Dinamarca se pone en lo peor
El nuevo orden internacional
Copenhague intenta atajar los planes de Donald Trump de hacerse con Groenlandia
Trump dice que logrará la isla ártica “por las buenas o por las malas”
Francia se suma a la misión europea en el envío de tropas a Groenlandia

La estatua del escritor Hans Christian Andersen asoma ante el parque de atracciones Tivoli de Copenhague, donde flamea la bandera de Groenlandia

En el célebre parque de atracciones de Copenhague, el Tivoli, una fantasía de carruseles, norias y jardines que no abre en invierno salvo en los días navideños, ondea desde esta semana la bandera blanca y roja de Groenlandia.
“Queremos marcar la relación de larga duración con Groenlandia y con el pueblo groenlandés; es una expresión de consideración en un momento que muchos perciben como muy difícil”, declaró la directora, Susanne Mørch Koch, el día del izado en este parque histórico que recibe a cuatro millones de visitantes al año. El presidente de EE.UU., Donald Trump, quiere apoderarse de la isla ártica, territorio semiautónomo del reino de Dinamarca, y eso no es ninguna fantasía.
La reacción de los daneses a la nueva escalada de amenazas vertidas por Washington bascula entre el estupor, el pánico y la incredulidad. “El punto de inflexión en el debate público danés han sido los acontecimientos en Venezuela; se ha puesto de manifiesto que Estados Unidos está dispuesto a recurrir a medios militares para lograr sus objetivos”, señala el politólogo Mads Jedzini, analista del laboratorio de ideas danés Think Tank Europa.
“El asunto ha estado presente no solo en este periodo, sino también en el anterior mandato de Trump -prosigue Jedzini-. Pero la gravedad se ha acentuado, y hay cierto sentimiento de pánico en la política danesa y en la sociedad, con un nivel de intensidad muy alto. El Gobierno está realmente muy preocupado por la situación”.
Los sobresaltos en Copenhague y Nuuk, la capital groenlandesa, no cesan. Cada día, Trump o alguno de sus colaboradores airea nuevos planes de conquista de la isla, la mayor del mundo con una superficie de 2,16 millones de kilómetros cuadrados: desde la intervención militar hasta la compra del territorio o la firma de un Pacto de Libre Asociación (COFA) como los que tiene con Micronesia, Islas Marshall y Palaos.
Para conseguir Groenlandia
Washington ha aireado la opción militar, la compra o un estatus asociado; Copenhague y Nuuk se niegan
El viernes, en una reunión con empresarios petroleros en la Casa Blanca, Trump volvió a la carga. “No estoy hablando todavía de dinero por Groenlandia; puede que hable de eso. Pero ahora mismo vamos a hacer algo con Groenlandia, les guste o no, porque si no lo hacemos Rusia o China lo harán”, dijo. “Preferiría llegar a un acuerdo por las buenas; pero si no lo hacemos por las buenas, lo haremos por las malas”, afirmó, declarándose “fan de Dinamarca”.
Trump puso en entredicho que Copenhague tenga derechos sobre la isla. “Que un barco suyo desembarcara allí hace 500 años no significa que sean dueños de la tierra”, afirmó, ignorante de que ese primer contacto que dio origen a la colonización danesa se produjo hace 300 años. El navegante llegado en 1721 a aquellas costas heladas fue el misionero luterano Hans Egede, quien, en realidad, era noruego. Pese a los agravios que la colonización ha dejado en la población autóctona groenlandesa, los inuit, Egede tiene aún una estatua en Nuuk, en el puerto colonial, y otra en Copenhague, junto a la iglesia de Mármol.
Impelidos por las circunstancias, el Gobierno de la primera ministra danesa, la socialdemócrata Mette Frederiksen, y el del primer ministro groenlandés, el liberal Jens-Frederik Nielsen, se esfuerzan por presentar un frente unido.
Muchos en Copenhague se preguntan si Trump habla en serio –Frederiksen sostiene que sí– y hasta qué punto pretende hacerse con la isla sea como sea. Según una encuesta publicada ayer por la agencia de noticias Ritzau, el 38% de los daneses cree que Estados Unidos invadirá Groenlandia durante el mandato de Trump.
Según una encuesta
El 38% de los daneses cree que Estados Unidos tomará la isla ártica por la fuerza
“Sin duda los estadounidenses están demostrando que están dispuestos a ir muy lejos y que no les importan otros países –alerta Jon Rahbek-Clemmensen, investigador de seguridad del Ártico en la Academia de Defensa Danesa–. Ellos consideran todo el continente americano como su territorio interior, y esto es una mala noticia para Dinamarca y para Groenlandia, ya que Groenlandia se encuentra allí también”. En este contexto, el Gobierno de Dinamarca está agradecido por la declaración de apoyo firmada esta semana por los jefes de Estado o de Gobierno de seis países europeos, entre ellos España, indicaron a este diario fuentes diplomáticas danesas.
Ante la espiral de declaraciones inamistosas procedentes de Estados Unidos, el ministro de Exteriores danés, Lars Løkke Rasmussen, y su homóloga groenlandesa, Vivian Motzfeldt, solicitaron una reunión con el jefe de la diplomacia estadounidense, Marco Rubio. La reunión se celebrará la semana que viene en Washington, en fecha aún por concretar.

