Historia contemporánea

Ataques a petroleros, o cómo estrangular la economía de tu enemigo

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Los casos recientes en Ucrania y Venezuela recuerdan a los ejemplos ya vistos en algunos de los grandes conflictos del siglo XX

Estados Unidos confisca un petrolero frente a la costa de Venezuela

Estados Unidos confisca un petrolero frente a la costa de Venezuela

“La terrible máquina de guerra debe alimentarse no solo con carne, sino también con petróleo”: así verbalizó Winston Churchill, en un discurso radiofónico realizado el 22 de junio de 1941, la importancia del “oro negro” para el esfuerzo bélico contra la Alemania nazi. Desde entonces, es bien sabido que disponer o no de este hidrocarburo ha sido un factor estratégico de primer orden.

Una manera de estrangular el vital suministro de crudo del enemigo ha sido atacar o apresar sus petroleros. Hoy en día sigue en práctica, como se ve con los ataques de Ucrania contra la “flota fantasma” de Rusia (los navíos que emplea el Kremlin para burlar las sanciones internacionales) y con los abordajes por parte de la armada de EE. UU. A tanqueros con hidrocarburos venezolanos.

Las palabras de Churchill solo certificaron que la Segunda Guerra Mundial fue el primer conflicto donde el suministro del petróleo tuvo una importancia capital para ambos bandos. Tanto el Eje como los Aliados dedicaron importantes esfuerzos a cortar las fuentes de suministro de esta materia prima a sus enemigos y, en particular, realizaron destacadas campañas de ataques a petroleros.

Dentro de los ataques a convoyes aliados en la batalla del Atlántico, los submarinos alemanes fijaron a los petroleros entre sus objetivos prioritarios. Por sus ecos, que pueden recordar a la actualidad, vale la pena fijarse en las operaciones Redoble (Paukenschlag) y Nuevo Territorio (Neuland), protagonizadas por los sumergibles de Hitler en el Caribe y el golfo de México a partir de la entrada de EE. UU. En la contienda.

Submarino alemán (U-Boot) armado y preparado para atacar
Submarino alemán (U-Boot) armado y preparado para atacarGetty Images

El almirante Karl Dönitz, comandante en jefe de los U-boote, ordenó priorizar los ataques a los petroleros en esas dos zonas porque eran uno de los principales puntos de suministro de petróleo para el esfuerzo bélico aliado.

En los seis primeros meses de 1942, los submarinos alemanes hicieron gala de su legendaria eficacia, y en la operación Redoble hundieron 129 tanqueros, mientras que en Nuevo Territorio enviaron a pique naves aliadas por un equivalente de 905.000 toneladas, de las que un 57% correspondían a transportes con estas materias primas.

Por su parte, la marina estadounidense se mostró poco preparada para contrarrestar la amenaza alemana bajo las aguas. Incluso el presidente Roosevelt tuvo que reconocer esto a comienzos de 1942: “Mi armada ha sido negligente en la preparación para esta guerra submarina frente a nuestras costas”.

El petróleo que se exportaba desde Venezuela –principal vendedor de crudo mundial en 1939– fue un objetivo prioritario de los submarinos del Tercer Reich. Los U-boote acosaban a los barcos que salían de Maracaibo con destino a las refinerías aliadas en lugares del Caribe como Aruba, Curaçao o Trinidad (que también fueron atacadas).

Dos 'U-boote' capturados en Noruega, en 1945
Dos 'U-boote' capturados en Noruega, en 1945Dominio público

La eficacia alemana llegó a tal punto que algunas tripulaciones de los petroleros se amotinaron si no les garantizaban una mejor escolta antisubmarina entre Maracaibo y las refinerías. Además, en abril de 1942, la administración Roosevelt ordenó que todos los tanqueros se quedasen en puerto hasta que pudieran desarrollarse mejores estrategias de protección.

En primavera, con los ataques alemanes desatados en el Caribe, el gobierno de EE. UU. Estimó que, si seguía el ritmo de pérdidas, se provocaría una escasez de combustible que dificultaría la continuación de la guerra. El desarrollo de mejoras en las tácticas antisubmarinas y en el sistema de convoyes permitió a los Aliados revertir estas pérdidas a partir de 1943.

Los petroleros no solo fueron víctimas, sino que también se convirtieron en símbolos de resistencia. Fue el caso del buque estadounidense SS Ohio, que formó parte de la famosa operación Pedestal en 1942, el convoy de ayuda a la estratégica isla de Malta. El navío fue alcanzado por un submarino italiano y un bombardero alemán. Tras estos ataques quedó inmovilizado y con su casco a punto de partirse.

Pero tres destructores y un dragaminas de la escolta del convoy lo remolcaron hasta el puerto de La Valeta, donde entró el 15 de agosto. Allí pudo entregar su carga de combustible, que fue vital para que los aviones y submarinos británicos siguieran operando desde Malta, punto clave para las campañas en el Mediterráneo y el norte de África.

La sed del Sol naciente

EE. UU. Tomó buena nota de las tácticas alemanas y utilizó ataques similares contra Japón en el Pacífico, sabiendo que la necesidad de petróleo era el talón de Aquiles del Imperio del Sol naciente.

Para mantener su maquinaria militar, Tokio dependía de las importaciones de petróleo desde las Indias Orientales Neerlandesas (actual Indonesia). De hecho, los submarinos estadounidenses rivalizaron en eficacia con los alemanes, incluso los superaron en algunos momentos, como demostrarían con el estrangulamiento económico del archipiélago nipón.

