Jack Weatherford, historiador y antropólogo: “La estrategia marítima actual de China sigue las mismas rutas que las de la dinastía de Kublai Kan”

Edad Media

El poder marítimo chino en el siglo XIII guarda importantes paralelismos con la situación geopolítica actual en el Pacífico, como cuenta este especialista, autor del libro 'El emperador de los mares'

El historiador y antropólogo británico Jack Weatherford, autor de ‘El emperador de los mares’ (Ático de los Libros)

El historiador y antropólogo británico Jack Weatherford, autor de ‘El emperador de los mares’ (Ático de los Libros)

© William Struhs

La República Popular de China acaba de poner en servicio su tercer portaaviones, la armada también tiene una presencia cada día más activa en el Pacífico (con roces periódicos con sus vecinos) y el país se consolida como la principal economía exportadora naval del planeta. Este auge marítimo no es una novedad, tiene un referente histórico en el siglo XIII con la dinastía Yuan.

El volumen El emperador de los mares (Ático de los Libros), del historiador y antropólogo Jack Weatherford, nos lleva a la China de aquella dinastía, conformada por los gobernantes mongoles. Entre ellos destaca Kublai Kan, nieto del gran Gengis –al que el autor también dedicó una biografía de referencia– y quien supo convertir una potencia terrestre en la dueña de las rutas marítimas.

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“Cuando los mongoles conquistaron China, esta ya era una gran potencia mercantil, pero el comercio marítimo se realizaba principalmente en barcos extranjeros procedentes de la India, Java, Arabia y Persia”, así empieza Weatherford sus explicaciones a Historia y Vida sobre los paralelismos en el auge naval del gigante asiático en estas dos épocas.

El autor también recuerda que, antes de la conquista mongola de principios del siglo XIII, “la dinastía Song del Sur ya contaba con la armada más grande del mundo, pero se trataba estrictamente de una armada defensiva destinada a proteger los ríos y la costa”.

'Una fiesta elegante', pintura que retrata un pequeño banquete en la dinastía Song

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Dominio público

Cuando Kublai Kan asumió el poder, “transformó el poder naval chino de defensivo a ofensivo”, apunta Weatherford. Este mandatario puede que no fuera un gran guerrero o estratega como su abuelo, pero tenía alrededor personas muy capaces a las que sabía escuchar cuando le daban buenos consejos, en opinión del experto en la Mongolia medieval. El asesor responsable del auge naval tiene un nombre concreto: el general Aju, descendiente de un gran lugarteniente de Gengis Kan.

Pese a ser guerreros de las estepas centroasiáticas, los mongoles fueron hábiles incorporando novedades a su manera de combatir. Según recuerda Weatherford, este pueblo de jinetes “veían los barcos como simples carros flotantes utilizados para transportar personas y mercancías por el agua, pero tenían un talento especial para convertir cualquier cosa que se moviera en un arma”.

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Así lo demostraría el general Aju, que utilizó los barcos para montar armas de asedio que lanzaran enormes rocas, granadas y otros dispositivos incendiarios. De este modo, se pudo atacar desde el mar los últimos reductos de la dinastía Song en el sur y así superar sus fortificaciones, pensadas para protegerse de un ataque por tierra. “Entonces, los oficiales y soldados mongoles también comenzaron a valorar el uso de barcos en la guerra”, concluye el autor.

Muy pronto, los mongoles fijaron sus objetivos de conquista en otros lugares como Vietnam, Java o Japón entre 1274 y 1293. Aunque la ocupación de estos territorios no pudo realizarse, porque los guerreros de la estepa descubrieron que podían atacar enclaves concretos, pero que aún les faltaba pericia para comandar grandes armadas en mares y océanos.

Samuráis japoneses suben a bordo de barcos mongoles en 1281

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Dominio público

Estos otros territorios de Asia se libraron del yugo mongol, pero Kublai Kan “se dio cuenta de que, aunque no podía conquistar tierras lejanas, dominaba el mar. Nadie podía comerciar sin su consentimiento”, explica el autor de El emperador de los mares.

El comercio más efectivo que la guerra

De todas formas, tal y como recuerda el propio Weatherford, “los barcos de guerra no se convierten fácilmente en grandes buques de carga. Para ampliar su flota mercante, los mongoles aprendieron de los comerciantes, en particular de los musulmanes, que llevaban siglos navegando hasta los puertos mongoles”.

Esta conversión tiene otro nombre propio, Pu (de origen árabe o persa) quien poseía la flota mercante más grande en el siglo XIII y ofreció su servicio a los mongoles cuando vio que estos iban a derrotar a la dinastía Song. “Una vez más, Kublai fue capaz de elegir a las personas adecuadas, reconocer su talento y utilizarlas para sus propios fines”, puntualiza este experto.

