Las Claves
- Reza Pahlavi se posiciona como líder opositor desde Estados Unidos impulsando masivas protestas contra la República Islámica en Teherán.
- Diversos sectores
El cambio ocurrió al atardecer del 8 de enero, mientras el clamor de “¡Muerte a Jamenei!” Se extendía por Teherán acompañado por la proclama de “¡Viva el sha!”. No se dirigían al sha depuesto en 1979 mediante una revuelta similar a la que acontece actualmente, sino a la figura de su descendiente Reza Pahlavi quien, desde Estados Unidos, se ha posicionado como líder de los opositores.
El sucesor de la corona, valiéndose de sus perfiles digitales y especialmente de la célebre cadena Irán Internacional (que opera desde Londres y es sintonizada por millones de iraníes mediante las antenas satelitales prohibidas que actualmente posee gran parte de los hogares), fue quien instó a la gente a salir para respaldarlo en esa fecha.
Llamamiento
Reza Pahlavi, heredero del monarca depuesto por la revolución de 1979, se ha afianzado como una figura clave de la disidencia desde EE.UU.
Había una enorme anticipación. El agotamiento de la mayor parte de los iraníes frente a la República Islámica parecía haber tocado techo, según mostraban las movilizaciones que arrancaron el 28 de diciembre, aunque todavía existían dos incógnitas principales: ¿se sumarían los estratos medios, los jóvenes y las mujeres que impulsaron el movimiento Mujer, Vida y Libertad?, que hasta entonces habían permanecido fuera de las calles; ¿acudiría la ciudadanía en masa a la petición del heredero de la monarquía depuesta?
Si bien el apellido de Pahlavi se escucha en los gritos desde el inicio de las manifestaciones, ganando cada vez más fama, resultaba inviable evaluar su respaldo hasta ese momento. Numerosas personas que desean la caída de la República Islámica no coinciden con su retorno, ni con sus planteamientos políticos, ni con su proyecto de nación. Sienten un profundo rechazo ante la idea de su vuelta, aunque ciertos sectores admiten que actualmente no existen otras alternativas disponibles.
Fotografía facilitada por la Gencia de Noticias de Activistas de los Derechos Humanos (Hrana) en relación con las protestas del pasado sábado en Irán.
La convocatoria resonó con mayor fuerza de lo que cualquiera hubiera previsto. Representó el impulso necesario para que comenzaran a actuar. “La gente necesitaba un líder, y lo encontraron. Lo mismo pasó en 1979, mucha gente no conocía al ayatolá Jomeini, pero se unieron pensando que les ayudaría a acabar con el sha y ya luego saldrían de él”, relata Ramín, un vendedor de 60 años que buscaba esclarecer la razón por la cual Pahlavi se ha vuelto un eje de integración para bastantes personas.
Desde viviendas y construcciones en diversos sectores de Teherán comenzaron a volcarse a la vía pública núcleos familiares completos, frecuentemente acompañados por menores y ancianos; incluso utilizando sillas de ruedas. Iniciaban su marcha por las veredas y, gradualmente, se constituían agrupaciones de mayor tamaño hacia distintos lugares clave, dependiendo de cada vecindario. A menudo avanzaban rodeados de numerosos vehículos que respaldaban sus consignas con el estruendo de sus bocinas. “¡Muerte al dictador!”, “¡Viva el sha!”, exclamaban.
Sin alternativas
“¡Viva el sha!” Simboliza el clamor que vibra, a pesar de que a numerosos individuos les provoque terror la eventual vuelta del trono Pahlavi.
En ocasiones escapaban de los gases lacrimógenos lanzados por la policía, aunque rápidamente se reagrupaban. Los muchachos de menor edad montaban barricadas utilizando depósitos de basura, incendiándolos para frenar, en la medida de lo factible, las embestidas de los milicianos y las diversas fuerzas de seguridad del régimen, que suelen desplazarse en extensas caravanas de motocicletas. Es una lección adquirida tras años de manifestaciones.
En aquel momento, resultaba evidente para todos que el acceso a la red se había interrumpido y que las comunicaciones telefónicas tradicionales tampoco estaban operativas. El aislamiento, tanto dentro del país como hacia el exterior, resultaba absoluto. Fuese debido a las advertencias de Donald Trump, quien aseguró que reaccionaría si la República Islámica abría fuego contra los manifestantes, o por alguna otra razón, la percepción general fue que los cuerpos de seguridad no emplearon la misma agresividad y contundencia de ocasiones previas, al menos no en Teherán ni durante aquel primer jueves. No obstante, sí hubo un uso de la fuerza: jornadas más tarde se difundió una grabación en la que se observaban decenas de cadáveres.
