava”, relata sobre unas agresiones que, presuntamente, ocurrían al finalizar su jornada laboral.
“La casita del terror”
Un complejo de bungalows de difícil acceso donde imperaba el control absoluto sobre el servicio doméstico
La residencia de Punta Cana, epicentro del escándalo, es una construcción de 450 hectáreas en la exclusiva urbanización Los Corales. Diseñada para fusionar las culturas española, balinesa y antillana, la finca cuenta con una mansión principal de siete dormitorios, ocho baños y el estudio de grabación Las Cuatro Lunas. El complejo se divide en varios bungalows rodeados de vegetación frondosa y una piscina central, configurando un recinto de seguridad extrema. Según testigos de la agencia EFE, el acceso a la zona está estrictamente restringido y requiere una autorización expresa. Fue en este entorno donde una de las víctimas acuñó el nombre de “la casita del terror” para referirse al drama vivido tras los muros.

El control sobre el personal era, según las denunciantes, sistemático y asfixiante. Durante la pandemia, el cantante supuestamente solo permitía días libres tras tres meses de trabajo ininterrumpido sin salir de la villa. La segunda denunciante, su fisioterapeuta personal, sostiene que el artista la besó y tocó sus pechos contra su voluntad en áreas comunes como la playa privada o la piscina. “Estábamos en la playa y él se acercaba y me tocaba los pezones”, relata. Estas conductas habrían ocurrido bajo el conocimiento de las encargadas de la gestión del hogar, aunque una de las superioras señaladas ha calificado estas acusaciones de “patrañas”, defendiendo el respeto del cantante hacia las mujeres.
La Fiscalía de la Audiencia Nacional de España ya ha movido ficha, abriendo diligencias el pasado 5 de enero para analizar la denuncia formal presentada contra el artista. Mientras tanto, la comunidad de Punta Cana, que debe gran parte de su desarrollo turístico a la inversión de Iglesias y sus socios como Óscar de la Renta, asiste con estupor al desmantelamiento de la privacidad del autor de Me olvidé de vivir. Lo que antes eran anécdotas sobre su obsesión por la higiene o el envío de cargamentos de fruta desde Bahamas, ahora son pruebas de un aislamiento que, según las víctimas, facilitaba la impunidad de los abusos.

El búnker de Bahamas
La hermética mansión de Lyford Cay donde el cantante reside como un ermitaño alejado de su familia
El patrimonio inmobiliario de Julio Iglesias se extiende también a las Bahamas, concretamente a Lyford Cay, una comunidad privada en la isla de Nueva Providencia. Si la casa de Punta Cana es conocida por sus reportajes fotográficos, la de Bahamas es un absoluto misterio. Se trata de un enclave de 1.130 hectáreas donde residen fortunas como los Bacardí o los Niarchos. Allí, el artista vive de forma casi ermitaña, alejado de su mujer, Miranda Rijnsburger, y de sus hijos, establecidos en Indian Creek, Miami. Es en este refugio donde la fisioterapeuta también denuncia haber sufrido un aumento en las exigencias y tocamientos por parte del cantante, quien apenas sale de la propiedad.
Esta propiedad de Bahamas cuenta con una decoración sencilla, piscina interior y otro estudio de grabación donde trabajó con Ramón Arcusa. Es el lugar que el artista eligió para “evitar al psiquiatra”, pero que hoy se suma a la lista de escenarios bajo sospecha judicial. Los testimonios de las empleadas han sido contrastados con profesionales de la salud que trataron sus secuelas y con documentos que acreditan su relación laboral. Con la investigación en curso y el testimonio de una quincena de trabajadores, el imperio del único español en la lista Forbes de los más ricos se enfrenta a su crisis más profunda, marcada por la sombra de la violencia sexual en sus paraísos privados.