Entre un pomposo resonar de trompetas entraron los Presidentes Obama y Medvedev en la Sala Española del Castillo de Praga. Eran las 12,30 y en pocos segundos se firmaba el documento de reducción de armamentos estratégicos, un asunto verdaderamente histórico, dijo el Presidente ruso. Obama fue menos grandilocuente. Es sólo un paso en un largo viaje, dijo. El Presidente repitió la frase más importante de su discurso del año pasado en esta misma ciudad, aquél en el que mencionó un mundo sin armas nucleares. La frase fue la siguiente: es una meta a largo plazo que no veré en mi vida, dijo. Al mismo tiempo, añadió, en el futuro habrá más reducciones de armas nucleares tácticas y estratégicas, tanto las desplegadas como las no desplegadas.
Esa promesa fue lo más notable y esperanzador, porque, efectivamente, lo que se firmó ayer es muy modesto, pero al mismo tiempo es un regreso a la negociación sobre desarme entre los dos países que concentran el 90% del potencial nuclear militar del mundo, lo que abre alguna perspectiva. En números lo de ayer es una reducción de una tercera parte en las cabezas nucleares desplegadas. Si hoy Rusia tiene 2600 y Estados Unidos 2100, a siete años vista a partir del momento de su ratificación en la Duma rusa y el Senado de EE.UU, cada parte deberá limitarse a un techo de 1550, con 700 misiles (terrestres, submarinos y aéreos) preparados para su uso, y un límite máximo de 800 portadores, incluidos los que estén en almacén, lo que supone una reducción del 50%, señala la declaración oficial.
En esencia, la promesa de Obama de un ulterior desarme, mayor y más completo, reconoce el núcleo del problema: que el acuerdo de Praga concierne sólo a las armas estratégicas (de largo alcance) desplegadas, es decir operativas y dispuestas para su uso inmediato, no al conjunto del arsenal. Y la diferencia entre lo que se tiene desplegado y presto, y lo que está en el almacén como reserva, es bien fina, una cuestión de minutos. Además, tampoco afecta a las armas nucleares tácticas, de menor potencia y alcance. Algunas cuentas de la reducción se parecen al timo de la estampita: bombarderos estratégicos B-1 y B-2, capaces de portar hasta 20 armas nucleares se contabilizan como una sola arma ¿No convierte eso a los de Praga en un acuerdo de segunda categoría? En conversación con este diario, el Viceministro de Exteriores ruso Sergei Ryabkov, un negociador clave de este acuerdo, citó el límite de portadores para negar que estemos ante algo de segunda categoría.
Según él, el límite de 800 portadores disminuye el potencial de reconvertir lo almacenado en operativo y desplegado. Los rusos no se hacen ninguna ilusión sobre un mundo sin armas nucleares. Los excesos de Estados Unidos en los años noventa, con la guerra de Yugoslavia, el avance de la OTAN hasta sus fronteras en ruptura de lo pactado con Gorbachov, así como la activa presencia de su antiguo adversario en Asia Central y Transcaucasia, les ha hecho unos completos cínicos. En Moscú se está modernizando el arsenal nuclear, con nuevos submarinos, misiles y bombarderos estratégicos, y se ve este acuerdo como poco más que una oportunidad para mejorar las relaciones bilaterales.
Por su parte Obama quiere tener este acuerdo ratificado en el Senado para las elecciones de medio mandato del próximo noviembre. Su nueva doctrina militar nuclear, que ni siquiera renuncia al primer uso, como hacía su homóloga soviética hace 30 años se concebía el arma nuclear como un recurso de respuesta ante un ataque nuclear- o como hace hoy la doctrina de China, sugiere bien ausencia de ambición, bien impotencia ante el enorme poder de sus militares. A cambio de este modesto acuerdo de desarme el Presidente, que ha excluido el gasto militar de la política general de austeridad presupuestaria, les ha dado a los generales el mayor aumento en el presupuesto para armas nucleares aunque no para crear nuevas- y no ha cancelado la provocativa defensa antimisiles en Europa.
Obama abandonó en septiembre el escudo antimisiles de Bush en Polonia y Chequia para trasladarlo meses después a lo que parece lo mismo, ahora en Rumania y Bulgaria. Aun así, los observadores consideran complicada la ratificación de este acuerdo en el Senado y no excluyen una derrota de Obama, lo que dice mucho sobre la situación. En el acuerdo de Praga se reconoce la relación entre el escudo antimisiles y el potencial estratégico, que el primero puede anular, pero se hace en términos muy vagos. Por eso, los rusos han introducido una cláusula que afirma que el acuerdo quedará anulado, si Estados Unidos aumenta su capacidad antimisiles.
Hay que ser muy optimista para dar por buena una situación en la que, a veinte años del fin de la guerra fría, las potencias aun disponen de miles de innecesarias armas nucleares capaces de destruir varias veces toda vida en el planeta. El acuerdo ruso-americano firmado ayer confirma que la contribución del Norte a la no proliferación global es muy pobre.
El presidente de EE.UU., Barack Obama (izq) y su homólogo ruso, Dmitri Medvédev, firman el nuevo acuerdo de desarme nuclear en el Castillo de Praga (República Checa)
El presidente ruso, Dmitry Medvedev, y su similar de la República Checa, Vaclav Klaus, en el momento en que llegaban al Castillo de Praga
El presidente de EE.UU., Barack Obama, saluda desde la puerta del Air Force One a su llegada al aeropuerto Ruzyne de Praga (República Checa) para firmar un acuerdo de desarme nuclear con Rusia
El presidente deEE.UU. Barack Obama, con el Ministro de Relaciones Exteriores checo Jan Kohout Ministro.
El presidente estadounidense, Barack Obama (izq), conversa con su homólogo checo, Vaclav Klaus (c), a su llegada al castillo de Praga (República Checa)
El presidente estadounidense, Barack Obama, su homólogo checo, Vaclav Klaus (cen), y el presidente ruso, Dmitri Medvédev
El presidente DE EE.UU., Barack Obama, y el presidente ruso Dmitry Medvedev, antes de la firma del tratado de reducción de armamentos nucleares en el Castillo de Praga
El presidente ruso, Dmitry Medvedev, y su similar de la República Checa, Vaclav Klaus, segundos antes de arribar al Castillo de Praga
El presidente estadounidense, Barack Obama (izq), estrecha la mano a su homólogo ruso, Dmitri Medvédev (dcha), durante la firma de un nuevo acuerdo de desarme nuclear
El presidente de EE.UU., Barack Obama (izq) y su homólogo ruso, Dmitri Medvédev, firman el nuevo acuerdo de desarme nuclear en el Castillo de Praga (República Checa)
El presidente ruso, Dmitry Medvedev, y su similar de la República Checa, Vaclav Klaus, en el momento en que llegaban al Castillo de Praga
El presidente de EE.UU., Barack Obama, saluda desde la puerta del Air Force One a su llegada al aeropuerto Ruzyne de Praga (República Checa) para firmar un acuerdo de desarme nuclear con Rusia
El presidente deEE.UU. Barack Obama, con el Ministro de Relaciones Exteriores checo Jan Kohout Ministro.
El presidente estadounidense, Barack Obama (izq), conversa con su homólogo checo, Vaclav Klaus (c), a su llegada al castillo de Praga (República Checa)
El presidente estadounidense, Barack Obama, su homólogo checo, Vaclav Klaus (cen), y el presidente ruso, Dmitri Medvédev
El presidente DE EE.UU., Barack Obama, y el presidente ruso Dmitry Medvedev, antes de la firma del tratado de reducción de armamentos nucleares en el Castillo de Praga