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“La dinastía Song ya había convertido a China en la fábrica del mundo, pero solo controlaba la producción, no la distribución. Kublai amplió la producción china y la combinó con el control de la distribución”, remarca Weatherford en su explicación de este auge económico del Imperio del Centro en aquellos siglos.

Este control de la distribución también impulsó el desarrollo comercial chino en el siglo XIV. Como explica el historiador británico, “el color de las telas o las cuentas de vidrio se adaptaba a las preferencias de los distintos mercados locales, y en cada zona se necesitaban diferentes tipos de cerámica”. Por ejemplo, los adornos de productos destinados a países musulmanes se diseñaban en función de sus creencias religiosas, sin imágenes de humanos o animales.

Kublai Kan recibiendo regalos.

Kublai Kan recibiendo regalos

Dominio público

Según detalla Weatherford en su libro, los mongoles también añadieron diseños ornamentados a la porcelana china, que hasta entonces era monocromática, favoreciendo el verde claro. Así, durante la dinastía Yuan, estas piezas incorporaron el color azul brillante con complejos diseños florales, y este se convirtió en el patrón más común por el que todavía se conoce hoy en día la porcelana china.

El final del dominio mongol sobre China llegó en 1368, cuando la dinastía Ming se hizo con el poder. La preponderancia marítima se mantuvo durante más de medio siglo, con los viajes del famoso Zheng He como punto álgido. Pero las disputas internas acabaron con este poder naval hacia la década de los años veinte del siglo XV.

Según Weatherford, el fin del poder naval fue consecuencia de las ambiciones de los eunucos en la corte imperial: “Eran rivales de los líderes militares que controlaban la armada y denunciaron los gastos que implicaban las expediciones marítimas en el extranjero”. El historiador sigue con su relato de este cambio de época diciendo que estos cortesanos “no solo lograron poner fin a los viajes por mar, sino que también destruyeron todos los barcos e incluso los registros de la actividad marítima pasada”.

Por último, Weatherford recuerda que “los emperadores Ming no tenían nada que temer del mar, allí no había rivales. Pero sí que recelaban de ataques de los mongoles desde el norte; así que, en lugar de utilizar el dinero para crear una gran armada, construyeron la Gran Muralla con un enorme gasto de tesoro y mano de obra”.

Imperio y república, ¿vidas paralelas?

La China de los siglos XIII y XIV convertida en potencia comercial mundial y dispuesta a dominar los mares puede recordar mucho a la actual. Los Yuan culminaron un proceso de unificación de este país asiático y entonces pudieron mirar a los océanos cercanos para extender su poder. Weatherford ve similitudes con la República Popular: “Durante el siglo XX, China recuperó gradualmente el control de su territorio como un imperio tradicional basado en la tierra, pero a medida que el país se enriqueció, los líderes volvieron a mirar hacia el mar”.

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Terceros

Según el historiador, la República Popular “sigue prácticamente las mismas rutas que los barcos de la dinastía Yuan, pero la China moderna se ve, hasta ahora, impedida de expandirse ampliamente hacia el este, hacia el Pacífico”. Y detalla estos problemas: “Se encuentra bloqueada por una serie de países con estrechos vínculos y bases estadounidenses: Filipinas, Guam, Taiwán, Japón y Corea del Sur”.

Precisamente el clima de pugna naval actual es una de las diferencias en las que Weatherford incide más. Considera que, bajo Kublai Kan, “China fue la mayor potencia marítima del momento”, pero, como diferencia con el siglo XXI apunta que “la armada mongola no tuvo grandes rivales en el mar. Hoy en día, Estados Unidos sigue siendo una potencia oceánica mucho más fuerte que la República Popular”, y señala como los intentos de Pekín por reforzar su armada despiertan recelos en Washington.

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A partir de aquí el autor del libro sobre Kublai Kan señala otras diferencias. Por ejemplo, recuerda que los mongoles primero tuvieron una armada de guerra poderosa y luego desarrollaron la marina mercante. En cambio, la República Popular, a finales del siglo XX, “creó primero un sólido sistema de distribución basado en una enorme flota de buques comerciales”, y ha sido en las primeras décadas de la presente centuria cuando Pekín ha apostado por modernizar su poder militar marítimo.

El destino del poder marítimo medieval chino quedó escrito con el cambio de políticas de la dinastía Ming. En la pugna actual entre la República Popular de China y Estados Unidos, Weatherford considera que “el resultado es incierto. El próximo capítulo de la historia en el Pacífico está esperando a ser escrito”.

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