Historia contemporánea

“Desde Truman hasta Trump, el portaaviones ha sido la herramienta preferida por los presidentes de EE. UU. Para proyectar poder aéreo y capacidad de combate”

Gigantes de acero

Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos ha utilizado estos grandes buques como un pilar de su poderío militar. Kissinger los describía, con cierta sorna, como “cien mil toneladas de diplomacia”

Vista del portaaviones USS Abraham Lincoln

Vista del portaaviones USS Abraham Lincoln

US Navy / EFE

Los portaaviones USS Abraham Lincoln y USS Gerald Ford han sido la punta de lanza del ataque estadounidense contra Irán iniciado el pasado 28 de febrero. No ha sido ninguna novedad estratégica, ya que, desde hace ochenta años, Washington despliega estos grandes buques cuando quiere dejar claro que defenderá sus intereses hasta las últimas consecuencias.

Antes del inicio de los bombardeos, Arabia Saudí y Emiratos Árabes aseguraron que no permitirían que Estados Unidos empleara las bases situadas en sus respectivos territorios para atacar a Irán. En un contexto como ese, los portaaviones, que no dejan de ser bases flotantes, cobran mayor importancia, si cabe.

Todo imperio ha tenido unidades militares que han simbolizado su poder –el romano con sus legiones o el español con sus tercios, por citar dos ejemplos–; en el caso de EE. UU., este rol lo cumplen los portaaviones, ya que permiten a Washington proyectar su poder allí donde considere necesario, sin depender en exclusiva de las bases terrestres.

Por lo tanto, no es casualidad que la US Navy sea la reina indiscutible de los portaaviones. En el mundo operan unos cincuenta navíos de este tipo, de los cuales once tienen bandera de EE. UU. Todos ellos son de propulsión nuclear y cada uno puede transportar unas ochenta aeronaves para todo tipo de misiones: reconocimiento, cazas, bombardeos, guerra electrónica, lucha antisubmarina…

El siguiente país en la lista es China, con solo tres portaaviones de propulsión convencional, cada uno de los cuales con la mitad de capacidad aérea que sus contrapartidas estadounidenses, aproximadamente.

Pioneros de entreguerras

Aunque ahora los portaaviones sean los reyes de los mares, sus inicios fueron complicados. Nacieron en las primeras décadas del siglo XX a la sombra de los acorazados, el principal músculo de las armadas por aquel entonces. En la Primera Guerra Mundial, tuvieron un papel muy discreto, y, durante los años veinte y treinta, parecía que iban a tener un rol secundario en las flotas de guerra.

En el caso de la US Navy, el 20 de marzo de 1922, operó su primer portaaviones, el USS Langley, un antiguo carbonero reconvertido. Tardaría doce años en tener el primer buque de este tipo, el USS Ranger, diseñado específicamente para realizar misiones con aeronaves.

El portaaviones USS Ranger en la década de los 30
El portaaviones USS Ranger en la década de los 30Dominio público

En los años de entreguerras, fueron surgiendo algunos visionarios que auguraban un rol más importante para estos navíos. Los más destacados estarían en los bandos opuestos del futuro frente del Pacífico de la Segunda Guerra Mundial.

En Japón, Isoroku Yamamoto, artífice del ataque a Pearl Harbor, fue uno de los pioneros en concebir los portaaviones como la herramienta clave en una futura guerra naval. Mientras que, del lado estadounidense, destacó el almirante William Moffett, que insistió en que la US Navy tuviera capacidad para proyectar poder aéreo en las grandes distancias en el Pacífico.

La Segunda Guerra Mundial en ese frente oceánico consagró el rol de los portaaviones, que protagonizaron cinco de las batallas más decisivas de ese teatro: Mar del Coral, Midway, Salomón Orientales, Santa Cruz y mar de Filipinas.

¿Por qué esos navíos fueron los nuevos reyes de la guerra aeronaval? “El portaaviones se convirtió en el buque dominante en el mar porque podía atacar a mayor distancia y con más persistencia que los acorazados”, explica a Historia y Vida Steven Wills, experto en estrategia naval del think tank estadounidense Center for Maritime Strategy.

Reválida en Corea

EE. UU acabó el conflicto mundial con más de cien portaaviones de diversas clases en su arsenal: de flota (los más grandes), ligeros, de escolta… Una vez derrotado Japón, y con la URSS con una armada relativamente pequeña, algunas voces pusieron en duda la utilidad de esos grandes buques, pero una de las primeras grandes crisis de la Guerra Fría demostró que eran profecías fallidas.

Según explica Wills, “el portaaviones pasó a ser un instrumento clave en las crisis internacionales post-1945 gracias a su papel en la guerra de Corea”. Este analista recuerda que, en aquella contienda, “las principales bases aéreas aliadas en Corea fueron invadidas por las fuerzas comunistas en algún momento”, por lo que las operaciones aéreas desde el mar se volvieron vitales.

El portaaviones USS Boxer frente a las costas de Corea, 1953
El portaaviones USS Boxer frente a las costas de Corea, 1953Dominio público

A Corea le siguieron muchas otras crisis internacionales en la Guerra Fría, y, a partir de entonces, señala Wills, “desde Truman hasta Trump, el portaaviones ha sido la herramienta preferida por los presidentes de EE. UU. Para proyectar poder aéreo y capacidad de combate”.

Para corroborar las palabras de este experto, solo hay que ver el rol que tuvieron los portaaviones para disuadir a China cuando amenazó con invadir Taiwán en varias ocasiones. La simple presencia de estos buques fue suficiente para que Beijing cancelara sus planes.

