El complejo presente de Luis Font, el fundador de Locomía que hoy en día sobrevive realizando actuaciones en el metro: “Mi hermano me está ayudando”
Nueva realidad
Luego de alcanzar la gloria mundial entre abanicos y hombreras, el iniciador de la emblemática banda reside actualmente en una zona periférica de Madrid contando con el apoyo de sus allegados.

Luis Font en la actualidad, en una imagen de redes sociales.

No son pocas las figuras reconocidas de nuestro país que han señalado que, en el ámbito de la fama, no todo lo que brilla es oro. La industria del espectáculo, frecuentemente implacable y olvidadiza, ha relegado a Luis Font, figura fundamental en el nacimiento de Locomía, de vuelta al punto de partida. El artista, quien junto a su hermano Xavier Font estableció las bases de una estética que encantó a personalidades como Freddie Mercury, vive hoy una situación definida por la inseguridad económica y la espera de una segunda oportunidad que aún no logra concretarse en los medios tradicionales.
Font volvió a presentarse el martes 9 de febrero en el espacio Y ahora Sonsoles de Antena 3 con el fin de compartir una vivencia que oscila entre el recuerdo de los recintos abarrotados y la realidad del transporte subterráneo. Su historia no pretende generar lástima, sino dar a conocer la situación de un profesional creativo que, frente a la falta de oportunidades en el sector, ha optado por mostrar su capacidad artística en el metro. Aquel individuo que llegó a cantar frente a 60.000 asistentes en certámenes mundiales como Viña del Mar, en Chile, halla actualmente su plataforma entre conexiones de líneas y abonos de transporte.
La necesidad me impulsó a cantar en el
De los grandes estadios al suburbano madrileño por obligación económica
La incursión de Luis en el metro de Madrid no fue una decisión artística, sino una reacción inmediata a la escasez de oportunidades tras su regreso a la capital en 2024. El artista reveló que llegó a Madrid con el propósito de reavivar su carrera, pero se topó con un muro de indiferencia. “Empecé a cantar en el metro por necesidad”, señaló el músico en ese entonces al extinto Socialité de Telecinco, reconociendo que durante los primeros días experimentó un “miedo escénico” inédito para alguien con su historial. Sin embargo, esta vivencia le ha permitido reconectar con un público que le brinda algo más que monedas.

En dichos comentarios, Font recalcaba que encontró un “montón de ángeles” en los usuarios que cotidianamente le brindan estima y reconocimiento. Para el iniciador de Locomía, su naturaleza se mantenía constante: “No puedo dejar de ser quien soy; soy este y siempre lo voy a ser, en el metro o donde sea”. Pese a haber pasado por circunstancias de severa fragilidad, llegando a dormir en la vía pública anteriormente, el músico sostenía percibir ahora una “felicidad absoluta” al desplegar sus abanicos frente a los viajeros del suburbano.
Un reciente periodo de trabajo, caracterizado por el sonido de los altavoces en las terminales, representa su fuente de ingresos cotidiana. El creador comentaba asimismo que el vínculo directo con los ciudadanos le ha devuelto la esperanza, apartándolo de los lúgubres sucesos que acontecieron tras su desvinculación forzada del grupo en los años 90. Aquel distanciamiento no fue solo de carácter laboral, sino afectivo, dañando los lazos con sus allegados y arrastrándolo a una fase de autodestrucción de la que, según manifiesta, ha podido recuperarse.
He dado con el mismo hermano.
El restablecimiento familiar como impulso de su sanación individual
El cambio más trascendental en la vida actual de Luis Font es, sin duda, la reconciliación con su hermano Xavier. Tras años de alejamiento y acusaciones públicas —en las que Luis llegó a responsabilizar a Xavier de su caída personal—, ambos han establecido una tregua fundamental. “Mi hermano me está ayudando. Me acaba de mandar un traje de Locomía para ponerme en el metro porque sabe que lo más feliz me hace es poder ponerme esa ropa y lo ha hecho con tanto amor”, ha afirmado ahora en el programa de Sonsoles Ónega, conmovido en su última aparición televisiva.

Esta asistencia no solo es moral, sino también práctica, con el envío de ropa y fondos para satisfacer sus necesidades esenciales mientras busca estabilizar su situación económica. El reencuentro pone fin a un prolongado período de tensiones que se originó cuando Luis fue excluido del grupo musical que él mismo contribuyó a fundar. La reconciliación parece haber curado heridas antiguas: “Demasiado tiempo alejados. Mi hermano es también maravilloso. He encontrado al mismo hermano que tenía con 16 años”, señaló el cantante en diálogo con los colaboradores del programa de Atresmedia.
De esta manera, el apoyo de su familia se ha vuelto el sustento básico para un Luis que, aun con los problemas, rehúsa dejar el abanico, seguro de que, mediante el auxilio de sus parientes y su firme voluntad, aún resta mucho por avanzar.