Submarino japonés hundido en la Segunda Guerra Mundial frente a Hawái
Submarino japonés hundido en la Segunda Guerra Mundial frente a HawáiPropias

Los capitanes de los sumergibles norteamericanos recibieron órdenes de priorizar el ataque contra los buques que transportasen hidrocarburos, sabedores que la falta de petróleo era el punto débil japonés (y uno de los factores que había propiciado sus conquistas en Asia). En los cinco primeros meses de 1944, el arma submarina de EE. UU. Hundió 21 petroleros.

En diciembre de ese mismo año, el submarino USS Flasher hundió tres petroleros en un solo ataque y los escoltas no reaccionaron, creyendo que habían entrado en un campo de minas.

El USS Flasher, durante la Segunda Guerra Mundial
El USS Flasher, durante la Segunda Guerra MundialDominio público

Los submarinos no fueron la única arma de los aliados para acosar a los petroleros. Los portaaviones fueron letales en el mar del sur de China, en enero de 1945, ruta de paso de convoyes con materias primas vitales. El día en el ataque al convoy Hi-86, las aeronaves estadounidenses hundieron ocho petroleros junto a seis mercantes, y otros cuatro tanqueros fueron enviados a pique ese mismo día en ataques cercanos.

Solo en ese mes de operaciones en el mar del sur de China, los portaaviones estadounidenses hundieron un tercio del total de la flota de petroleros que le quedaba a Japón en ese momento. La eficacia de los ataques aéreos se explica en buena medida porque los pilotos bombardeaban a la altura del mástil, lo que garantizaba una mayor precisión. Una táctica que podían emplear gracias a que estos navíos no tenían una gran defensa antiaérea.

Los ataques aéreos a las rutas de suministros de hidrocarburos y otros recursos se complementaron con el minado de los puertos en el propio archipiélago nipón como parte de la operación Hambruna, un asedio aeronaval en toda regla que pulverizó la capacidad militar del país asiático.

Sobre la eficacia de esta operación, un análisis de las Fuerzas Aéreas estadounidenses dejó claro a principios de 1945 que, para Japón, “toda esperanza de resistencia futura dependía del petróleo y, por entonces, los tanqueros habían sido hundidos y el suministro de crudo cortado”.

Si se quieren ver cifras globales del daño causado a este tipo de transportes, Japón disponía en 1943 de una flota de estos navíos que sumaba 853.000 toneladas. EE. UU. Y sus aliados lograrían hundir casi el 70% al final de la guerra.

La guerra de los petroleros

Los petroleros volvieron a ser un objetivo clave en otro de los grandes conflictos del siglo XX, el de la guerra Irán-Irak (1980-1988). Con el fin de romper el estancamiento en el frente, los dos bandos recurrieron a los ataques a estos barcos, así como otras infraestructuras petrolíferas, para dañar la economía del adversario y lograr una ventaja estratégica.

Estos ataques fueron bautizados como la “guerra de los petroleros”. Irak también quería que el régimen de Teherán acabara cerrando el estrecho de Ormuz y así provocar una intervención internacional. Además, Bagdad perdió varias terminales importantes al principio y recurrió a buques de Arabia Saudí y Kuwait para exportar su crudo.

Buques hundidos durante la guerra entre Irán e Irak
Buques hundidos durante la guerra entre Irán e IrakDominio público

La respuesta iraní fue atacar a estos petroleros de las monarquías del golfo Pérsico. Ante la escalada en aquellas aguas y por petición kuwaití en 1987, EE. UU. Lideró la operación Voluntad Sincera. Su objetivo era proteger las exportaciones de crudo y evitar la influencia soviética en la región, ya que Moscú también se mostró dispuesto a enviar barcos de guerra para detener los golpes.

La Armada estadounidense recibió ayuda de naves de Francia y Gran Bretaña, que, como habían hecho en la Segunda Guerra Mundial, confiaron en los convoyes para proporcionar una protección más eficaz a los petroleros.

Pronto comenzaron los incidentes militares entre fuerzas estadounidenses e iraníes. Teherán recurría a todo tipo de tácticas para hostigar a los petroleros, como ataques con lanchas rápidas o el minado de las rutas marítimas.

El 14 de abril de 1988, la fragata Samuel B. Roberts chocó con una de estas minas y quedó dañada de consideración, y diez de sus marineros resultaron heridos. EE. UU. Lanzó una represalia militar contra las fuerzas navales iraníes en el golfo Pérsico, la operación Mantis Religiosa, la acción naval más importante de la US Navy desde la Segunda Guerra Mundial.

Operación Mantis Religiosa. La fragata iraní IS Sahand arde tras una ofensiva aérea estadounidense de represalia en abril de 1988
Operación Mantis Religiosa. La fragata iraní IS Sahand arde tras una ofensiva aérea estadounidense de represalia en abril de 1988Dominio público

A pesar de la gran repercusión mediática, las operaciones iraquíes e iraníes nunca interrumpieron más del 2% del total de buques que transitaban por el golfo Pérsico. Iraquíes e iraníes atacaron unos 290 barcos de este tipo, y unos 50 quedaron inoperativos, aunque muy pocos acabaron en el fondo del mar, ya que los superpetroleros demostraron ser más resistentes que sus “antepasados” en la Segunda Guerra Mundial.

Aunque los cascos de los navíos más grandes podían resistir el impacto de minas y misiles, para dejar inoperativos a los petroleros, iraníes e iraquíes atacaron los puentes de mando y los compartimientos de la tripulación. El resultado fue que en los ocho años de conflicto murieron unos 400 tripulantes de estas embarcaciones.

El futuro dirá si los focos de tensión actuales en Venezuela y con la flota fantasma escalan a conflictos más serios, pero lo cierto es que el transporte marítimo de hidrocarburos sigue siendo una importante arteria que cortar a la hora de dañar a un país enemigo. 

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