Una de las últimas chamanas de Siberia murió hace unos 250 años y era hija de parientes de segundo grado
Arqueología
La mujer fue enterrada en el permafrost con un vestido rojo de lana y un tradicional sombrero 'ushanka'

La chamana yakut tenía 30 años cuando murió en el siglo XVIII

Siberia es uno de los entornos más extremos de la Tierra. El frío glacial llega a todos los rincones de sus densos bosques y ríos, con temperaturas que pueden alcanzar los 60º bajo cero y feroces depredadores luchando por su supervivencia. Y a pesar de estas duras condiciones climáticas, los Yakutia hicieron de este paraje su hogar.
Estas comunidades con raíces túrquicas y mongoles siguen siendo actualmente el grupo indígena más grande de Siberia, concentrándose principalmente en la República de Sajá. Mantienen una cultura adaptada al frío extremo (caza, ganadería de caballos y renos, vida en yurta) y tradiciones como el chamanismo.
Expansión imperial rusa
Pese a sobrevivir a miles de peligros constantes, hubo un hecho que les cambió la vida: los años de expansión imperial rusa iniciada por los cosacos en el siglo XVI. Aunque cambiaron algunas de sus costumbres, los yakutos lograron mantener su esencia genética, según revela un estudio publicado en la revista Nature.
Investigadores de la Universidad de Toulouse y el CNRS han analizado 122 individuos excepcionalmente bien conservados en el permafrost que fueron enterrados entre los siglos XIV y XIX, y que revelan una notable estabilidad a pesar de importantes transformaciones culturales.

“Los cuerpos estaban tan intactos que pudimos realizar autopsias similares a las que realizan los forenses. Además de los cuerpos, su ropa y joyas también sobrevivieron intactas”, apuntan los especialistas.
Los rusos llevaron a Siberia los cereales, los patógenos y el cristianismo a partir de 1632. Lo que no lograron fue romper, a diferencia de lo que pasó en la conquista hispánica de América, los hábitos de los nativos, cuyo origen genético se remonta a los siglos XII y XIII.
Las prácticas matrimoniales de los Yakutia generalmente mantenían, por ejemplo, una baja consanguinidad. Pero hay un caso que ha llamado la atención de los expertos. Una mujer enterrada con un vestido de lana roja era hija de padres estrechamente emparentados, familiares de segundo grado. Y no sólo eso.
Tras 15 años de excavaciones, los arqueólogos descubrieron que el chamanismo tradicional se practicó hasta bien entrado el siglo XVIII, mucho después de que Rusia intentara cristianizar a los yakutos. Y esta persona, que tenía 30 años cuando murió hace más de 250 años, podría ser una de las últimas chamanas yakut.

El grado de parentesco de sus padres significa que podían ser medio hermanos, tío/a y sobrina/o, o incluso abuela/o y nieto/a. Fue enterrada en un ataúd de tronco hallado en un yacimiento situado en la parte central de la República de Sajá. Vestía varias capas de ropa, incluyendo un sombrero ushanka tradicional y calentadores de cuero hasta los muslos.
Además del atuendo rojo hecho con lana importada, su ajuar tenía características de los chamanes indígenas, como un accesorio llamado “cinturón de novia”. Cerca de allí, los expertos encontraron una fosa con tres esqueletos de caballos, uno de los cuales tenía objetos con diseños que coincidían con el vestido de la mujer.

En la época en que fue enterrada esta persona, que descendía de un poderoso clan, el cristianismo estaba en auge en Siberia gracias a los colonos rusos, que llegaron atraídos por el lucrativo comercio de pieles. Pero algunos grupos yakutas se habían resistido a esos cambios, siguiendo fieles a sus tradiciones, incluido el chamanismo.
El entorno siberiano, excepcionalmente duro e inadecuado para la agricultura de cereales a gran escala, impidió establecer enormes asentamientos rusos. Las autoridades coloniales dependían de las poblaciones locales e incluso integraron a segmentos de la élite yakuta en la estructura imperial.

Los investigadores encontraron otras sepulturas de chamanes en la misma área, aunque ningún otro presentaba consanguineidad en sus padres. Por eso los especialistas galos creen que era necesario ese grado de parentesco para convertirse en hechicero de la tribu.
“Probablemente representa un intento de su clan por preservar las tradiciones espirituales ancestrales ante la creciente cristianización”, señala en un comunicado Éric Crubézy, director de la Misión Francesa en Siberia Oriental.
Microbioma sorprendentemente estable
Por otro lado, los arqueólogos también analizaron el microbioma oral de los yakutos mediante el análisis de los dientes y la placa dental de las momias.
Lo que encontraron es que esos microorganismos que viven en la boca de una persona se mantuvieron sorprendentemente estables peses a la introducción de alimentos como la cebada, el centeno y el tabaco por parte de los rusos.

