Un hombre con un cortador de pizzas se hace pasar por agente del FBI para liberar a Luigi Mangione
Crimen mediático
Mark Anderson se presentó en la prisión de Brooklyn, donde fue detenido, con una supuesta orden del juez para excarcelar al presunto autor de la muerte de un ejecutivo del sector de los seguros a finales del 2024, en Times Square

Luigi Mangione habla con uno de sus abogados durante una comparecencia ante el tribunal de Nueva York el pasado diciembre

Todo lo que envuelve a Luigi Magione parece que cuente con la mano de un guionista de cine, una tragicomedia de género negro. Un verdadero caso de película en el que hay un nuevo detenido, no por cómplice, sino porque, haciéndose pasar por un agente del FBI y llevando un cortador de pizza, se presentó en la prisión e intentó liberar al hombre encarcelado y a la espera de juicio en Nueva York por matar en Times Square a un ejecutivo de la industria de los seguros a finales del 2024.
Mark Anderson, de 36 años y vecino de Mankato (Minnesota), fue arrestado a primera la noche del miércoles en el Metropolitan Detention Center de Brooklyn, donde se presentó como agente de la agencia policial portando una supuesta orden en la que el juez decretaba la excarcelación de Mangione.
Los funcionarios le pidieron la documentación. Sacó su carnet de conducir y unos cuantos papeles de quejas que había presentado ante el Departamento de Justicia. Aseguró, sin embargo, que estaba “en posesión de un arma”, según el auto judicial. En la mochila llevaba un tenedor largo típico de barbacoas y “una hoja redonda de acero” que en verdad era uno de esos utensilios para cortar pizzas.
Fuentes policiales explicaron que Anderson se trasladó a Nueva York hace un tiempo por una oportunidad laboral que luego se quedó en nada. Así que se puso a trabajar en una pizzería.
Desde que Magione, de 27 años, fue detenido como presunto autor del asesinato a tiros de Brian Thompson, que era el director ejecutivo de UnitedHealtcare, numerosos simpatizantes le han dado apoyo, le escriben cartas de amor, le envían fotos y libros, se manifiestan cada vez que lo trasladan al juzgado, han creado una especie de leyenda popular y han contribuido con donaciones para costear su defensa legal. Ha recaudado más de un millón de dólares.
Esa adulación, como si fuera un Robin Hood, causa terror y rechazo en muchos estadounidenses que, al margen de las injusticias de las empresas aseguradoras, se quedaron horrorizados por la brutalidad del asesinato.
Mangione, que se ha declarado no culpable, afronta varios cargos por ese crimen tanto en la jurisdicción federal como en la corte estatal.
La fiscal general de Estados Unidos, Pam Bondi, anunció el pasado abril que el gobierno perseguirá la pena capital para el acusado “por un acto de violencia política” y por tratarse de un asesinato premeditado, a sangre fría, que perturbó” al país.
Además, los acusadores federales argumentaron el pasado agosto que Magione supone un peligro para la sociedad debido a que activamente está buscando influir en otros para que sigan sus mismos pasos.
“El acusado confía en normalizar el uso de la violencia para alcanzar objetivos ideológicos y políticos”, señalaron en la documentación los representantes del ministerio público. “Desde ese asesinato, ciertos sectores, que abiertamente se identifican como acólitos del imputado, han empezado a ver el incremento de la violencia como algo aceptable, incluso necesario, como reemplazo de un debate político”, añadieron.
Mangione compareció varios días a finales del pasado año porque su abogado cuestiona la validez de algunas pruebas, como el hecho de que los policías abrieron su mochila, en la que hallaron pruebas relevantes, sin tener una orden judicial.
Ahora también se produce una competencia entre las dos jurisdicciones. El juez federal fijó para el próximo 8 septiembre el inicio del juicio con la selección del jurado. Pero la fiscalía de Manhattan considera que la vista oral del estado debe celebrarse primero y trata de señalar el juicio para julio.