La primera ministra Frederiksen ha alertado de que una intervención militar estadounidense en Groenlandia sería letal para la OTAN. La amenaza de un aliado, Estados Unidos, a otro aliado, Groenlandia en cuanto que parte de Dinamarca, es una situación insólita en la Alianza Atlántica. Por otra parte, las autoridades groenlandesas y danesas han reiterado por activa y por pasiva que la isla no está en venta. Todo apunta a que Rasmussen y Motzfeldt utilizarán la reunión con Rubio para reiterar la apertura a cooperar más con Estados Unidos en materia de seguridad y de extracción de minerales, tal como permite el acuerdo bilateral de 1951.
Incongruencia
Trump aduce razones de seguridad para querer Groenlandia, pero Estados Unidos lleva años reduciendo su presencia militar en la isla ártica
La gran incongruencia es que Trump acusa a Copenhague de no poder garantizar la seguridad en Groenlandia –presuntamente infestada de barcos rusos y chinos–, cuando Washington lleva años cerrando bases en la isla y repatriando a miles de tropas. Ahora mismo solo mantiene la estratégica base espacial de Pituffik, en el noroeste de la isla, cuyas misiones son vigilar el espacio, alertar de posibles ataques con misiles y controlar los satélites de defensa estadounidenses.
Según datos del Departamento de Defensa, su contingente está formado por 650 personas, pero solo dos centenares son militares estadounidenses. El resto son civiles canadienses, daneses y groenlandeses que viven y trabajan en la base. “Es parte de esta historia que los propios Estados Unidos han degradado la defensa en Groenlandia”, recuerda Rahbek-Clemmensen.
La situación es fluida, una especie de juego del gato y el ratón en el que la virulenta escenografía verbal que se libra ante los focos desde el otro lado del Atlántico obliga a Dinamarca y a Europa a abrir los ojos. “El otro día estuve hablando por teléfono de esto con mi hermano, que vive en Estados Unidos –cuenta el politólogo Jedzini–. Él me decía que, siendo danés, viviendo allí y siendo parte de la sociedad estadounidense, le resulta muy difícil de entender. Antes la mayoría de daneses decía: ‘Sí, sí, Trump habla mucho, esto es serio, pero al final todo irá bien’. Ahora, viendo lo que ha sido capaz de hacer, ya todo parece posible”.
Desde Nuuk, capital de Groenlandia
“Ni estadounidenses ni daneses; queremos ser groenlandeses”
Los cinco partidos con representación en el Inatsisartut, el Parlamento de Groenlandia, emitieron el viernes un comunicado conjunto de rechazo al acoso de Donald Trump. “Reafirmamos una vez más nuestro deseo de que cese el desprecio de Estados Unidos hacia nuestro país”, afirmaron, y repitieron una frase devenida ya un símbolo en la isla ártica: “No queremos ser estadounidenses, no queremos ser daneses; queremos ser groenlandeses”. El Parlamento programará una sesión para dar respuesta a esta crisis, en fecha por anunciar; su página web indica el 3 de febrero como próximo día de sesiones. El apoyo a la independencia en Groenlandia es muy amplio –lo comparten el 84% de los apenas 57.000 habitantes de la isla, según las encuestas–, pero el hostigamiento de Washington lo ha aparcado por un tiempo. Si bien los cinco partidos afirman querer la independencia, difieren en cómo y cuándo lograrla. “Debemos decidir nosotros mismos el futuro de nuestro país, sin presiones para tomar decisiones rápidas, demoras ni interferencias de otros países”, declararon los líderes de los cinco partidos.

