La gran mayoría de economistas no vemos nubarrones a la vista este 2026. Seguiremos batiendo marcas, en riqueza y, a la vez, en desigualdades. Como dijo aquel genio mexicano: las izquierdas se empeñan en luchar contra la riqueza y nadie combate de verdad la pobreza. Y así no hay quien viva.
Hay, sin embargo, un cambio esperanzador y espectacular: el aumento exponencial en la creación de fundaciones. Digamos que el altruismo empuja y se convierte en un excelente propósito de vida. La Contra empezó a mostrarnos el camino de las utopías reales. También lo leímos en “Decrecer no suena tan mal entre la ciudadanía” (Dinero, 4/I/2026).
Hablamos de la economía del bienestar y del concepto de adaptarse a una disposición limitada de energía y bienes. Algo difuso, comprometido y solidario que crece con fuerza en Estados Unidos y el Reino Unido.
Es como volver a lo de que el más rico es el que menos necesita. Un cambio de paradigma y una buena noticia sin duda para nuestro ecosistema tan amenazado.
Josep Roselló Rubió
Suscriptor L’Ametlla del Vallès