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Hitler despreciaba a los periodistas, pero a la vez los necesitaba

Entre libros

Así fue la relación del dictador con la prensa extranjera, de desdén y de interés simultáneos. Lo explica Lutz Hachmeister en el muy interesante ensayo 'Entrevistando a Hitler' 

Periodistas en la Cancillería del Reich, 1933.

Periodistas en la Cancillería del Reich, 1933.

Álbum

El historiador y periodista alemán Lutz Hachmeister comienza su excelente investigación destacando un rasgo crucial de la personalidad del dictador austríaco: Adolf Hitler hablaba por los codos. Tanto los periodistas que lo entrevistaron como los biógrafos que lo han estudiado coinciden en subrayar la “incesante verborrea” del líder nazi, su “catarata verbal”, su tendencia a convertir cualquier conversación en un monólogo. Daba igual que se tratara de una entrevista especialmente tensa o de una distendida charla de sobremesa: todo lo transformaba en un mitin.

¿Cómo entrevistar, se pregunta Hachmeister, a alguien que ignoraba por completo a sus interlocutores y se irritaba cuando estos osaban interrumpirle? Para dificultarlo aún más, a Hitler no le gustaban las entrevistas, ya fueran de aliados ideológicos o de periodistas procedentes de países democráticos controlados, según él, por el “judaísmo internacional”. 

A pesar de ello, como se detalla en el libro, el líder nazi concedió un gran número de entrevistas, principalmente por dos razones: una estratégica, para difundir su mensaje y lavar su imagen de cara al exterior, y otra económica, ya que, al menos hasta 1933, el partido nazi exigía una retribución por ellas. La conclusión que sacaron muchos reporteros es que Hitler era mucho más hábil seduciendo a las masas que a los entrevistadores.

Entrevistando a Hitler se estructura en varios capítulos organizados según la nacionalidad de los periodistas. Cada uno de ellos se divide a su vez en tres fases temporales: las entrevistas al “Mussolini bávaro” en los años veinte; las realizadas al líder del pujante movimiento nazi a comienzos de la década de 1930; y las concedidas por el canciller de Alemania a partir de 1933. Destacan, por su cantidad, las entrevistas con medios norteamericanos y británicos; las de los periodistas franceses, por la especial animadversión que sentía Hitler hacia su “enemigo histórico”; y con los de la Italia fascista, claves para entender la configuración del eje Berlín-Roma.

Ernst Hanfstaengl, ferviente nazi de primera hora, abandonó el partido y Alemania tras su pugna con Joseph Goebbels 
Ernst Hanfstaengl, ferviente nazi de primera hora, abandonó el partido y Alemania tras su pugna con Joseph Goebbels Otras Fuentes

Además, el volumen incluye dos capítulos particularmente interesantes. Uno es el dedicado a los agentes de prensa Ernst “Putzi” Hanfstaengl y Karl Bömer, dos personajes fascinantes que desempeñaron un papel fundamental en la relación de Hitler con la prensa internacional (del primero se publicó recientemente una excelente biografía novelada, Putzi. El confidente de Hitler, Seix Barral, 2022). El otro se centra en las entrevistas falsas, entre las que se encuentra la que supuestamente realizaron, el mismo día de la intentona golpista de 1923, dos periodistas que acabarían convirtiéndose en referentes de las letras catalanas: Eugeni Xammar y Josep Pla.

Entrevistando a Hitler

Lutz Hachmeister

Madrid: Libros del K.O. 
432 pp. 24,90 €

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