Los motociclistas iban y venían, mostrando constantemente su armamento con el fin de disolver las protestas. Fragmentaban las agrupaciones empleando gases lacrimógenos y efectuando disparos hacia el cielo, aunque en ciertas zonas el gentío resultaba tan inmenso que tanto las fuerzas de seguridad como los milicianos preferían escapar. En ese momento la urbe, de un extremo a otro y en todos sus puntos cardinales, se encontraba repleta de obstáculos y depósitos de basura en llamas. En cualquier vía se percibía la presencia de incendios. Numerosas personas se proveían de rocas para lanzarlas contra los milicianos a su paso.
Recordaba a una velada de San Juan, aunque se trataba del inicio de un enfrentamiento que se tornó más agresivo conforme avanzaba el tiempo, alcanzando su punto máximo el viernes. Resultaba obvio que el descontento de numerosos ciudadanos se había intensificado a lo largo del tiempo. En diversas zonas, los grupos se coordinaron para destrozar los dispositivos de vigilancia urbana que buscaban reconocerlos, incendiando carteles vinculados al gobierno y cualquier edificio conectado con los organismos de la República Islámica. En distintos lugares atacaron con fuego templos religiosos, entidades bancarias estatales, comisarías y oficinas donde actúan los basijis.
En cuestión de días
La urbe, de un extremo al otro y en todo sentido, se encontraba ya colmada de parapetos y depósitos incendiados; por cada vía se observaban fuegos y multitud de sujetos lanzaban rocas a los combatientes.
Los oficiales se referían específicamente a “terroristas”. Quienes se manifestaron en las vías públicas tenían otra opinión. “Es la rabia acumulada durante tantos años; han matado a tantos de nosotros, nos han robado el país, nos han robado el futuro”, comentaba Rana, una profesional de la ingeniería de 40 años que presenció el instante en que incendiaron un templo islámico en la zona occidental de Teherán.
“Aquí muchos no tienen miedo, están dispuestos a enfrentarse a ellos”, sostenía, puntualizando que buena parte de los que mostraban mayor enojo eran chicos originarios de los sectores más pobres, testigos presenciales de la falta de ética y el hostigamiento del Estado. “Fueron educados para ser milicianos y se rebelaron contra la ideología que les quisieron imponer. Ellos conocen el sistema por dentro, saben de su corrupción y dobles estándares. Los basijis son sus compañeros de clase”, relataba Mohammed, un facultativo de 40 años que se encontraba junto a Rana.
Es la indignación acumulada durante un periodo extenso, han acabado con la vida de numerosos individuos, han desvalijado al país, han arrebatado el futuro.
Con el alba, y pese a que el viernes es día festivo, cientos de trabajadores de limpieza procuraban remover los daños de la jornada previa. Sin embargo, era imposible encubrirlo, aun cuando el territorio se encontraba sin acceso a la red y las conexiones telefónicas internacionales estaban caídas. Los inmuebles calcinados se hallaban a la vista de todo el mundo. La comunicación directa superaba cualquier tipo de bloqueo y el servicio telefónico local fue restaurado. En las emisoras en persa que transmiten desde el exterior se difundían gran cantidad de grabaciones que ratificaban que las manifestaciones se habían dispersado ampliamente por toda la nación; numerosos individuos consiguieron despachar el material visual previo al bloqueo digital. O bien mediante el uso de satélites starlink, prohibidos en Irán (donde el castigo puede alcanzar los dos años de prisión).
En la televisión iraní se admitían las manifestaciones, pero se hacía mención de “terroristas armados”. Presentaban los automóviles y construcciones calcinadas. Igualmente proyectaban, una y otra vez, grabaciones de sujetos de civil armados y abriendo fuego. Momentos después, el líder supremo se presentó ante un conjunto de jóvenes revolucionarios para tratar de nuevo sobre “terroristas”, y avisaba que la sublevación funcionaba bajo las órdenes del “enemigo”.
Bloqueo informativo
Numerosas personas consiguieron remitir las imágenes previo a la restricción cibernética y la televisión iraní admitió las manifestaciones aunque hacía referencia a “terroristas armados”.
Resultó evidente para el público que se autorizaba una reacción más agresiva ante la manifestación programada para aquel viernes. Las autoridades policiales remitían comunicaciones escritas avisando a los progenitores sobre la existencia de “terroristas” y sugiriéndoles que impidieran la salida de sus hijos a la vía pública. Ninguna persona cuestionaba que los reclamos alcanzarían una escala superior, tal como ocurrió finalmente.
