Las Claves
- El Ártico se convierte en un territorio disputado donde las islas Svalbard custodian el vital Banco Mundial de Semillas bajo tierra.
- La península de Kola concentra el
Nos encontramos explorando el Ártico. Groenlandia aparece frecuentemente en la prensa y en los espacios de noticias. Documentos de gran relevancia, cartografía y esquemas acerca de los recursos que podrían esconderse bajo tierra. La representación desde arriba del círculo polar ártico gana cada vez más notoriedad. Gradualmente se comprende que esta zona del planeta, helada por centurias, se transforma en un lugar muy disputado. Desde una perspectiva política y financiera, surge un territorio inédito. La disputa por el dominio del Ártico podría representar el conflicto principal de los próximos veinticinco años. La publicación Penínsulas ha publicado siete textos sobre dicho rincón global durante el pasado ejercicio y en esta ocasión les sugerimos una travesía hacia las islas Svalbard, situadas donde se unen el océano Ártico y el mar de Barents, a mitad de camino entre la disputada Groenlandia y los litorales de Noruega y Rusia. En las islas Svalbard se encuentra la riqueza más protegida de todo el Ártico.
Representa una riqueza superior a los minerales estratégicos que supuestamente yacen bajo el suelo congelado de Groenlandia y diversos puntos del círculo polar ártico. Una fortuna sin igual. Dentro de la isla de Spitsbergen, la de mayor tamaño del conjunto, se localiza el mayor banco de semillas del mundo. Repartidas en tres salas bajo tierra que superan los mil metros cuadrados, resguardadas de desastres volcánicos, sismos y contaminación atómica, mantenidas a 18 grados bajo cero y amparadas por el permafrost si fallara la luz, se custodian por encima de un millón de semillas pertenecientes a más de seis mil variedades de plantas para consumo. En caso de que una variedad desaparezca en alguna nación, la galería subterránea de las Svalbard posee ejemplares de reserva. Si en el futuro la especie humana necesitara reiniciar su existencia, la bóveda del fin del mundo alberga los recursos botánicos esenciales para tal esfuerzo, bajo circunstancias inciertas. En la región del círculo polar ártico coexisten depósitos con proyectiles nucleares que podrían aniquilar la vida en gran parte del globo junto al depósito de semillas que facilitaría reconstruir ciertos focos de la sociedad humana. Dicha contraposición resulta estremecedora.
Banco Mundial de Semillas en Svalbard
Interior del Banco Mundial de Semillas en Svalbard
Los proyectiles atómicos se localizan mayoritariamente en la península de Kola, zona donde Rusia agrupa su principal presencia bélica en el Ártico muy cerca del límite con Noruega, nación integrante de la OTAN. En la propia península de Kola se ubican los centros de la Flota del Norte, que cuenta con aproximadamente 23 sumergibles rusos movidos por energía nuclear. ¿Tienen presente el filme La caza del Octubre Rojo? La nave soviética central de dicha cinta parte desde el muelle de Murmansk, situado en Kola. El depósito de simientes destinado a proteger a la especie humana ante una emergencia se sitúa a mitad de trayecto entre la península de Kola y el territorio de Groenlandia, sitio donde se encuentra la estación aeroespacial estadounidense de Pituffik, antiguamente Thule, encargada de vigilar el eventual disparo de proyectiles balísticos de largo alcance desde Rusia rumbo a Norteamérica. Pituffik, sustituyendo a Thule. Me resultó curioso ese giro en la nomenclatura. Las fuerzas armadas de Estados Unidos buscaron mostrar respeto hacia los habitantes inuit de Groenlandia y eligieron el término que estos emplean para ese lugar. (Pituffik: “lugar donde se atan los perros”). Thule constituyó el nombre empleado por el viajero Knut Rasmussen, basándose en los mapas de la época grecorromana. La Última Thule representaba el punto más al norte y alejado del mundo explorado. Thule integra el recuerdo afectivo de bastantes personas pertenecientes a la época del Plan de Estabilización: Sigrid, la novia del Capitán Trueno, era princesa de Thule.
