Las Claves
- China movilizó fuerzas militares cerca de Taiwán tras la venta de armamento estadounidense autorizada por el presidente Donald Trump.
- El Pentágono advierte que
Al finalizar el año, China movilizó cerca de la isla de Taiwán, territorio que reclama como propio, un destacado contingente aeronaval. A lo largo de tres jornadas, entre el 29 y el 31 de diciembre, numerosos cazas y navíos militares realizaron ejercicios destinados a practicar un cerco por mar y aire sobre la isla rebelde, con el fin de contrarrestar una posible proclamación de independencia o una injerencia externa.
Efectuadas escasas jornadas después de que el mandatario de Estados Unidos, Donald Trump, autorizara el mayor suministro de armamento a Taiwán de los últimos veinte años –por 11.100 millones de dólares (cerca de 9.500 millones de euros)–, su intención de presión resultaba clara. “La reunificación de nuestra patria es inevitable”, manifestó el líder chino, Xi Jinping, durante su alocución de Año Nuevo en Pekín con el fin de reforzar dicha idea.
Taiwán posee una independencia fáctica aunque carece de reconocimiento legal, siendo escasas las naciones que actualmente la consideran un Estado soberano. Sirviendo como asilo para los remanentes de las tropas nacionalistas de Chang Kai Chek después del conflicto civil de 1945-1949, donde triunfó el Partido Comunista Chino, el territorio de Formosa ha permanecido ajeno al dominio de Pekín, fundamentalmente por el respaldo de EE.UU. No obstante, China jamás ha desistido de sus pretensiones de soberanía.
Un reporte del Pentágono señala que Pekín se alista para una eventual confrontación cerca de la isla en 2027
La frágil situación vigente que se ha conservado hasta la fecha podría desmoronarse en el instante en que Taipéi validara una proclamación oficial de soberanía. O en el momento en que Pekín, que hasta este punto ha preferido intentar atraer al territorio insular mediante una mezcla de incentivos y advertencias, resolviera que ha llegado el tiempo de intervenir.
Dentro de su reporte anual para el Congreso, con fecha del 23 de diciembre, el Pentágono advertía sobre el incremento significativo de la potencia bélica de China —tanto en armamento convencional como en su equipo atómico y en el ámbito de la inteligencia artificial (IA)— y pronosticaba que Pekín “espera poder librar y ganar una guerra contra Taiwán para finales de 2027”. “Para alcanzar estos objetivos –proseguía–, el Ejército Popular de Liberación (EPL) continúa perfeccionando múltiples opciones militares para forzar la unificación de Taiwán mediante la fuerza bruta. Estas opciones incluyen, entre las más peligrosas, una invasión anfibia, un ataque con gran potencia de fuego y, posiblemente, un bloqueo marítimo”. Dicha eventualidad, señalaba, lograría “desafiar y perturbar seriamente la presencia estadounidense en o alrededor de un conflicto en la región Asia-Pacífico”.
¿Sería capaz la renovada visión diplomática de Donald Trump, inclinado a fragmentar el planeta en zonas de predominio, de transformar el panorama presente? ¿Podría una incursión armada estadounidense en Venezuela convertirse en el factor que impulse al ala más intransigente del régimen chino que busca recobrar el territorio insular por la vía militar?
Aeronaves de combate en las instalaciones militares de Chingchuankang, en Taichung (parte oeste de Taiwán)
Durante su declaración ante la prensa para explicar la intervención que finalizó con la detención del líder venezolano, Nicolás Maduro, y su mujer –luego de los bombardeos en Caracas–, Trump subrayó con absoluta claridad que el hemisferio occidental es territorio de EE.UU. Dada su condición de fuerza predominante. Ningún otro estado foráneo, conforme a la conocida doctrina Monroe, debería tener la facultad de dominar en suelo americano, ya sea la histórica Europa –fuente de desvelo para el presidente James Monroe al crearla en 1823 y posiblemente un foco de tensión cuando se concrete el pacto UE-Mercosur–, o bien Rusia o China. Los hechos en Venezuela funcionan como un aviso para estos dos últimos países.
El razonamiento basado en las zonas de dominio tal vez sugiera a Moscú y a Pekín que, desde este momento, poseen plena autonomía en sus entornos cercanos, tanto respecto a Ucrania como a Taiwán. De cierta forma, el mandatario ruso, Vladímir Putin, parece haberlo interpretado de ese modo durante sus encuentros con el líder estadounidense, quien se muestra predispuesto a validar los argumentos de Rusia acerca del territorio que conformaba la Unión Soviética. No obstante, Asia representa un escenario distinto. Desde el mandato de Barack Obama, EE.UU. Ha establecido que su mayor prioridad es la rivalidad con China por el liderazgo en la zona de Asia-Pacífico, así como a nivel global.
La renovada Estrategia de Seguridad Nacional de Trump continúa brindando a esta región su máxima prioridad. Washington busca ejercer un control indiscutible sobre su hemisferio, así como evitar que cualquier actor cuestione su estatus de fuerza hegemónica global. “EE.UU no puede permitir que ninguna nación se convierta en tan dominante que amenace nuestros intereses”, señala el texto.
En el panorama internacional, Taiwán constituye un componente de trascendencia vital. Por una parte, al centralizar el mayor volumen de la manufactura global de semiconductores —elaborando el 90% de los de tecnología punta—, los cuales resultan indispensables para la innovación técnica y la IA. Por otra parte, ostenta un emplazamiento geoestratégico determinante en los recorridos de la navegación comercial por todo el mundo.
“Taiwán proporciona acceso directo a la Segunda Cadena de Islas y divide el noreste y el sureste asiático en dos frentes de operaciones distintos. Dado que un tercio del transporte marítimo mundial pasa anualmente por el Mar de China Meridional, esto tiene importantes implicaciones para la economía estadounidense”, sostiene el Departamento de Estado. Por ello, para EE.UU. Es fundamental conservar una fuerza militar de disuasión en la región. Asimismo, la actual doctrina Donroe reitera su oposición a “cualquier cambio unilateral del statu quo en el estrecho de Taiwán”, ya sea por iniciativa de Taipéi o de Pekín.
Suponer que la incursión estadounidense en Venezuela –o en Groenlandia– podría causar que EE.UU. Ignore una posible agresión de China hacia Taiwán resultaría una equivocación. No obstante, en el fondo de cada conflicto bélico suele existir un fallo de apreciación.