La reacción del Estado resultó el viernes sumamente agresiva, con numerosos grupos motorizados (antidisturbios, policía, milicias de diversa índole) posicionándose en puntos clave de todo Teherán. Otros patrullaban las vías intentando desanimar a los transeúntes, frecuentemente sin lograrlo. La ciudadanía no solo ocupó la vía pública, sino que bastantes se encontraban preparados para reaccionar. En diversos puntos de la capital, las muchedumbres se congregaban otra vez para marchar en masa, mientras otros prendían fuego nuevamente a depósitos de residuos. El escenario de confrontación retornaba.
En cierta zona de la parte oriental de la urbe, por citar un caso, diversas agrupaciones de ciudadanos se resguardaron en una avenida principal y construyeron bloqueos utilizando basureros y columnas. Iniciaron incendios y se mostraban listos para encarar a gran cantidad de agentes y milicias apostados en las proximidades para intervenir. La cantidad de sujetos con armas resultaba tan elevada que, en momentos distintos, la gente se habría marchado, no obstante permanecían allí, aguardando. En un punto distinto de la zona, basijis con ropa de calle abrían fuego siempre que una motocicleta se aproximaba. En ocasiones efectuaban disparos al cielo, mientras que en otras ocasiones dirigían sus armas hacia los peatones. Sin embargo, núcleos familiares completos transitaban por las veredas o miraban lo que ocurría desde los umbrales de sus viviendas.
Represión brutal
La reacción de las autoridades resultó sumamente violenta el viernes anterior: no obstante, a pesar de las detonaciones de los 'basijis' de paisano, familias completas transitaban por las aceras.
La situación se agravó conforme transcurrió el tiempo. Durante el sábado, los relatos directos mencionaban cadáveres abandonados en las vías de diversos sectores urbanos, describían a muchachos fallecidos por impactos de bala craneales, individuos heridos en distintas zonas corporales o agentes y combatientes sin vida. “Yo vi milicianos vestidos de civil que sacaron armas y empezaron a disparar para dar excusa a los otros para atacarnos de vuelta. Fue horrible”, relata una mujer de 24 años ubicada en la zona sur de Teherán que prefiere no profundizar en su testimonio. Cuatro de sus compañeros presentan lesiones y otro ha fallecido. “El cuerpo quedó allí”, afirmó.
Conforme avanzaba el tiempo, numerosas familias fueron contactadas para acudir, portando un código, a identificar a sus parientes. La explicación ofrecida por la emisora gubernamental indica que fueron ejecutados por “terroristas” que colaboran con los oponentes de Irán. Igualmente sostienen que este periodo corresponde a la fase dos de la Guerra de los Doce Días que Israel emprendió en junio del año pasado. “Se están aprovechando del descontento de la gente y hay muchos terroristas que trabajan para ellos”, afirma Ali, un transportista que exhibe un retrato del líder supremo sobre el volante de su automóvil.
Los destrozos ocasionados en la mezquieta Abu Dhar de Teherán
Por el momento resulta inviable determinar la cifra de arrestados, fallecidos y lesionados, aunque los analistas en Teherán consideran que podrían alcanzar los millares: ciertas fuentes mencionan dos mil, mientras que otras apuntan a cuatro mil.
De manera paradójica, al inicio de la semana laboral iraní, que arranca el sábado, la prensa de la zona mencionaba tranquilidad en la urbe y la apertura del mercado, algo que resultaba verídico solo en parte, ya que la mayor sección del bazar, la situada en la zona interna, permanece clausurada desde hace varias jornadas.
A su vez, Pahlavi, el sucesor de la corona, instaba de nuevo a manifestarse el sábado y el domingo, fijando esta vez la cita a las 18.00 h. Se produjeron concentraciones en diversos lugares, aunque resultaron mucho más limitadas a causa del temor: para ese entonces el operativo de vigilancia no tenía parangón. Los arrestos y las agresiones prosiguieron contra quienes se manifestaban pacíficamente, tal como se observó el domingo en el sector de Punak, donde los basijis golpeaban a mujeres que caminaban por la vía pública.
El lunes, los mandatarios promovieron una multitudinaria manifestación de respaldo en todo el país en la que se reunieron cientos de miles de individuos. “Todo lo que pasa está creado por Estados Unidos e Israel”, comentaba Maryam, quien se dirigía a la concentración. Afirma que jamás sintoniza las cadenas en farsi que transmiten desde el exterior, pues solo consume la televisión pública nacional.
El registro histórico narrará cómo terminaron las manifestaciones más significativas que han puesto a prueba a la República Islámica desde su fundación.