Un sinfín de ventajas

Fuera de Asia, los portaaviones estuvieron presentes en diversas crisis, como la del canal de Suez (1956), para disuadir a los contendientes de escalar sus acciones, o la de los misiles de Cuba (1962), donde estaban preparados para atacar las bases soviéticas en la isla.

“El portaaviones no es más que la última herramienta de la diplomacia de las cañoneras”, explica Wills. Su simple presencia en esos escenarios de tensión certificaba el compromiso de Washington: una amenaza para los enemigos y una señal de tranquilidad para los aliados.

Desde el punto de vista operativo, estos buques han aportado otras ventajas respecto a sus antecesores. Según el experto del Center for Strategy Maritime, “los acorazados solo podían bombardear ciudades portuarias; gracias a su aviación, los portaaeronaves pueden atacar objetivos en el interior del territorio y permanecer en su posición operando durante semanas”.

Wills también recuerda que todas esas ventajas se multiplicaron con la entrada en servicio de los portaaviones nucleares (el primero fue el USS Enterprise, en 1961). Este tipo de propulsión les proporciona más velocidad y autonomía para alcanzar antes las zonas de conflicto, y también “pueden transportar más combustible y municiones para la aviación, ya que no necesitan su propio fuel líquido”.

El USS Enterprise, cruzando el canal de Suez
El USS Enterprise, cruzando el canal de SuezPropias

Otra ventaja de los portaaviones relacionada con la autonomía estratégica es que EE. UU. No depende tanto de infraestructuras en terceros países. “Los portaaviones son la base aérea que siempre está lista, no necesitan derechos de sobrevuelo y pueden llegar a los puntos críticos en cuestión de días, en lugar de las semanas que se tarda en preparar posiciones terrestres avanzadas”.

Si se quieren ejemplos históricos, durante la guerra de Yom Kippur (1973), EE. UU. Prometió a Israel reemplazar los cazas que perdía en los combates con Egipto y Siria, pero ningún país mediterráneo aceptó que esas aeronaves se reabastecieran en su espacio aéreo. Para hacer llegar la ayuda a su necesitado aliado, la US Navy alineó cuatro portaaviones entre las costas norteamericanas y las del Estado hebreo; así, los aparatos podían hacer saltos entre estos buques hasta llegar a su destino.

“Cien mil toneladas de diplomacia”

Por supuesto, los portaaviones tuvieron un papel destacado en el gran conflicto de EE. UU. En los sesenta y setenta: la guerra de Vietnam. Allí, actuaban desde el golfo de Tonkín y al sureste de la bahía de Cam Ranh para atacar al régimen comunista de Hanói y brindar apoyo a las tropas estadounidenses. Unas posiciones más seguras, ya que las bases en tierra “eran objeto de frecuentes ataques”, recuerda Wills.

Más allá de los presidentes, otros líderes estadounidenses han valorado estos buques. “¿Dónde están los portaaviones?” Es una frase que solía repetir Henry Kissinger cuando se producía una crisis internacional. Durante sus años de ejercicio, además de la guerra del Yom Kippur, estos navíos se desplegaron en otras crisis, como el conflicto entre Jordania y la OLP en 1970 o la guerra indo-pakistaní de 1971.

Kissinger se refirió también a los portaaviones como “cien mil toneladas de diplomacia”, en alusión a la capacidad intimidatoria de estos buques. La ocurrencia ha tenido mucho predicamento entre la prensa estadounidense cuando quiere remarcar la capacidad militar de su país. En épocas más recientes, en su primer mandato, Trump se refirió a estos navíos como “cuatro acres y medio [casi dos hectáreas] de poderío militar y territorio soberano de los EE. UU.”.

Kissinger y el presidente Nixon discutiendo sobre la situación en Vietnam en el año 1972
Kissinger y el presidente Nixon discutiendo sobre la situación en Vietnam en el año 1972Terceros

El final de la Guerra Fría y la llegada de nuevos desafíos geopolíticos han mantenido la utilidad diplomática de estos grandes barcos. Tras el acercamiento en los años setenta, el hundimiento de la Unión Soviética revivió la tensión entre Washington y Beijing. En 1996, China realizó ejercicios militares cerca de Taiwán en vísperas de sus elecciones. El objetivo del régimen comunista era presionar para que no avanzaran las opciones independentistas en la isla.

EE. UU. Envió dos portaaviones al estrecho de Formosa, en la mayor demostración de fuerza naval estadounidense en Asia desde la guerra de Vietnam. China no tenía aún la capacidad militar actual, y, ante la incapacidad para responder a la presencia de la US Navy en sus costas, puso fin a sus intentos de interferir en los comicios taiwaneses.

En la actualidad, su primacía puede verse amenazada por nuevos sistemas de armas como drones o misiles hipersónicos (apodados “asesinos de portaaviones”, por su capacidad para superar la protección antiaérea de estos buques). Aunque es cierto que estos navíos han demostrado su capacidad de adaptación mejorando sus capacidades.

Según Wills, pese a los desafíos que puedan suponer estas armas, “la necesidad de tener la superioridad aérea en un conflicto no va a desaparecer en el futuro próximo”. Este experto pone el ejemplo de la actual guerra contra Irán, que “podría verse perjudicada si las naciones árabes decidieran retirar el permiso a los estadounidenses para operar desde sus bases”, un escenario que ya se produjo en el caso de Emiratos Árabes y Arabia Saudí. Ante una contingencia de este tipo, “la Armada de EE. UU. Debe mantener su capacidad de desplegar portaaviones para apoyar sus operaciones globales”.

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