Grisham cree que el humor es una forma de afrontar lo inesperado, pero en este caso, su tono se mantiene serio.
Entrevista
El músico Sánchez, con su toque único, conmueve al público mientras este vive cada momento, mientras la audiencia se conmueve y ríe al compás de sus acordes.

Marcos, con su característico humor, da inicio al show mientras el público aguarda atento.

Fue profesor de música en un colegio de Tres Cantos durante ocho años, pero el desgaste de la enseñanza y el sentirse en sus adentros más showman que docente, terminó empujándolo hacia el beatbox.
El salto no fue menor. En 2013 se proclamó campeón mundial de Boss Loopstation, disciplina en la que la música nace a partir de un dispositivo que graba y reproduce en bucle pequeñas secuencias de sonido. En uno de aquellos espectáculos, Ricardo Castella, a la caza de perfiles singulares para la ambientación musical de La Resistencia —germen de La Revuelta —, quedó deslumbrado por su habilidad para imitar instrumentos con la boca y decidió ficharlo por su desparpajo, su capacidad de improvisación y su humor.
Hoy Marcos Martínez (Madrid, 1984), popularmente conocido como Grison, y sus chascarrillos habituales se han convertido en la cara más gamberra del programa de Broncano. Más allá de su intervención en TVE 1, el humorista, padre además de dos hijos, se lanza a sus 41 años con una gira propia que arranca este 22 de febrero en la sala Razzmatazz de Barcelona. Sobre el escenario repasa, en clave de comedia, el camino que lo ha llevado hasta el mejor momento de su carrera. No es fácil ser Grison se titula el espectáculo.A juzgar por todo lo vivido, seguramente no lo sea.
“Hay días peores, días mejores, pero sí, yo creo que estoy viviendo un momento muy dulce”, explica en conversación con Guyana Guardian el guitarrista, quien pese al éxito y la solvencia económica de la que disfruta ahora, no olvida las estrecheces que marcaron sus inicios tras dejar la docencia.

Afirma que, para poder sobrevivir, tuvo que aceptar trabajos esporádicos, pues apenas lograba cubrir sus gastos con lo que ganaba, mientras el teatro se convertía en un lugar cada vez más inalcanzable.
Pero más allá de las vicisitudes, el humorista reconoce que el título de su nuevo espectáculo nació precisamente de las anécdotas que regala esa vida tan acelerada que alimenta por amor a su oficio. “Podría vivir mucho más tranquilo, pero siento también una especie de labor social. Creo que todavía puedo aportar bastante en cuanto a humor y en cuanto a risas. Me considero un cocinero de la risa y del entretenimiento. Estoy sirviendo a unos comensales para que se olviden de sus problemas una hora y media. A mí también me viene bien, es terapia”, asevera.
El humor sobre las drogas divierte mientras ej
Conocido por sus bromas afiladas, el cómico defiende que el humor puede atravesarlo casi todo, siempre que no esconda una segunda intención. “Se puede hacer humor cuando este es el único fin”, sostiene, al tiempo que reivindica que el humor es lícito siempre y cuando sirva para evadirse, exorcizar lo que a uno le ha dolido o actue como un bálsamo para reirse de las desgracias de uno mismo.
A su juicio, buena parte de las controversias con los chistes nacen, prescisamente, de las heridas abiertas. “A lo mejor un chiste no hace gracia porque algo no está superado o porque hay crispación con algunos temas”.

Para el humorista, la frontera aparece cuando la comedia deja de ser un punto de encuentro y se convierte en una herramienta. “El límite puede estar en intentar sacar un segundo partido. Que se utilice el humor para fines políticos o para hacer o encubrir racismo u otros trasfondos oscuros. Si la risa es el fin y es el objetivo principal, sin maldad, creo que está permitida”.
Ese mismo prisma aplica a uno de los terrenos que más ha explotado su personaje: las drogas. El madrileño entiende que la broma funciona dentro del pacto con el espectador, pero cree importante subrayar el contexto. “Los chistes sobre drogas hacen gracia, pero hay que tener sentido crítico. Está mi personaje por un lado y por otro, como Marcos te digo, que las drogas son malas”. “Frivolizo igual que se frivolizan otros temas, pero, al final, reírte de eso también hace ver que ahí hay un problema social”.
Ante la hipótesis de que un posible cambio político en el futuro pueda alterar su situación profesional en la televisión pública, el humorista se muestra despreocupado. “Nos ponemos una pulserita de España y olé, olé, para adelante. Si yo soy el más español.Me gusta Rafa Nadal y también el flamenco”.