Seamos realistas. Estados Unidos busca ir más allá. Una de las justificaciones que emplea la vigente Administración de Estados Unidos para demandar la integración de Groenlandia, “por las buenas o por las malas”, se basa en el aumento de la presencia bélica de Rusia en el Ártico y el valor de China, iniciadora en habilitar la primera ruta de navegación comercial siguiendo la costa septentrional rusa, una vía, operativa unos cinco meses por año, que consigue disminuir en 14 días la travesía de un buque mercante entre Shanghái y Róterdam.
Las islas Svalbard representan un enclave excepcional. Se trata de un espacio neutral en una región global donde los conflictos tienden a intensificarse. A partir de 1925, Noruega ejerce el control sobre este conjunto de islas, sujeto a dos requisitos: la ausencia de fuerzas armadas y la apertura económica para las naciones suscritas al tratado, incluyendo a Rusia. Constituye un área de libre comercio en el Ártico que, en realidad, posee dimensiones considerables. La extensión de las Svalbard es prácticamente equivalente a la de la república de Irlanda. Longyearbyen, el centro administrativo regional, que cuenta con cerca de 2.500 residentes, se define como la urbe situada más al norte de la Tierra. Es frecuente escuchar que la población de osos polares supera a la humana en estas tierras. Resulta un destino apartado, ciertamente, aunque Caracas se encuentra a mayor distancia de España. Probablemente este paraje recóndito gane protagonismo en las noticias durante el futuro cercano. Si la situación empeora en aquellas latitudes, las islas Svalbard podrían funcionar como el punto de ruptura ante las fricciones de este nuevo entorno en conflicto.
Mapa de las rutas árticas
Su condición de neutralidad se acordó en 1920, tras el fin de la Primera Guerra Mundial. Previamente, había representado una “tierra de nadie” bastante peleada por las naciones dedicadas a la pesca de ballenas. Se admitió el dominio de Noruega sobre el archipiélago, aunque la Unión Soviética consiguió el permiso para conservar habitantes en el territorio y desarrollar labores comerciales allí. En el transcurso de la Segunda Guerra Mundial, una reducida unidad de la Whermatch se asentó en la zona septentrional de la isla de Spisbergen con el fin de suministrar reportes climáticos del Ártico a las fuerzas aéreas y navales de la Alemania nazi. Tras el conflicto, once militares de dicho grupo permanecieron incomunicados en la base y, pasados algunos meses, se convirtieron en los combatientes germanos finales en capitular. Se restableció el régimen neutral bajo la tutela de Noruega. Los ciudadanos de la Unión Soviética operaron una explotación carbonífera y edificaron dos asentamientos, Barentsburg y Pyramide (actualmente deshabitado), donde aún pueden observarse monumentos de Lenin. El acuerdo de 1920 otorga a todas las naciones suscriptoras la facultad de emprender negocios en las islas, si bien únicamente Noruega y Rusia han hecho uso de tal disposición. Reino Unido, Francia, Alemania, España y Polonia poseen licencias pesqueras en el mar circundante. Alemania, Italia, Francia, Japón, China y Polonia cuentan con centros científicos en el archipiélago.
Se trata de territorios noruegos con presencia de Rusia. Durante décadas la convivencia no supuso grandes conflictos, pero el panorama se ha vuelto tenso últimamente, explica el periodista italiano Marzio G. Mian en Guerra blanca, texto imprescindible clave para entender las ambiciones en juego en el Ártico. Noruega y Rusia se enfrentan por la región de exclusividad económica de estos archipiélagos. En Penínsulas hemos tratado este punto. Bajo la regulación de 1982 de la ONU, las zonas de exclusividad económica permiten derechos de uso en una franja marina de doscientas millas náuticas (350 kilómetros). Noruega exige ese espacio como nación soberana de las islas y afirma que el suelo oceánico insular conecta con la plataforma continental noruega, reforzando su derecho exclusivo. Rusia demanda una gestión compartida, señalando que al firmarse el tratado de 1920 las normativas modernas del mar no se habían creado. Ambos estados se supervisan de cerca. La Iglesia ortodoxa rusa, integrada siempre en las acciones políticas del Kremlin, ha instalado una gran cruz ortodoxa en el sitio de Pyramiden y se refiere a las “santas islas rusas”.
