Japón condena a cadena perpetua al asesino del exprimer ministro Shinzo Abe
En Nara
Tetsuya Yamagami acusaba al político de apoyar a la secta Moon, que llevó a la ruina a su familia

Retrato del exprimer ministro japonés, Shinzo Abe, el día de su polémico funeral de estado, el 27 de septiembre de 2022 en Nippon Budokan, Tokio

El asesino del exprimer ministro japonés Shinzo Abe ha sido condenado este miércoles a cadena perpetua por el Tribunal de Distrito de Nara. Tetsuya Yamagami, que hoy tiene 45 años, disparó al político conservador por la espalda el 8 de julio de 2022, durante un mitin. Una pistola casera fue el arma del crimen, al que Yamagami llevaba tres años dándole vueltas, como represalia por el dolor causado a su familia por la secta Moon.
Su defensa pedía veinte años de cárcel, pero el juez se ha inclinado por la pena solicitada por la fiscalía, que había descartado la pena capital. Yamagami, que se declaró culpable en octubre pasado, al final del proceso, escuchó la sentencia con la cabeza gacha.
La viuda del político conservador, Akie Abe, ha declarado que la sentencia marca “un punto de inflexión” y que espera que el autor “expíe su crimen”. La señora Abe asistió a una de las vistas del juicio, el año pasado, pero renunció a su derecho a formularle preguntas.
Shinzo Abe, que gobernó Japón en dos ocasiones -la última entre 2012 y 2020- ya no era primer ministro en el momento del atentado, que le sorprendió apoyando la campaña de un candidato a diputado de su Partido Liberal Democrático (PLD). Según se supo luego, Yamagami acudió al mitin del día anterior, en una localidad cercana, pero desistió al ver que era necesario inscribirse.
El condenado acusaba a la secta Moon de haber llevado a la ruina a su familia. Su padre se suicidó cuando tenía cuatro años y cuando tenía once su madre se afilió a la Iglesia de la Reunificación. Once años después se declaraba insolvente, después de haber hecho donaciones y comprado objetos “milagrosos” por un valor de cien millones de yenes (más de 700.000 euros). Yamagami tuvo que enrolarse en la Fuerza Marítima de Autodefensa. Pocos años después, también su hermano se suicidaba.

Tetsuya Yamagami culpaba a la familia de Shinzo Abe de haber actuado como protectores en Japón de la secta Moon. El grupo religioso fundado por el reverendo Moon, durante la Guerra de Corea, que se hizo famoso en todo el mundo por sus bodas simultáneas de cientos de adeptos.
El asesinato conmocionó al mundo, pero la reacción de los japoneses estuvo llena de matices, tras la divulgación del calvario familiar del autor. De hecho, el PLD estuvo contra las cuerdas después de que la mayoría de sus parlamentarios reconocieran “contactos” con la secta Moon. La sombra de la corrupción llevó a más de la mitad de los japoneses a mostrarse en contra de un funeral de estado para Shinzo Abe, según las encuestas.
De lo que no hay duda es de que, el abuelo de Abe, Nobusuke Kishi, cedió un terreno o un edificio de su familia para que la secta Moon iniciara su andadura en Japón. Antes de llegar a lo más alto de la política japonesa, Kishi pasó por la cárcel como presunto criminal de guerra, con el apodo del “monstruo de Manchuria”.
Posteriormente, su anticomunismo visceral le sacó de prisión y le allanó el camino a la jefatura de gobierno, con apoyo estadounidense. Su hijo, padre de Shinzo Abe, también haría carrera como ministro de Exteriores. Este siguió protegiendo a la Iglesia de la Unificación (nombre formal de la secta, luego reconvertida en Federación de Familias por la Paz y la Unificación del Mundo).

