Internacional

Delcy Rodríguez, la “tigresa” domesticada por Trump

Convulsión en América Latina

La dirigente venezolana ha pasado de ser la mano derecha de Maduro a presidenta del país con el visto bueno de EE.UU.

Conflicto entre EE.UU. Y Venezuela, en directo | La comparecencia de Maduro ante un tribunal federal y la última hora sobre Trump

Delcy Rodríguez, en una comparecencia en el Palacio de Miraflores

Delcy Rodríguez, en una comparecencia en el Palacio de Miraflores

Ariana Cubillos / Ap-LaPresse

Nada más conocerse que EE.UU. Se había llevado preso a Nicolás Maduro, Delcy Rodríguez sacó las garras. “Venezuela nunca será una colonia”, dijo en tono desafiante la mandataria, quien exigió la liberación inmediata del “único presidente” del país.

Pero esa fiereza duró poco.

El domingo, tras ser designada presidenta interina por el Tribunal Supremo venezolano, Rodríguez empleó un tono mucho más conciliador, invitando a Washington a trabajar conjuntamente en “una agenda de cooperación”. Música para los oídos de Donald Trump, quien, unas horas antes, había dejado claro que la mandataria contaba con su visto bueno para gobernar, para total desconcierto del movimiento opositor aglutinado en torno a la figura de María Corina Machado. “Ella está esencialmente dispuesta a hacer lo que consideramos necesario para hacer Venezuela grande de nuevo”, dijo el republicano.

El giro retórico de Rodríguez puede resultar sorprendente si se tiene en cuenta su estrecha identificación con el chavismo. No en vano, Maduro la llegó a calificar de “tigresa” por su defensa encarnizada del régimen. Sin embargo, la nueva presidenta tiene fama de pragmática, y en los últimos meses supuestamente se había ido acercando a la órbita estadounidense. El pasado octubre, el Miami Herald informó de que Delcy y su hermano Jorge –presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela y otra figura clave del chavismo– habían intentado pactar con la Casa Blanca la salida de Maduro. El tándem se presentaba como la alternativa más aceptable: sin nexos con el narco, con mano para pilotar una transición tranquila.

El reto al que ahora se enfrenta Rodríguez es mayúsculo. Por un lado, tiene que mantener la unidad del régimen, apaciguando a los sectores más radicales. Por otro, evitar el enfado de Trump, que ya ha amenazado con derrocarla si “no hace lo correcto”. Pero si algo ha demostrado hasta ahora la dirigente es su capacidad de supervivencia.

Nacida en Caracas en 1969, Delcy Eloína Rodríguez Gómez es hija del guerrillero Jorge Antonio Rodríguez, fundador de la Liga Socialista, quien murió en 1976 torturado por la policía. Aquel episodio marcó su vida: “La revolución bolivariana fue nuestra venganza personal”, diría la ahora presidenta.

Delcy Rodriguez y su hermano Jorge, en el 2023
Delcy Rodriguez y su hermano Jorge, en el 2023FEDERICO PARRA / AFP

Licenciada en Derecho por la Universidad Central de Venezuela, Rodríguez enseguida se integró en el aparato chavista, donde tuvo un ascenso meteórico. Tras pasar por el Ministerio de Exteriores, en el 2003 asumió la Coordinación General de Vicepresidencia, y de ahí fue saltando de cargo en cargo. Sin embargo, sus roces con Hugo Chávez paralizaron su progresión. “Le cuesta rendirle cuentas a un superior, tampoco cree en la disciplina y, vaya, no reconoce jerarquías”, decían de ella en un perfil publicado en el 2018 en la revista Clímax .

La llegada de Maduro supuso su espaldarazo definitivo. En el 2013 fue nombrada ministra de Comunicación; y un año después, canciller, etapa en la que protagonizó uno de sus incidentes más sonados: el intento de colarse en una reunión de Mercosur en Buenos Aires tras la suspensión de Venezuela del grupo.

En 2017, se convirtió en la presidenta de la Asamblea Constituyente promovida por Maduro para ampliar sus poderes –rol que le valió sanciones de la UE–; y al año siguiente, tras unas elecciones cuestionadas, fue nombrada vicepresidenta del Gobierno. De esta forma, se oficializaba su papel de mano derecha de Maduro.

En el 2020 se hizo cargo también del Ministerio de Economía, donde logró combatir la inflación flexibilizando algunas regulaciones. Ese mismo año, estalló el llamado Delcygate: Rodríguez hizo escala en Madrid, desafiando la prohibición de la UE de pisar territorio europeo, y se reunió con el entonces ministro de Transportes español, José Luis Ábalos, hoy caído en desgracia por el caso Koldo. Aquel encuentro generó un gran revuelo político en España.

A partir del 2024, Rodríguez todavía arañó más cuota de poder al asumir la dirección del Ministerio de Hidrocarburos. Ya nada escapaba a su control, ni siquiera el petróleo. Ese recurso que tanto ansía explotar Trump, y al que la “tigresa” chavista debería dar acceso si quiere seguir al frente del país.

Daniel Rodríguez Caruncho

Daniel Rodríguez Caruncho

Ver más artículos

Periodista. Redactor de Internacional de Guyana Guardian.

Etiquetas