En caso de que el pabellón de Estados Unidos se ice próximamente en Groenlandia, la reacción de Rusia podría implicar la toma militar de las islas Svalbard como contrapartida. Tal opción no puede descartarse, aunque lo cierto es que Vladímir Putin ha guardado un absoluto mutismo respecto al tema de Groenlandia durante el último año. Rusia vigila, analiza y permanece en silencio. “Es una vieja reivindicación de Estados Unidos”, fue la breve observación que Putin realizó hace un año durante el encuentro antártico que Rusia lleva a cabo cada año. Bajo condiciones distintas, el cuerpo diplomático de Rusia ya estaría denunciando con fuerza el imperialismo de Estados Unidos. ¿A qué se debe este silencio? Su discreción no implica que no estén diseñando estrategias de reacción. Guardan silencio debido a que el asunto del Ártico forma parte de los diálogos sobre la guerra de Ucrania. Dentro de los veinte puntos iniciales propuestos por Estados Unidos se incluía una mención explícita a la cooperación técnica con Rusia en la obtención de recursos naturales. Consistía en una propuesta de trabajo conjunto en el Ártico. Compañías de Estados Unidos tendrían interés en cooperar con firmas de Rusia para hallar, extraer y procesar tierras raras en depósitos del Ártico, siempre que dichos recursos se dirijan a la industria de Estados Unidos. Estados Unidos busca nivelar el poder en el Ártico y, simultáneamente, debilitar el vínculo vigente entre China y Rusia. La actual estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos se muestra precisa sobre este punto: “restablecer la estabilidad estratégica con Rusia”. Evaluar capacidades y alcanzar pactos.
Si la cuestión de Groenlandia fuera meramente de índole militar, su resolución sería simple. La OTAN podría optar por incrementar su presencia de tropas en dicho territorio. Actualmente, Dinamarca no presentaría ningún obstáculo. El secretario general de la OTAN, el neerlandés Mark Rutte, se manifestó ayer en dicha línea, sin intervenir a favor de Dinamarca. Rutte nunca se opondrá a Trump. Esto ya resulta evidente. “La seguridad del Ártico”, constituye una preferencia esencial. El secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, mantendrá una reunión esta semana con delegados de Dinamarca. Rubio ha estado subrayando la potencial adquisición de la isla por parte de Estados Unidos.
La región del Ártico representa un territorio político emergente donde cada elemento se encuentra vinculado. En el caso de que Estados Unidos domine Groenlandia, tendría mayor capacidad de influir en Canadá para lograr su incorporación a la Unión. Es posible que surja un interés por adquirir la próxima Islandia, tal como sucedió durante el siglo XIX. Durante el intento inicial de Estados Unidos por obtener Groenlandia, la oferta incluía a Islandia, que en aquel periodo formaba parte de Dinamarca. Dentro de Islandia aumenta el respaldo ciudadano para solicitar la entrada en la Unión Europea. Asimismo, el Reino Unido dirige su atención al septentrión y ha pactado convenios de defensa con Noruega con el fin de robustecer su despliegue marítimo en el Ártico. Por su parte, Noruega debe vigilar estrechamente el porvenir de la OTAN, dado que comparte límites territoriales con Rusia en el Ártico. La península de Kola se sitúa justo tras esa línea divisoria. El armamento atómico de Rusia se localiza a poca distancia. Las islas Svalbatd podrían actuar como el detonante de este clima tenso. Confiemos en que los granos almacenados en la bóveda del fin del mundo permanezcan protegidos.