El exmandatario Fumio Kishida inició, a raíz del asesinato de Abe, una investigación sobre las actividades de la Iglesia de la Unificación. En marzo pasado, un tribunal ordenó la disolución en Japón de la 'secta Moon', cuya apelación deberá ser resulta en los próximos meses. Esta también se enfrenta desde el año pasado a una investigación judicial en Corea del Sur, por presuntos sobornos a la ex primera dama, Kim Keon Hee, por parte de la viuda del reverendo Moon.
Tras el fallecimiento de este, la Iglesia de la Unificación ha sufrido disputas internas y escisiones. Una de estas, encabezada en EE.UU. Por uno de los hijos del fundador, rinde culto explícito en sus “iglesias” a los fusiles de asalto AR-15.
La creación y trayectoria de la Iglesia de la Unificación es inseparable de la guerra fría. La secta promovió en 1968 la Federación Internacional Para la Victoria frente al Comunismo, que se coordinaba desde Tokio con la Liga Anticomunista Mundial, con sede en Taipéi y subsede en Seúl. También contaba con una rama americana, CAUSA, radicada en Nueva York, con delegaciones en Honduras, Uruguay y República Dominicana.
El asesinato a traición de Shinzo Abe sucedió en la pacífica Nara, localidad histórica famosa por por su huella budista y por los cervatillos sueltos por sus parques. De hecho, la violencia política es algo excepcional en todo Japón. Sin embargo, no siempre fue así. En 1960, cuando el abuelo de Abe se acababa de retirar de la jefatura de gobierno -tras firmar una contestada ampliación del Tratado de Seguridad con EE.UU.- el popular líder del Partido Socialista de Japón, Inejiro Asanuma, fue asesinado en directo en un estudio de televisión por un joven ultraderechista armado con una katana.
De la prefectura de Nara también salió la actual primera ministra, Sanae Takaichi. Como discípula de Abe -y ministra en sus gobiernos- solo puede acoger con satisfacción la condena. Ella, en cualquier caso, dista mucho de ser pacifista. Según ha anunciado, este viernes disolverá la Dieta para convocar nuevas elecciones. Su objetivo es avanzar en el camino marcado por Abe, de revisión de la Constitución, que impide la formación de un verdadero ejército y el recurso a las armas -excepto en defensa propia- así como su exportación. Blindar el aumento del gasto militar será su primera medida en caso de reforzar su mayoría, el próximo 8 de febrero.

De la misma empresa de Fukushima
Japón reactiva el primer reactor de la mayor central nuclear del mundo
Coincidencia o no, la reactivación de la que llegó a ser la mayor central nuclear del mundo, Kashiwazaki-Kariwa, este mismo miércoles, habría hecho feliz al malogrado Shinzo Abe. A su regreso al poder en 2012, 21 meses después de la catástrofe de Fukushima, Abe revirtió el parón nuclear. Defendió que la energía atómica debía seguir siendo una parte importante del cóctel energético nipón y empezó la reactivación gradual de los reactores nucleares más modernos y seguros. La de Kashiwazaki-Kariwa, a las siete de la tarde de hoy, tiene un mayor valor simbólico porque es el primero propiedad de Tepco -la misma empresa que gestionaba Fukushima Daiichi- que vuelve a estar en red.
Antes de ello, se ha levantado a su alrededor un muro anti tsunami de quince metros de altura. Asimismo, se da casi por descontado que solo los cinco más modernos, entre sus siete reactores, serán reactivados, de forma paulatina. De este modo, ya no volverá al podio mundial, aunque estará muy cerca, con una capacidad ligeramente superior a la de la central de Zaporiyia, la mayor de Europa.
La puesta en servicio ha tenido que superar otra barrera: La desconfianza de la población. Según las encuestas, en la prefectura afectada, el 60% de la población está en contra, pese a votar de forma muy mayoritaria a favor del PLD. La postura pro nuclear de este partido, en cualquier caso, se ha acentuado con Sanae Takaichi y tanto el gobernador como la Asamblea de la prefectura de Niigato dieron luz verde hace varias semanas a la reactivación nuclear. Esta tiene todavía mucho camino por delante. De los 54 reactores que operaban hace quince años en Japón, solo 14 han reanudado sus operaciones. Algunos nunca lo harán, pero seguirán siendo un motivo de preocupación durante siglos, en uno de los países con mayor actividad sísmica.